ESKIL VOGT. Blind

Eskil Vogt, consciente del posible agotamiento de la expresión cinematográfica, decide romper el lenguaje convencional, cuestionando así dónde están los límites en este drama sobre las relaciones de pareja, la soledad y la ceguera.

Cartel-Blind-eskil-vogt-artRecuerdo que dos películas nórdicas recientes, la sueca Fuerza mayor (Turist, Ruben Östlund, 2014) y la danesa Alguien a quien amar (En du elsker, Pernille Fischer Christensen, 2014), me hicieron pensar en la manera tan gratuita y superficial en que el hombre blanco se ahoga en un vaso de agua.

No obstante, la noruega Blind (2014), debut de Eskil Vogt, se asienta sobre pilares más sólidos y creíbles, permitiendo empatizar con los personajes, factor clave en una expresión narrativa como es el cine y que, personalmente, apenas pude sentir en las dos primeras películas citadas.

En Blind sí hay motivos verosímiles que sustenten un drama: Ingrid (Ellen Dorrit Petersen), la protagonista, se ha quedado ciega siendo ya adulta. Le cuesta recrear los espacios y las formas que incluso ya conocía. Se refugia en su piso, donde pasa mucho tiempo en soledad. Su marido, Morten (Henrik Rafaelsen), no consigue animarla para que se aventure a salir, desarrollando así una vida más completa.

Por otro lado tenemos a Einar (Marius Kolbenstvedt), tímido amigo de Morten, quien desde su soledad guarda irrefrenables deseos hacia el sexo femenino, los cuales canaliza a través de su hábito como consumidor de pornografía, recreándose a su vez al espiar a su vecina sueca Elin (Vera Vitali), mujer joven separada y madre de una niña en un país donde no tiene amigos. Son cuatro personajes que habitan sus respectivas soledades.

Eskil Vogt construye una narrativa peculiar que a veces despista pero que no disgusta, generando una sensación de extrañeza. Se mezclan situaciones y ambientes diferentes en una misma línea narrativa, coherente en la sucesión de la trama, incoherente en términos espacio-temporales. Esto es así porque Ingrid, la protagonista, recluida en su pensamiento e imaginación, recrea, ya sea tecleando en su ordenador o alimentando torbellinos mentales, una serie de hipotéticas situaciones que involucran a su pareja teniendo una amante (que resulta no ser otra que Elin, la vecina sueca a la que espía Einar), ya que Ingrid lo supone harto de convivir con una discapacitada que no se decide a trascender su aislamiento.

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Las imaginaciones y las comidas de tarro de Ingrid modifican y tergiversan el relato “oficial”, y por momentos el espectador no sabría diferenciar a qué lado pertenece la exposición de “hechos”. Y si Ingrid duda sobre sus propias sospechas y fantasías, el espectador también. Quizá se trate solamente de una proyección ficcional de sus propias dudas, inseguridades y miedos.

En ese sentido, Blind es una película inteligentemente cosida. Eskil Vogt, consciente del posible agotamiento de la expresión cinematográfica, decide romper el lenguaje convencional (con astucia, sin pasarse), cuestionando así dónde están los límites. De cara al futuro, podría tratarse de un cineasta a tener en cuenta.

Además de la evidente carga psicológica, el film también muestra algunos giros humorísticos y explora el deseo erótico reprimido que habita en los personajes.

Blind es una propuesta por encima de la media aunque tampoco llega a brillar particularmente. No obstante, es una opción interesante y atractiva en la cartelera. Creo que podrá complacer a algunos cinéfilos.


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