“Los diamantes de la corona” y “Muerte en Venecia” para este otoño en Madrid

Una comedia musical en el Teatro de la Zarzuela y una reflexión metafísica en el Teatro Real; Francisco Asenjo Barbieri y Benjamin Britten acaparan la escena lírica de la capital.
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Estaba previsto que Rafael Frühbeck de Burgos dirigiese las quince representaciones de Los diamantes de la corona de Francisco Asenjo Barbieri que desde este miércoles 26 y hasta el 14 de diciembre se estarán proyectando desde las tablas del Teatro de la Zarzuela. Pero la muerte es así, no respeta la agenda de nadie, ni de los maestros: el director, como sabemos, nos abandonó este 11 de junio. Todas las funciones estarán dedicadas a él.

En cambio estará Óliver Díaz, titular de la Orquesta Sinfónica Ciudad de Gijón y de la Barbieri Symphony Orchestra, a quien algo le suena el nombre del compositor madrileño, quizá el más grande zarzuelista que haya dado este país.

Este mismo teatro repuso Los diamantes hace cinco años y la vuelve a montar ahora, una obra en torno a la reina María de Portugal que, a punto de cumplir la mayoría de edad y conociendo las penurias de su pueblo, sustituye las joyas auténticas del reino por otras falsas. Un cuento, vamos. Dividida en tres actos, la zarzuela está inspirada en la opéra-comique de Eugène Scribe y Jules-Henri Vernoy de Saint-Georges, con un texto adaptado de Francisco Camprodón, estrenada originalmente en el Teatro del Circo de Madrid en 1854.

El primer reparto lo componen María José Moreno, Cristina Faus y Darío Schmunck; el segundo Sonia de Munck, Marina Pardo y Carlos Cosías; ambos están complementados por Ricardo Muñiz, Fernando Latorre, entre otros.

La dirección escénica corre a cargo de José Carlos Plaza, quien destaca la dinámica escénica que permite una obra de estas características y quien asegura que los espectadores se lo pasarán en grande ya que “con esta zarzuela volvemos a ser niños por un momento, queriendo que nos acunen con un cuento de esos que contaban alrededor del fuego o de los que nos leían nuestras abuelas antes de dormir”. Habrá que ir a ver si es verdad.

Por su parte el Teatro Real ofrecerá siete funciones del 4 al 23 de septiembre de Muerte en Venecia de Benjamin Britten, un montaje que será impulsado además por una ambiciosa programación cultural y artística extra en torno a la ópera o a Thomas Mann, actividades que estarán respaldadas por la Fundación Juan March (ciclo de tres conciertos, El universo musical de Thomas Mann y dos conferencias, Thomas Mann, su vida, su obra, su tiempo), Filmoteca Española (proyección de Morte a Venezia de Luchino Visconti) y Biblioteca Nacional de España (exposición Mariano Fortuny-Madrazo: otra muerte en Venecia). De las actividades paralelas que alojará el propio Teatro Real, destacan el concierto de cámara dedicado a tres compositores ingleses entre los que se incluye Britten (Cuarteto de cuerda n° 2 en do mayor, op. 36) el 14 de diciembre; el recital del tenor Ian Bostridge que interpretará Five Canticles y Nocturne Op. 60 el 18 de diciembre; el War Requiem dirigido por Pablo Heras-Casado, el 12 y 14 de marzo; y la adaptación libre de Muerte en Venecia que ofrecerá en cinco funciones el Ballet de Hamburgo del 18 al 21 de marzo.

El montaje operístico es una coproducción conjunta con el Liceu de Barcelona, donde se estrenó en 2008 con gran éxito al grado de que obtuvo el premio a la mejor puesta en escena de la temporada en los Premios Campoamor de Oviedo.

El responsable de ello nuevamente será el alemán Willy Decker, quien ha intervenido en más de un puñado de producciones de obras de Britten. Decker en rueda de prensa calificó a Muerte en Venecia como una “inmensa obra de arte” que “aúna todo lo que Britten había conseguido como autor”, y, al tratarse de la última ópera del compositor inglés (estrenada en 1973), Decker lanzó la interrogante: “¿en qué medida Britten sabía que le quedaba poco tiempo cuando estaba escribiendo esta obra?”. No es baladí que el director de escena se haga estos cuestionamientos porque Death in Venice no es una ópera convencional, es una ópera simbólica y metafísica, una reflexión en torno a la vida y la muerte y la belleza que sigue el recorrido introspectivo de Gustav von Aschenbach, alter ego de Mann pero también de Britten, un escritor alemán en el ocaso de su existencia cautivado por el joven Tadzio, personificación de la belleza inalcanzable, el erotismo, la eternidad y reflejo de la homosexualidad del propio Britten.

Decker, además, defendió que la ópera debe ser un género expresivo y anti-realista para alcanzar sus máximos fines, y subrayó que Muerte en Venecia, testamento tanto artístico como humano de Benjamin Britten, posee una cualidad muy próxima a la concepción cinematográfica, un aspecto que considera un reto a la hora de ejecutar la acción teatral ya que algunas escenas (17 en total) se encadenan de forma rápida y de logística complicada.

Decker resaltó también que en esta ópera abundan los recitativos y que, al contrario de lo que suele ser habitual en otras óperas, aquí se emplean no para agilizar la acción sino como pasajes de reflexión, y eso es porque, como así lo aclaró rotundamente Joan Matabosch, director artístico del Real, “la filosofía es el motor de la acción”.

Al frente de la orquesta estará Alejo Pérez, argentino conocido ya por el público del Real, el protagonista será el tenor John Daszak, acompañado del barítono Leigh Melrose (quien interpretará siete personajes distintos), el montaje será grabado para una edición en DVD y asimismo Radio Clásica la retransmitirá en diferido en fecha todavía por determinar.

En fin, Britten será un nombre que repetiremos mucho en Madrid durante algunos cuantos meses.


Foto Los diamantes de la corona: cortesía Teatro de la Zarzuela.

Foto Muerte en Venecia: Antoni Bofill.

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