REBECCA MARTIN. Twain

Uno de esos álbumes que entran mejor con un vino tinto o un whiskey, luces bajas, golpeteo de lluvia en la ventana y una manta en el regazo.

REBECCA-MARTIN-LVÚDesde siempre lo de Rebecca Martin ha sido una mezcla de jazz melódico, pop, folk y canción de autor. Algo queda pero muy poco de aquella muchachita que cantaba “Save me” con Once Blue, irradiando sol de atardecer y ligereza juvenil a mediados de los 90. Desde aquel éxito comercial hasta Twain (Sunnyside Records, distribuido en España por Karonte, 2013), su sexta publicación como solista, han pasado casi dos décadas en las que la nacida en Meine (norte de Estados Unidos) ha ido perfilando su estilo, el cual se basa en una cada vez más depurada filosofía “menos es más”.

El hombre que le acompaña en la portada de Twain (“Dos” en inglés arcaico) no es otro que Larry Grenadier, marido de Rebecca, además del contrabajista de su banda de acompañamiento, completada por las notables apariciones de Dan Rieser en la batería y Pete Rende en los teclados (quien además produce, graba y mezcla).

De las trece canciones aquí registradas sólo dos superan los cuatro minutos y a excepción de la muchas veces versionada “Sophisticated lady” (aquí en desnudo formato dúo a voz y contrabajo; original de Duke Ellington, Irving Mills y Mitchell Parish), todas son de su autoría.

Martin no sólo ha ido economizando medios a lo largo de su carrera, también su manera de interpretar y acercarse a la música, al menos en este trabajo, se ha vuelto más sentido, melancólico, intimista, introspectivo, poético, silencioso, triste y, en definitiva, menos luminoso.

Ha perdido frescura pero en cambio ha ganado madurez. A pesar de la brevedad de estas composiciones, el conjunto es sólido y todas las piezas comparten el mismo espacio común: no hay ninguna que se salga del tono tenue, terso, dulce-apaciguado y sepia azulado-grisáceo que el mismo arte del álbum ya sugiere. Ayuda que la instrumentación sea una muy básica y homogénea en todo el disco pero también que las temáticas y sentimientos de las canciones definan con honestidad lo que Rebecca Martin hoy es. No obstante, el estilo críptico, ensimismado y a veces ambiguo con el que ha escrito las letras puede significar que a Martin le cuesta expresar de manera directa y precisa lo que le inquieta, atrae, conmueve y motiva.

Unas más compresibles que otras, canciones con cualidades bucólicas como la glacial “In the early winter trees” y “A place in the country” (canta en la última estrofa de ésta: “Ignorant is the human heart, consumed by the thought, it doesn’t have enough”), manifiestan malestar por lo que le estamos haciendo al mundo y al medio ambiente (se sabe que Rebecca es una habitual activista que lucha por lo que es justo y necesario que se haga). En otras deja entrever hálitos de fragilidad, sufrimiento, dolor, dubitación, resignación, descreimiento, miedo, serenidad, abatimiento y algo de felicidad…

Hay temas como “To up and go” y “Beyond the hillside”, entre otras, que me recuerdan al Paul McCartney más contenido y sentimental (a final de cuentas la faceta más conocida del ex Beatle) debido a esas construcciones melódicas tan estilizadas y trabajadas que dan una sensación de perfecta armonía.

A destacar también “On a rooftop”, la más rítmica del set y fino trabajazo de Pete Rende en las teclas, quien, asimismo, embelesa al oyente en la parte instrumental de “Some other place, some other time” y en la cristalina “Don’t mean a thing at all”, donde Rebecca parece decirnos que no hay certezas sino que todo es relativo y que muchas veces la vida no pareciese tener sentido.

En “God is in the details” apunta al corazón, dispara y da en el centro. En “Beholden”, donde el contrabajo con arco marca un vaivén de oscura tensión, la autora describe frustraciones personales. Finalmente encuentra en los brazos del ser amado el refugio necesario para sobrellevarlas.

Detrás de estas sutiles y delicadas composiciones se adivina una mujer un poco cabizbaja pero sólo es de esa manera porque se trata de una persona muy sensible y consciente. Twain es una música ideal para la temporada otoño-invierno que está ya por llegar: es uno de esos álbumes que entran mejor con un vino tinto o un whiskey, luces bajas, golpeteo de lluvia en la ventana y una manta en el regazo.


Artículo publicado originalmente en Fac magazine.


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