Josep Lluís Galiana y Carlos D. Perales: par de pájaros

El dúo rompe moldes y toma prestado de diversas fuentes como en un collage de géneros, ideas y abstracciones, si bien lo cierto es que su primer disco juntos se apoya sobre todo en el jazz experimental. Hablamos con ellos.
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portada-disco-ready-Josep-Lluís-Galiana-Carlos-D.-PeralesEl primer trabajo del dúo entre el saxofonista Josep Lluís Galiana y el pianista Carlos D. Perales, de título ready! (Clamshell Records, 2014), es uno de esos discos que exigen una escucha atenta, se diría participativa, y por supuesto desprejuiciada.

Sensaciones, figuras e imágenes sugerentes, terrenos frágiles, frenéticos, alucinados, sumidos en la melancolía, brutales pero también racionales, humanos y a ratos alienígenas, llegando incluso de pronto a parecer la voz de nuestra propia locura, lo que a más de alguno puede llegar a desquiciar (pienso en “Ethereal flights”, en la pista que da nombre al disco…), todo ello desde una postura radicalmente personal, es lo que ofrece el dúo en este disco, uno de esos tesoros para el melómano más inquieto de los que ha estado sacando a la luz Pablo Correa en Albacete, ya sea en Clamshell Records o ahora en Vector Sounds, quien dicho sea de paso, también ha organizado el inmediato a celebrarse Jazz & Cookin’ Valencia Vanguard Festival, un propuesta que vivirá apenas su primera edición pero que se trata, sin duda, de una apuesta interesantísima en la escena de la música y arte experimental de España y Europa. Esperemos que la respuesta de público sea propicia.

El dúo entre Galiana y Perales rompe moldes y toma prestado de diversas fuentes, como en un collage de géneros, ideas y abstracciones, durante las nueve pistas que suman un total de 52 minutos, si bien es cierto que la música del disco se apoya sobre todo en un terreno que podríamos enmarcar dentro del jazz experimental.

A veces los músicos parecieran dos seres que se van reconociendo con curiosidad pero amablemente y en otras ocasiones parecen irritados, a punto de enzarzarse en una pelea; en otros momentos muestran su lado más inmediatamente humano (pienso en la segunda parte de “Vagabonde blue”, banda sonora para un día triste y melancólico-azul, y en la anhelante “#BalladeModeOn”). En “Achicoria” parten de un punto oscuro y estrecho y desembocan en una dinámica que destaca por sus estupendos recursos rítmicos y su carácter jubiloso.

EN “LOL” parece que la pareja de instrumentos ríe de sus travesuras. El final de “Fritos” es como si te rebanaran la cabeza con un objeto punzocortante. “Sneaky steps” mantiene cierta incertidumbre, pasando por episodios de tensión y suspense, llegando a una conclusión sin conclusión.

Para ampliar nuestra visión sobre este disco y quienes lo han registrado, nos acercamos al dúo, Carlos D. Perales (CDP) y Josep Lluís Galiana (JLG), que respondieron a algunas de nuestras dudas y reflexiones.

¿Cómo se originó este proyecto y cómo definiríais la comunicación entre vosotros mientras planificaron y ejecutaron el trabajo?

CDP: Nos conocemos desde hace ya algunos años, nuestro vínculo fue la AMEE y el desaparecido Club Diario Levante que fue la sede del festival Punto de Encuentro. Nuestros caminos confluyeron de una manera muy natural, ya que partimos de reflexiones estéticas muy parecidas. Cuando dos personas se entienden bien fuera del escenario, suele ser igual encima de él. Nunca habíamos tocado juntos. Comenzamos con un cuarteto con electrónica (junto a nuestros buenos amigos Gregorio Jiménez y Pere Vicalet), que estrenó discurso en el Festival Ensems, y poco después decidimos embarcarnos en este proyecto.

JLG: Más allá del sonido y la escucha atenta, en la libre improvisación musical confluyen una serie de factores emocionales, sentimentales, psicológicos, acústicos, ambientales y sociales, así como un cúmulo de aspectos vitales que son fundamentales, decisivos y determinantes para que dos improvisadores se suban a un escenario y sean capaces de hacer música juntos y escucharse. No siempre se da esa complejidad.

Chefa Alonso, también intérprete de música experimental y free jazz, os escribió un acertado poema descriptivo que se puede leer en el interior de la caja del CD, ¿cuál es vuestra relación con ella?

JLG: Conozco a Chefa desde hace algunos años. Además de haber improvisado juntos, compartimos muchas otras pasiones, como la de investigar, reflexionar y escribir sobre la libre improvisación. Ambos hemos publicado libros, ensayos y numerosos artículos sobre esta forma de hacer y vivir la música.

Precisamente Chefa os describe en el primer verso como dos pájaros en el desierto y a veces es exactamente lo que parece. ¿Qué grado de relación existe entre esta música y una imitación consciente o inconsciente de la naturaleza?

