Ray Heredia, lo bueno y lo malo

Precursor del llamado "nuevo flamenco", publicó un álbum con Ketama y uno a su nombre, "Quien no corre, vuela", influyente obra que se ha convertido en materia de culto.
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Historias de artistas que han muerto jóvenes hay varias. Algunos se precipitan hacia un pronto final, conscientes o no, debido a su vertiginosa existencia (drogas, alcohol, afán de trascendencia artística, etc.), otros deciden borrarse del mapa porque ya no soportan su sufrimiento o porque se sienten completamente ajenos y alejados de la realidad y el mundo que les rodea. Entre unos y otros se adivina el caso de Ray Heredia (de nombre real José Heredia Bermúdez; Madrid, 1963- ibídem, 1991), quien este 17 de julio cumple veintidós años de desaparecido. Fue un portentoso músico gitano, proveniente de una familia, los Heredia, de famoso abolengo artístico: bailaores/ras, guitarristas, cantaores/ras… a día de hoy todavía quedan varios exponentes del flamenco con este apellido.

Aunque en sus inicios (una etapa poco conocida de su vida porque escasean los registros) se desenvolvió dentro de un flamenco más tradicional, a Ray Heredia se le considera como uno de los precursores del llamado “nuevo flamenco”, una vertiente muy amplia, y aún a día de hoy no del todo definida, que surgió desde finales de los setenta, que se consolidó más o menos en los ochenta y que ha seguido desarrollándose después, la cual consiste en una mezcla entre éste y otros géneros. Por esto, el nuevo flamenco puede sonar muy dispar entre distintas referencias enmarcadas en la misma etiqueta.

Ray Heredia editó sólo dos discos. Uno con Ketama, un trío formado en principio por José Soto “Sorderita” y Juan José Carmona Amaya “El Camborio”. El disco, homónimo, fue grabado en 1983 pero se publicó hasta 1985. Desde este primer trabajo, los implicados ya practicaban una fusión entre su flamenco natural y ritmos y armonías africanas, latinas, pop, funkies, jazzísticas, entre otras, que se convertirían en el sello de todos los demás discos de este conjunto y del único álbum solista de Ray Heredia.

A la postre, Ketama se convirtió en una banda de mucha fama y éxito comercial en España pero tanto “Sorderita” como Heredia abandonaron el grupo luego de la primera publicación. Ambos emprendieron entonces sus respectivas carreras individuales pero la de Ray se quedó en debut y despedida.

ray-heredia-quien-no-corre-vuela-LVÚQuien no corre, vuela es un disco precioso pero con triste final. Sobresale “Lo bueno y lo malo“, una de esas composiciones que parecen atemporales y la que más podría describir el estado emocional y espiritual de Ray Heredia justo antes de morir: Me paso la vida pensando en lo bueno y lo malo, mi mente está triste, me siento algo extraño, mi cuerpo se agota, mi alma lo nota. […] Quisiera decir lo que siento en mi alma, que la vida pasa, hoy pasa… y yo…”.

Es una pieza poética, expansiva, metafísica, con una textura suave, sentimentalmente devastadora pero también de alguna manera resulta acogedora. No se puede escribir algo así y vivir mucho tiempo porque quien lo hace deja tanto de sí mismo en su arte que se desvanece más rápido por ello. Esos puntos finales son como si dejara en el aire esa última reflexión, mortal pero inevitable, de que ha aceptado su precoz destino. Se vale llorar.

Puede que esta y otras canciones del disco recuerden a, ups, Alejandro Sanz, y eso es porque éste, un lustro más joven que Ray Heredia, se influenció mucho por toda esta parte del nuevo flamenco, aunque, ciertamente, lo de Sanz está mucho más inclinado hacia el lado pop. Comparaciones un tanto bochornosas aparte, este álbum tiene otras piezas de singular belleza como “Yo solo“, donde se muestra aquejado por su soledad, o la romántica tardía “Su pelo”, arrojada, obsesiva y azotada.

De los diez temas que integran Quien no corre, vuela, la más conocida es, sin duda, “Alegría de vivir”, que se popularizó, en parte, gracias a la banda sonora de Sobreviviré, una película estrenada ochos años después del fallecimiento de Heredia. Se podría pensar que esta pieza es una oda a la vida pero más bien se trata de una manifestación más de la desesperación interna del autor. “El Tiza”, corta y rápida (quizá inacabada), “Súmamela bien“, la más digerible del set, pero sobre todo “Cobarde“, sirven para ilustrar, debido a las similitudes estilísticas, por qué Ray Heredia se ganó el mote de “El Prince Español”. Además, sumado a esto, también se les comparaba por ser músicos multiinstrumentistas.

Aunque la base del tema titular sea bailable, la ronca voz del autor no deja de transmitir cierto desasosiego, y eso es porque su alma ya estaba fracturada para entonces. Finalmente, la cualidad un tanto lóbrega de “Dos hermanos”, donde Ray no canta sino que expresa su reivindicativo mensaje personal a través de una voz femenina, se acentúa e incluso se transmuta en tristeza en la breve “El padre de la criatura”, último tema del álbum en el cual escuchamos la voz de Josele Heredia, progenitor de Ray, cantando un fandango de Manolo Caracol, no sé si a modo de epílogo póstumo o porque así fue pensando originalmente (no pude encontrar datos convincentes para aseverar una cosa u otra).

Ray Heredia ni siquiera vivió el tiempo suficiente para ver qué tipo de acogida recibía su obra (la cual sigue influyendo a muchos autores de diversos estilos). Su fuerte adicción a la heroína y el profundo desconsuelo que se percibe en su música fueron suficientes para acabar con él al mes y pico de que se lanzara al mercado Quien no corre, vuela. Tenía tan sólo 28 años. Voló.


Artículo publicado originalmente en Satélite Media.

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