Daby Touré es un cantante, multiinstrumentista y autor nacido en Mauritania en 1975, criado en Senegal y ciudadano de París desde hace tiempo.
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Después de lanzar tres álbumes con el sello británico Real World (fundado por Peter Gabriel) —Diam (2004), Stereo spirit (2007) y Call my name con Skip McDonald (2009)— y uno con Universal Music —Lang(u)age (2012) —, Daby Touré publica Amonafi con el sello independiente Cumbancha este 2015.
Se trata de un álbum con trece temas que se mueven entre el soul, afropop, funk, folk, desert blues, reggae, ciertos elementos electrónicos… Lo hace cantando en lenguas de la parte oeste de África, fula, soninké y wólof. En este disco no lo hace pero también tiene canciones en francés e inglés.
En las composiciones reunidas en Amonafi, Touré describe algunas escenas del lugar donde vivió su niñez, la esclavitud a la que han sido sometidos esos pueblos africanos, la migración a la que se ven empujados, la dura vida de los sin techo de París (siendo la mayoría de ellos inmigrantes), el desempleo en las grandes ciudades, odas a la mujer y reivindicaciones raciales…
Pero a pesar de los varios tópicos agrios estas no son canciones de confrontación. Aquí no hay rencor ni odio. Ni siquiera tristeza. Touré lo expone con calidez, amenidad y dinamismo. Como buen africano transforma el dolor en luz y en un motivo para marcarse un baile.
En teoría Daby Touré quería relatar en este álbum esa parte del pasado y presente de los africanos que casi no se cuenta, de ahí que el disco se llame “Amonafi”, “Érase una vez” en lengua wólof. Un concepto ambicioso que en la ejecución queda resuelto de una forma más bien superficial ya que para el oyente no pasará de ser un conjunto de canciones muy bien grabadas y producidas (esos bajos), técnicamente pulidas, agradables de oír, y que poseen un estilizado sonido africano occidentalizado aunque también un tanto comercial. La voz de Touré es elástica, dulce y alcanza registros muy agudos.
Es, pues, un disco disfrutable pero por momentos resulta facilón, predecible y ensimismado (Touré interpreta casi todos los instrumentos y eso hace que falle la espontaneidad). Probablemente atraerá más a un público blanco con interés hacia lo africano que a una audiencia negra.
Las pistas que seguramente vayan a repetir más aquellos que se hagan con el disco serán el single “Oma”, donde escuchamos ecos de Stevie Wonder; el delicioso soul-funky deudor de Michael Jackson “Debho”, sin duda los momentos más estimulantes y lucidos de entre los 40 minutos que dura el álbum; también destacables son “Woyoyoye”, con elementos prestados de The Police; “Little Song”, donde el autor muestra su notable y peculiar sonido en la guitarra; «Kiba», por su vaivén arropador; «Emma», porque es pop bailable con mucho gusto.
Amonafi suena bien, es un disco relativamente recomendable, pero quizá no termina de excitar de forma prolongada ni de enganchar especialmente.
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