Soy Juancarlista

No por el rey sino por Juan Carlos Monedero.
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Lo declaro: Soy Juancarlista, no por el rey, por supuesto, sino por Monedero, lo he sido desde que no era tan famoso y lo sigo siendo, de hecho me entusiasma mucho más Monedero que Podemos (un partido, al ser un ente con múltiples cabezas, siempre presenta un rango de lecturas más complejo y por tanto más contradictorio que lo que pueda detectarse sólo en un individuo). A mí no me convenció en ningún momento el reciente humo mediático arrojado por el régimen tratando de calumniarle. Lo malo es que los que se quedan sólo con el titular y los resabiados, que son la mayoría con derecho a voto, ya han hecho su juicio desde hace mucho y han decidido vivir en la comodidad del que se muestra conforme con su ignorancia y su verdad, como si existiera tal cosa.

Quiero decir que, como mexicano, tengo un enorme desconsuelo (me rehúso a utilizar la palabra envidia porque a mí no me da tristeza ni me incomoda el bien ajeno y menos tratándose de este caso) de que en México no tengamos ahora mismo como en España una figura como la de Juan Carlos Monedero, un intelectual crítico, apasionado del debate y del análisis, de amplia formación y criterio -esto lo puede ver claramente cualquiera con un poco de juicio objetivo a través de sus funciones como anfitrión del programa La Tuerka o en sus escritos, artículos y libros publicados-, que, de hecho y esto es lo importante, tiene la oportunidad de acceder a un cargo público-político de manera realista en un futuro cercano, algo que yo así deseo que ocurra con mucho interés y, voy a decirlo también así, con alegría (algo que a la derecha le fastidia muchísimo).

Personalmente me sentiría feliz, animado y hasta esperanzado (y esto último en mí ya es mucho decir) que Monedero pudiera ser el alcalde de Madrid. Y es que ya está bien, ya es hora de que los ciudadanos más conscientes, críticos, inconformistas e inquietos que vivimos en esta ciudad nos merezcamos un alcalde que, por lo menos y no es poco, tenga ganas de estudiar y enmendar con profundidad el estado y la forma en la que no sólo el gobierno administra y se administra, sino también sobre el propio sentido de este sistema tan defectuoso que llamamos capitalismo, el cual, dicho sea de paso, no resulta una opción viable con vista hacia el futuro (se acaban los recursos y la producción sigue su frenético ritmo).

Tengo ganas de que, para variar, pueda sentirme plenamente identificado (y hasta orgulloso si se muestra criterio y resultados durante su cargo) con el gobernador y su equipo. No nos haría daño experimentar algo así. Sin embargo, Monedero constantemente confiesa que su ambición no es un cargo político como tal, sino la creación de ideas (pasión que alimenta como el exigente profesor de Ciencias Políticas que es, si bien apreciado y querido por sus alumnos y colegas de profesión), y que por ello se plantea rechazar el puesto aun con la posibilidad de obtenerlo. Estaría en todo su derecho pero los ciudadanos, considero, perderíamos una buena oportunidad para intentar construir más camino hacia la articulación de un esquema social más justo.

Tristemente ahora mismo en México no hay un individuo (ni por supuesto partido), o al menos yo no lo conozco, que pueda acceder de manera realista a un cargo público con el rigor, consciencia intelectual y ética de Juan Carlos Monedero. Claro que hay intelectuales en México rondando la política, me vienen a la cabeza Sergio Aguayo, Lorenzo Meyer, Denise Dresser y por supuesto Paco Ignacio Taibo II, entre otros, pero ¿están en primera línea política?, no sé, diría que relativamente, y tengo la sensación de que aún menos desde que regresó el PRI; y es que la corrupción en México crea mecanismos muy fuertes para que este tipo de elementos se queden al margen, silenciados o directamente ignorados, sin olvidar el hecho de que su mensaje lo recibe apenas una minoría inquieta. ¡Qué rabia y qué desconsuelo más grande siento por todo esto! ¡Cómo me viene ahora mismo la música de “Mi pobre patria” de Franco Battiato para acompañar la aflicción!

Por otro lado, no termino de entender ni de aceptar la lógica detrás de que haya mucha gente en España, ciudadanos comunes y corrientes no pertenecientes a la clase alta, vamos a decirlo así: esclavos muy seguros de sí mismos, que se sientan amenazados y asustados ante la idea de que un intelectual de izquierdas pueda acceder a un cargo público. Y eso es debido, creo, a que son víctimas de la manipulación constante a la que nos vemos expuestos los ciudadanos de todo el mundo, cuando más bien se trata de una buena noticia. Nunca me parecerá negativo, sino lo contrario, que una persona con las capacidades de Monedero meta mano en las decisiones del Estado.

