RICHARD LINKLATER. Bernie

Linklater crea un híbrido entre el género documental y la comedia negra, añadiendo testimonios reales, mezclando de nuevo elementos no ficticios con simulados y creando con esta fórmula un producto único en su resultado final.
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Cartel_BERNIE“Una historia tan increíble que tiene que ser cierta” reza como subtítulo de Bernie (2011), película estrenada este año en España que cuenta los asombrosos hechos reales que tuvieron lugar en Carthage, un pueblo de Texas, donde Bernie Tiede (interpretado por Jack Black), popular trabajador de una funeraria, entabla una íntima relación de amistad con una anciana millonaria y odiada por todos (Shirley McLaine) para, finalmente, terminar involucrándose en la desaparición de la misma.

Richard Linklater es el director de, entre otras, la aclamada y reciente Boyhood (2014), así como de la trilogía compuesta por Antes del amanecer (1995), Antes del atardecer (2004) y Antes del anochecer (2013) y la cómica y más comercial Escuela de rock (2003), también protagonizada por Jack Black y terriblemente doblada al castellano. Si su trabajo cinematográfico se caracteriza por la experimentación, sobre todo enlazando el tiempo del relato cinematográfico con el tiempo real y del rodaje (presentando así, tanto en Boyhood como en la trilogía antes mencionada, una evolución física real ligada al paso del tiempo de los actores), en Bernie crea un híbrido entre el género documental y la comedia negra, añadiendo testimonios reales grabados expresamente para la película, mezclando de nuevo elementos no ficticios con simulados y creando con esta fórmula un producto quizás no excepcionalmente original en su contenido o temática, pero sin duda único en su resultado final.

Tales testimonios sustentan todo el peso narrativo y aportan cierto grado de realidad al film en contraste con la actuación del resto del elenco, pues los entrevistados son realmente vecinos y conocidos del BERNIE_HD_02verdadero Bernie Tiede, quien cumplía cadena perpetúa hasta que, a raíz de la película, su caso fue nuevamente evaluado en mayo del 2014 (además otros elementos que salieron a la luz le dieron un giro psicológico al caso, como el hecho de que Tiede sufrió abuso sexual de niño), pudiendo ser liberado condicionalmente hasta que se efectúe una nueva vista en que le asignen otro fallo. Actualmente vive en el apartamento del mismo Linklater, ya que fue una de las condiciones para ser liberado, y trabaja como asistente jurídico.

Durante la preparación del film, Black se reunió con Tiede para hablar sobre su actuación en la película. También Shirley McLaine tuvo una conversación con él por teléfono con objeto de perfilar su interpretación. Tanto Black como McLaine, a quien los años no erosionan, cumplen de manera más que notable con su actuación. En cambio sí puede rozar lo paródico el rol de Matthew McConaughey (quien interpreta al fiscal de distrito local empeñado en que caiga sobre Tiede todo el peso de la ley) e incluso histriónico en algún momento. Todo lo contrario, paradójicamente, en el caso de Black, al que sí se le conoce por sus papeles exagerados; de hecho en Bernie muestra una de sus participaciones más contenidas, quizás junto a su rol en Margot y la boda (Noah Baumbach, 2007).

La película está perfectamente estructurada y mantiene un ritmo ágil y preciso eludiendo además momentos de excesivo dramatismo o morbosidad, así como la especulación en torno al móvil del crimen y a la extravagante necesidad de Bernie de consolar y verse rodeado de ancianas viudas. El motivo de Linklater en este sentido es claro: no invadir el terreno íntimo de estos personajes reales tanto como presentar los hechos de la manera más objetiva y clara posible.

BERNIE_HD_11Entra también en juego y de manera sutil, casi como un espejismo, un debate político y social, sobre todo en lo que a la legislación sobre la posesión de armas se refiere. No deja de ser curioso que en una pequeña población rural eminentemente religiosa, donde casi todo el mundo se conoce, una señora termine metida en un congelador con más de una bala en la espalda, y que el artífice de tal esperpento sea uno de los más queridos coristas de la iglesia local. Son por ello frecuentes las alusiones al espíritu religioso de los personajes y a la importante presencia de la nación americana sobre todas las cosas. Linklater, si bien no se moja a la hora de señalar un culpable, se encarga de reforzar la carga irónica en Bernie, haciéndonos ver con disimulo cómo los personajes se mueven entre las fronteras de diferentes moralidades.

También podría decirse, en cuanto a contenido, que nos encontramos ante el lado opuesto, contemporáneo, del clásico de Sidney Lumet, Doce hombres sin piedad (1957), ya que en Bernie el jurado pretende proclamar inocente a un personaje no solo evidentemente culpable, sino también confeso, en lugar de, como ocurre en el film de Lumet, estigmatizarlo contra toda lógica e incluso a falta de pruebas concluyentes. La diferencia es palpable: Bernie es un lugareño de pura cepa y católico hasta la médula mientras que el acusado de Doce hombres sin piedad pertenece a un colectivo, etnia y religión marginal.

Alejándose de convencionalismos, y en lugar de moldear la historia en torno a la trilladísima fórmula de “basado en hechos reales” común en cualquier telefilm, Linklater hace de Bernie una película con alma propia, dejándonos al final con la grata sensación de haber asistido a una proyección de autor.


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Un comentario

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  • Víctor L. Briones
    22 septiembre 2015 at 10:49 am - Reply

    Sr. Celis, como siempre, sus críticas son esclarecedoras y, en este caso particular, motivadoras. ¡Qué me ha abierto el apetito vamos!

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