CDP: Los versos de Chefa son muy personales, como cualquier escucha que haga un oyente concreto. En el mundo de la improvisación libre, más o menos abstracta y con intervención de referencias más o menos reconocibles, existe una escucha abierta, sin significado ni significante. No tratamos de imitar a nada ni a nadie, ni tan siquiera a nosotros mismos. Es una constante búsqueda y disfrute del objeto sonoro presente y su relación con un desconocido futuro inmediato. Unos pueden oír pájaros y otros camiones; pero los dos llevan razón.

JLG: Decía Oscar Wilde que el arte comienza donde acaba la naturaleza, pero cuando hablamos de música sólo lo podemos hacer de sonidos, vibraciones y escuchas. Dado su carácter abstracto y asemántico, la música actúa sobre el oyente a un nivel eminentemente asociativo. De ahí que cada escuchador realizará sus propias vinculaciones a otros sonidos, vibraciones, anteriores escuchas o a múltiples referencias extramusicales.

A veces parece que habláis a través de vuestros instrumentos mediante una lengua alienígena, ¿de qué planeta venís y qué estáis buscando aquí?

CDP: No está muy claro que seamos de este mundo (aunque nos parecemos demasiado a los simios…). En cuanto a hablar, cada uno se comunica como puede o sabe. Lo que ocurre es que explicar lo que pasa por nuestras cabezas es harto difícil. Lo mejor es oír nuestra música, es la mejor manera de explicarlo.

JLG: Precisamente, uno de los compromisos más firmes del improvisador libre es no hablar lenguas, al menos no una única lengua. La improvisación libre avanza sustentándose en lo que puede hacer y no tanto en lo que hace; mucho menos en lo que deja hecho.

¿Por qué razón vagabundeas de manera tan triste en “Vagabonde blue”?

CDP: Funcionamos por estados, por ideas que van cogiendo o perdiendo fuerza y se van articulando poco a poco. Este tema vino de la idea de las estrellas rezagadas azules; son estrellas que aparentan una edad menor que la del sistema estelar al que pertenecen, si se supone que se formaron junto con él. Igualito que nosotros.

JLG: La improvisación libre es una eterna deriva sonora. Como el rizoma, se mueve horizontalmente, sin trazar ningún mapa, ni establecer ninguna jerarquía. No hay principios ni finales, y de cualquier raíz, brote o tallo surge otro.

“Achicoria” suena, en el primer tramo, como un animal herido o directamente muriendo…

CDP: En realidad es una broma de José Luís; al terminar de grabar este tema sugirió que habíamos hecho una “achicoria”, en alusión al lenguaje de Chick Corea. No creo que sea para tanto, en realidad no creo que Chick hubiera conseguido algo tan fresco.

¿De qué os reís en “LOL”?

CDP: De nosotros mismos. Es la mejor manera de ser feliz.

JLG: De nosotros mismos, sin duda alguna. Improvisar es el gran juego.

A veces lleváis a vuestros instrumentos hasta el límite de sus capacidades (pienso en “Fritos”), ¿no creéis que si éstos pudieran hablar se quejarían un poco de vosotros?

CDP: Probablemente sí. Aunque también podría pasar que nos confesaran que sin nosotros no serían nada, sólo un bonito objeto de decoración.

JLG: Somos nosotros quienes nos quejamos, protestamos, reímos, lloramos, hablamos, discutimos, enamoramos… a través de nuestros instrumentos.

¿Qué reacciones causáis en vuestros directos?

CDP: No lo hemos preguntado, pero por sus caras diría que expectación, incredulidad, admiración, aburrimiento, alegría, tristeza, sorpresa, esperanza, sueño, hambre, alegría, incertidumbre, dolor de cabeza, ganas de que acabe, ganas de que no termine nunca, etc.

JLG: Pura emoción. Si algún día dejo de sentir al público, su actitud colaborativa, su participación, su complicidad, su pulsación… abandonaré la improvisación.

¿En qué otros proyectos participáis?

CDP: Ambos desarrollamos muchos proyectos artísticos en solitario o en colaboración con otros artistas. Así, podemos oxigenar nuestras cabezas y cuando nos volvemos a juntar, nos cogemos con más fuerza.

JLG: Actualmente, ando metido en diversos proyectos con otros improvisadores. Esta forma de hacer y entender la música, te fuerza a buscar nuevos interlocutores, nuevos artistas con los que entablar nuevas relaciones sonoras, que, seguramente, me llevarán a improvisar con nuevos improvisadores. Los improvisadores libres somos nómadas, como dice Chefa Alonso, en continua exploración y felices en esa eterna búsqueda de nuevos territorios sonoros y vitales.


Josep Lluís Galiana y Carlos D. Perales estarán este 7 de noviembre en el Jazz & Cookin’ Valencia Vanguard Festival.


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