AGUSTÍ FERNÁNDEZ, ILAN MANOUACH, IVO SANS. WRY

¿Te gustan los retos? Aquí tienes uno.

WRY-PORTADA- LVÚMenos mal que todavía hay gente como la que está detrás del sello Clamshell Records, radicado en Albacete. Algunos nunca terminaremos de agradecer a estas personas la gran hazaña que supone editar –especialmente en estos tiempos de declive cultural y desdeño al soporte físico- unas músicas tan alucinantemente aventuradas. Apostar por un disco como este no es poca cosa. La alianza entre el saxofonista griego Ilan Manouach, el pianista mallorquín Agustí Fernández -a quien se le concedió el Premi Nacional de Cultura 2013 en Cataluña- y el percusionista barcelonés, asimismo autor de las esculturas de papel que ilustran la portada y arte del álbum, Ivo Sans (estos dos últimos también presentes en el debut del Free Art Ensemble), ha dejado tras de sí un deliberado caos tan insondable como magnético, un aluvión de impulsos, ideas ásperas y gesticulaciones primitivistas.

WRY (2013) se remonta al 2003 en Bélgica, cuando Sans y Manouach junto al guitarrista francés Clement Nourry deciden crear un ambicioso proyecto al que llaman We Love You, WLY en su acrónimo, con el fin de confrontarse al vacío absoluto y no tocar nunca algo establecido, evitando los patrones y comportamientos más comúnmente incorporados a la música, buscando la libertad más radical y llegando incluso a estados de trance en el proceso. Esta filosofía no ha cambiado en WRY, bautizado así debido a un juego de palabras y conceptos derivado de la sustitución de Nourry por Fernández y aprovechando que en inglés wry es un adjetivo que significa algo así como una broma que no sabes cómo tomarte, un tipo de humor seco, burlesco e irónico, sinónimo también de torcido e incluso pervertido, calificaciones todas que pudieran describir atinadamente la música que contiene este CD, aunque quizá sólo en parte ya que lo que nos ocupa es mucho más complejo.

Efectivamente, WRY es una provocación a lo instituido. Pero va más allá. A veces uno termina tirándose de los pelos y desesperado, preguntándose qué querrán comunicar los intérpretes involucrados, cómo funcionará la mente de estos músicos mientras ejecutan estos sonidos o viven su día a día, cómo ordenarán sus pensamientos y qué insólita y misteriosa necesidad les mueve a hacer lo que hacen.
WRY abre múltiples interrogantes y no ofrece soluciones, sensación de desamparo que ahuyentará a los escuchas más comodones, que son la mayoría. Porque sí, como prescriptor me jode aceptarlo pero sí, WRY no es para cualquiera, WRY requiere oídos atentos que aparten todo factor distractor, oyentes que no teman a un paseo a tientas por un desquiciante laberinto lleno de salidas falsas y figuras deformes que ponen a prueba nuestro sentido de la lógica, vivencia de la que muy probablemente se salga aturullado las primeras veces.

Ni siquiera los títulos de las nueve piezas que contiene el álbum dan pistas ni direcciones porque en ellos sólo se indican números que se refieren al registro de las pistas de cada toma de la sesión: “36-42”, tenso pasaje que nos genera ansiedad y paranoia que, imagino, podría haber cautivado a Kubrick (esta pieza no está muy lejos del Réquiem de Ligeti, parte de la banda sonora de 2001: A Space Odyssey); “92-98”, que pareciera el lamento agonizante y psicótico de un animal herido; “127-133”, enloquecedora obsesión; por mencionar algunas de mis favoritas…

Zumbidos; varios tipos y formas de percusión; timbres tan variados que por momentos parecieran sonidos inorgánicos; células temáticas inconexas; gruñidos y gestos guturales; crujidos y chirridos; mecanismos rotos; frases absurdas; inquietantes pasajes al piano; un saxo soprano nervioso; brotes rítmicos que se desbaratan tan pronto como surgen; histerismo y tensión; silencios y episodios hipnóticos; aristas; registros insospechados; de pronto un camino a seguir…
Resulta imposible definir del todo esta música, es un conjunto de impredecibles fuerzas en movimiento que se manifiestan no necesariamente en línea recta. Puede que más cerca de la contemporánea que al (free) jazz. Se entiende y absorbe como una experiencia sonora que tiene que ver más con los sentidos que con las emociones.

¿Te gustan los retos? Aquí tienes uno.


Artículo publicado originalmente en Fac magazine.


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