THOM YORKE. Tomorrow’s Modern Boxes

Cajas modernas sin brillo.
thom-yorke-still-LVÚ

tomorrows-modern-boxes-Thom-Yorke-LVú¿La creatividad (prominente) de Thom Yorke ha llegado a un punto límite?, ¿o simplemente no se tomó en serio y el tiempo necesario para crear este álbum?

Por el bien de la música yo confío en que sea la segunda. De hecho el mismo Matt Mason, presidente de BitTorrent (plataforma en la que se publicó el disco), reconoce que Yorke no tenía en mente ninguna composición cuando le ofreció el espacio a través de su portal. De este modo, a Thom se le presentó la oportunidad perfecta después de su polémica (y contradictoria) salida de la aplicación Spotify.

Fue así como nació Tomorrow’s Modern Boxes (Autoeditado, 2014), como una válvula de escape al monopolio infundido por los servicios de streaming, al precio de 5.61 euros, menos de 100 pesos mexicanos, y también vía Bandcamp, plataforma nunca antes utilizada por el inglés: dos pájaros de un tiro.

No hay punto de comparación con su primer álbum como solista, The Eraser, simplemente porque el resultado es profundamente distinto. Por lo tanto no podemos hablar de una continuación, es una producción autónoma, íntima, “de habitación” y totalmente computacional, a diferencia de su predecesor del 2006, y pese a que Tomorrow’s Modern Boxes también contiene diversos recursos digitales es mucho más “guitarrero”.

Sin embargo, no me imagino ningún track de Tomorrow’s interpretado por Atoms For Peace, “súper banda” integrada por Flea (Red Hot Chili Peppers), Nigel Godrich (productor de Radiohead), Joey Waronker (baterista y productor estadounidense), Mauro Refosco (percusionista brasileño afín a Red Hot Chilli Peppers) y el propio Yorke, proyecto alternativo creado a raíz de The Eraser. Aunque todo es posible tratándose de quienes se tratan ya que Yorke y compañía son capaces de manipular y modificar en directo el sonido que registran en estudio de una forma única y original, la mayoría de veces para mejor.

Repitiendo la fórmula una vez más, la producción corre a cargo de Nigel Godrich y el arte visual por Stanley Downwood, ambos colaboradores de Radiohead desde 1994.

A pesar de tener instantes brillantes, no cumple las expectativas que se tienen de un artista de su talla y experiencia. El sonido en general es de modulaciones contadas, minimalista, y en dos tipos: ambientales y dance (techno).

Considero que falta emotividad y sensibilidad, y que abusa en demasía sobe el aspecto metódico y técnico. Eso que Yorke tanto denotaba de la sociedad en el Ok Computer (1997) le está sucediendo: se está convirtiendo en un robot (¡!).

La pista inicial, el sencillo con el que se anunció el lanzamiento completo, “A Brain In A Bottle”, tal vez sea la más pegadiza de todas. Sube y baja en los registros graves, mantiene una línea de percusión atinada y superpone voces de forma inesperada. Bailable, pero reflexiva.

“Interference” es una pieza ambiental, influenciada posiblemente por Aphex Twin, pero con vocales. “The Mother Lode” funge como gancho central, se trata del tema más completo del set en el que, por poco más de seis minutos, el autor británico demuestra que se mantiene vigente en la vanguardia de la era electrónica en la que vivimos, exhibiéndose como un proyecto que pareciese debutar este año, temazo fresco que cualquier joven productor daría lo que fuera por componer, en el que utiliza como base principal un patrón (loop) de acordes pianísticos, sello de la casa Yorke.

“There Is No Ice (For My Drink)” y los dos temas subsecuentes, “Pink Section” y “Nose Grows Some”, se entrelazan para conseguir una audición fundida total de 15 minutos. Es el trayecto final del álbum y el que presenta más altibajos, se vuelve un recorrido algo tedioso e insípido, techno austero, no consiguiendo solidez en absoluto y en ocasiones carente de puntos álgidos, ideas buenas que sólo quedaron en esbozos ya que no fueron explotadas del todo. Y sin embargo, cuando vuelven las voces en “Nose Grows Some”, lo único que se te viene a la mente es: ¡valió la pena!

Para ser un disco concebido durante un período corto y expuesto como experimento a través de “nuevas” plataformas a un precio módico, es un trabajo bastante digno, no obstante, en términos generales y contextualizando la trayectoría de Yorke, definitivamente se trata de un disco menor.


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