FICTION. The Big Other

A pesar de los altibajos, las ejecuciones están clavadas y el despliegue instrumental es apropiado y anfetaminazante.

Fiction-The-Big-Other-LVÚ¿Cómo es que, apelando a un ejercicio de estilo que se desarrolló hace treinta años, una banda de esta década pueda sonar tan fresca y estimulante? Quizá es porque las ideas y el espíritu que surgió durante los 80, aunque ya no estén en primer plano, todavía (y creo que por fortuna ya que hay que tomar lo mejor de cada momento) no se han extinguido del todo, habiendo una generación de jóvenes que siguen cultivando esta manera de entender el pop de un modo natural y diestro, no impostado, porque han crecido escuchando estas músicas a través de, pongamos por cercano ejemplo, sus parientes mayores.

Buena muestra de ello es Fiction, quinteto de Londres conformado por los hermanos Mike (voz, teclados) y Nick Barrett (guitarra), James Howard (voz, guitarra), David Miller (bajo) y Jacob Smedegaard (batería), quienes debutan con The Big Other (Co-Operative/Moshi Moshi Records/Music As Usual, 2013). Las cuentas hablan a su favor: de los once temas, tres son solventes hitazos, dos son de relevante escucha, cuatro mantienen el tipo (alguno rayando en lo normalito), y dos que podríamos considerar prescindibles. Como LP no logra consumarse del todo pero categóricamente un EP hubiese sido poca cosa.

Tres de las mejores cinco envites están justo al arranque: “Parting gesture” es una apropiada introducción de ambientes envolventes, guitarras, coros y demás superposición de elementos que va subiendo hasta enderezarnos la espina dorsal; magistralmente hilada le sigue “Careful” (uno de los cuatro poderosos singles que se desprenden del disco), un tema hermosamente mezclado y equilibrado. Al instante conectas con la propuesta en el que se percibe el aliento de gente como Talking Heads; “Museum” es otra que engancha a la primera. El videoclip, aunque intenta plasmar visualmente las enrevesadas imágenes abstractas (como la de la portada) que sugiere la letra, no le hace justicia a la canción, así que será mejor concentrarse en la escucha (difícil resistirse al estribillo).

Con semejante partida uno se encuentra tan alucinado que te preguntas por qué no se habla más de este disco en la prensa. Sin embargo en mayor o menor medida a partir de aquí van decayendo los ánimos si bien, para nuestra recompensa, en el camino nos encontramos con firmes salvavidas que rescatan el álbum en general. Una que ayuda mucho es “Be clear”, otra canción que cuenta con vídeo, este sí, hipnótico y psicodélico, más a la altura de las circunstancias. Es curioso que una banda con una lírica tan críptica, contenida y hasta surreal (con tal de no hablar de frente) como la de Fiction se manifieste aquí así, blandiendo una canción que defiende la claridad comunicativa entre dos individuos. Sigo reflexionando sobre ello. “The Apple”, pieza que cierra el álbum, también ofrece pasajes excitantes: el tema va cogiendo fuerza, crece, sorprende, agrada. Se trata de un homenaje a Alan Turing, uno de los precursores de la informática moderna quien presuntamente se suicidó al comer una manzana envenenada luego de que le procesaran por homosexual y que le sometieran a una castración química (eso en la Inglaterra de los años 50, para que luego alaben la supuesta superioridad de los anglosajones).

“Big things”, un medio tiempo con regustillo tropical bastante estimable, también es sencillo, ha aparecido en algún spot publicitario, seguro habrá quien la defienda igualmente como una de las mejores del set y me gusta pero creo que le hace falta un hervor para catalogarla junto a las otras. Más o menos sobre el mismo rango apreciable se encuentran “Vertigo in bed”, una que parece abordar ese misterioso momento de respingo entre la vigilia y el sueño, “Step ahead”, la cual desprende un fuerte olor a Roxy Music, y “See me walk”, considerablemente influida por The Smiths, son temas del todo disfrutables pero que, a comparación de los primeros mencionados, se quedan algo colgadillos.

Finalmente, las dos que menos brillan son la oscurona y enigmática “Mirror box”, que en sus partes instrumentales más logradas pareciera la sintonía de un programa de misterioso, y “To stick to”, bonita pero sin aguijón. Definitivamente, a los temas lentos les hace falta riqueza e intención para cautivar y mantener el interés ya que resultan planos.

Considero que The Big Other es un disco con altibajos en el que los altos pesan notablemente más que los bajos. Las ejecuciones están clavadas y el despliegue instrumental es apropiado y anfetaminazante. Merece la escucha.

¡Ojo pinchadiscos de la ciudad: aquí hay temazos para achispar con muy buen gusto la noche!


Artículo publicado originalmente en Fac magazine.


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