También me imagino que hay gente asustada que se siente más cómoda habitando bajo la basura más o menos conocida incluso, en ciertos casos, cuando no se está de acuerdo con ella, quizá por temer lo que desconoce y por desconfianza, o porque se siente habituada y quizá identificada con la mediocridad que reflejan usualmente los políticos y aquella que nos rodea a todas horas todos los días, o quizá porque les resulta más fácil vivir bajo el concepto de que todos los políticos son iguales y la presencia de alguien como Monedero les descoloca y les hace pensar que no todo es como nos acostumbran o queremos creer que es, teniendo que realizar un esfuerzo de reflexión cuando la mayoría de la gente es, por naturaleza, perezosa y también diría cobarde y desdeñosa ante lo que se sale de sus límites de comprensión o empatía. Hay personas en las que directamente habita un miedo terrible y hasta odio debido a una educación determinada y por ello rechazan todo lo que representa el cambio, horrorizados hasta de su sombra. Si dependiera de ellos aún el humano pensaría que en el fuego habita “un ser maligno”. Hay quienes prefieren que les gobierne un golfo mezquino a un intelectual incisivo porque en su ignorancia asocian la intelectualidad como un sinónimo de prepotencia, como si estuviera mal ser inteligente y cultivarte de forma constante (yo he visto muchas veces a lo largo de mi vida gente molesta porque otros destaquen haciendo que el listón suba para todos los demás), como si no tuviera nada que ver el desarrollo intelectual con el criterio aplicable a la hora de tomar las mejores decisiones en el día a día. Monedero sí pertenece a una casta, pero a la de los ilustrados.

Considero que no hay demasiadas razones para temer y sí para confiar. Cuando analizo a gente como Rajoy, Pedro Sánchez, Enrique Peña Nieto, noto no sólo poca autenticidad y una profunda ignorancia e incompetencia en su discurso y acciones, sino también y esto es más preocupante, distingo que sus aspectos son cadavéricos, de gente muerta. En cambio, al ver a Monedero en La Tuerka, debatiendo o recitando un poema, en algún acto público o mientras uno lee su obra, se percibe el alma de un ser humano que ama la vida con la suficiente intensidad como para que le duela (como a varios de nosotros también nos duele) el estado social de honda injusticia en el que estamos atrapados. Por supuesto, Monedero no es perfecto (¿quién o qué lo es?) y no es ningún Mesías, de eso no va este tema. Va de que Monedero es una persona que no se conforma con aceptar lo que hay y que traguemos con ello sin rechistar, alguien rozando la posibilidad de acceder a un cargo importante que se preocupa (esas arrugas) y ocupa (ese cansancio como de quien no para en todo el día que a veces se le nota últimamente en La Tuerka) por generar sinergias y proponer puntos de vista (siempre desde la izquierda, entre otras cosas porque desde la derecha no hay solución, sólo destrucción) que, aplicados, podrían mejorar la vida en este planeta. Gente con esta actitud es la que nos debe de representar, este es el espíritu que el fascismo quiso arrancar de este país y que no logró destruir.

¿Y si Monedero se llegase a pervertir? Pues se le echa, se vota a otros, como así ocurre en cada elección, ¿cuál es el problema?, ¿a qué viene tanto miedo?, ¿desde cuándo el miedo ha sido buen consejero?

Yo seré Juancarlista mientras Monedero no me demuestre lo contrario a lo que ha sido y hoy es: un intelectual de izquierdas comprometido, crítico, relativista y por lo visto poco o nada complaciente (aunque quizá sí comprensivo) hacia con la violencia, mediocridad y retroceso que propone la derecha pero tampoco con la que ha generado la izquierda; mi lectura es que es de esas personas que le exigen tanto a los demás como a sí mismo.

Creo que en tiempos tensos como los que vivimos hay que tomar partido y no ser parte de una masa indiferente. Yo estoy de su lado.


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Un comentario

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  • Víctor L. Briones
    21 febrero 2015 at 6:55 pm - Reply

    No estoy muy de acuerdo con la primera parte de este artículo porque considero que los personalismos son peligrosos. Ojalá que sea verdad esa preferencia que indicas de Monedero por crear ideas más que aspirar a un cargo o sillón.

    Eso sí, en el momento en que te centras en reflejar la postura “cómoda” de muchos ciudadanos que prefieren el miedo y la costumbre al cambio y de otros que, apocalípticos, se calzan su odio para atacar frontalmente al que ven como amenaza de su dominio que dura ya demasiados años del grifo patrio; el artículo se convierte en muy atinado.

    No soy Juancarlista pero si tengo ganas de que esta ilusión se amplíe y se haga evidente que necesitamos un cambio, un viraje hacia lo común y lo humano porque el chollo del consumismo se acaba, si es que alguna vez fue ese chollo para el atemorizado ciudadano medio.

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