70 años de Cineclube do Porto

Entrevistamos a José António Cunha, presidente del Cineclube do Porto, que este mes de abril cumple 70 años de vida; lo celebran con un ciclo de temática “cine dentro del cine”.
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Este mes de abril, no se sabe muy bien si el día 13 ó el 15, el Cineclube do Porto (Portugal) cumple 70 años de vida. Su papel a lo largo de la historia del cine portugués ha sido relevante y sin duda se trata de una fecha muy importante para esta institución, que pone de manifiesto su capacidad para resistir, adaptarse y renovarse a través del devenir de los tiempos.

Para celebrar tan redondo número han programado un ciclo especial de películas con temática “cine dentro del cine”, con títulos como Historias de Lisboa (Wim Wenders, 1994) o Le mépris (Jean-Luc Godard, 1963).

Hablamos con José António Cunha, presidente desde hace cinco años del Cineclube.

¿Cuál es la filosofía del Cineclube do Porto y con qué criterios elaboráis vuestra programación?

El Cineclube do Porto es una asociación de espectadores, es decir, un grupo de personas que se reúne para promover una actividad de exhibición de películas y de discusión en torno a ellas, títulos que de alguna forma son significativos para nosotros y que al mismo tiempo consideramos son importantes para compartirlos con la comunidad. La filosofía central de toda esta idea de trabajar el cine, que no es sólo la exhibición cinematográfica, sino que también es una serie de actividades entorno a la exhibición -exposiciones, invitados, conferencias, etc.- es la de permitir que se pueda ver en salas una serie de películas que a menudo no se pueden ver o que nunca se han estrenado en Oporto.

En cuanto a los criterios de programación, la elección siempre tiene un punto de partida, que es saber lo que está disponible en los catálogos de las distribuidoras portuguesas y todo lo que no, que es la gran mayoría. Hay que considerar cuánto cuesta traerlas a Portugal para exhibirlas. El precio para alquilar una película a un distribuidor internacional es muy alto para lo que es la realidad portuguesa. Es una cuestión mundana pero un límite a priori cuando programamos. A partir de ahí, un tema en común une las películas que programamos cada mes, todos los meses proyectamos un mínimo de ocho películas, dos por semana. Una vez definido el tema, elegimos películas que lo tratan de formas diferentes para crear un discurso divergente, ya sea por una cuestión de contenido, forma narrativa, personajes, lenguaje cinematográfico, etc., de tal manera que un espectador pueda confrontarse con un discurso que no es uniforme pero que le plantea el tema desde varios puntos de vista. Esto lo venimos haciendo así desde el 2015 porque antes no funcionábamos exactamente de esta manera

¿Qué función social desempeña el Cineclube en la ciudad de Porto?, ¿cuál es su papel?

Actualmente, el Cineclube tiene un papel histórico importante. Es una institución que ha garantizado exhibiciones cinematográficas desde que se terminó la Segunda Guerra Mundial hasta ahora de una forma prácticamente continuada. Además, durante la dictadura portuguesa los criterios de programación del Cineclube tenían un fuerte carácter de resistencia política y servía también como una excusa para que las personas se pudieran reunir. Ese papel social hoy en día ha ganado un estatuto más histórico.

Algunos momentos que fueron aconteciendo en el Cineclube a lo largo de la historia se revelaron como contribuciones importantes para el propio progreso del cine portugués. Hay dos o tres acontecimientos que marcan y que han sido protagonizados de alguna forma o en parte por el Cineclube. Hoy el Cineclube ya no tiene la exclusividad que tuvo durante muchos años porque ya hay más grupos que realizan una labor parecida en la ciudad, así que ya no desempeña un papel solitario desde el punto de vista social. Cada uno encuentra su línea de trabajo. Para el Cineclube, más que tener la película disponible, apostamos por una forma de ver el cine.

¿Recuerdas cómo descubriste el cine?

Mi primera memoria es que en los 90 con mis hermanos alquilamos en un videoclub una película por el título que tenía, El turista accidental (Lawrence Kasdan, 1988). La vimos como cinco minutos y la odiamos. Así que nunca la he visto en mi vida, no sé de quién es aunque sé que es conocida. Nunca he superado eso. Los hermanos funcionábamos en una democracia, quizás musculada por los mayores y aunque uno hubiese querido ver la película, la democracia la vetaba. Es mi primera memoria de haber un tipo de película que no le gusta a la gente y que yo tengo curiosidad de ver. Pero nunca la he visto porque también tengo al mismo tiempo un poco de miedo de que sea una mala película. Algún día la veré…

¿Y en qué momento te diste cuenta que el cine era lo que más te gustaba?

Es un proceso. En la universidad estaba estudiando Administración de Empresas e intuitivamente me acerqué a la Licenciatura en Artes porque creí que por ahí podría seguir un camino más personal. Al principio creo que quería hacer fotografía y luego me di cuenta que no, que lo que quería hacer era dibujos animados, y me di cuenta que no, que lo que quería hacer era otra cosa cualquiera… Al final, por contagio y porque también necesitaba ganar dinero, a veces aparecían trabajos de amigos que estaban haciendo una película y que querían a alguien para ayudar con la cámara o en otra cosa, y eso me puso a trabajar en el cine. En algún momento te das cuenta que ya estás flechado por ello y no te diste cuenta cuándo comenzó. Ha sido un proceso largo y accidentado, como el turista accidental, curiosamente.

¿Cómo fue tu primer contacto con el Cineclube antes de que fueras parte de él y cómo te uniste?

Para que veas lo accidentado que es, la primera vez que fui al Cineclube fue para hacer un curso de construcción y manipulación de marionetas que lo impartía Francisco Mota, con quien después de muchos años trabajé. Como estaba estudiando cine y me interesaba por lecturas, el objeto libro y la literatura, me ofrecí de voluntario para ayudar en la biblioteca a organizar, lo hice dos veces en dos periodos diferentes y nunca logré que me aceptaran; así se quedó mi primer contacto. Pasaron los años y frecuentaba las sesiones del Cineclube. Iba porque ofrecían otra programación, era el único sitio donde se podía ver cine clásico.

En diciembre del 2009 un amigo me animó a que hablásemos con la presidenta del Cineclube para saber si necesitaba ayuda porque el Cineclube ya para entonces se encontraba sin actividad, estuvo como un año así. Entonces un día nos encontramos para tomar una copa y hablar de ello y a partir de ahí fue casi inmediato.

¿Qué momentos importantes recuerdas que hayan acontecido en el Cineclube do Porto en estos 70 años?

Hay algunos momentos importantes, aunque a veces tengo la dificultad de conseguir ubicarlos en una fecha concreta porque mucho del material aún no está organizado, a pesar de que llevamos algunos años trabajando en ello. Incluso aún no estoy completamente seguro si el propio aniversario fue el 13 ó el 15 de abril, ya he visto información fidedigna de las dos versiones…

Quizás uno de los acontecimientos más importantes de la historia del Cineclube fue la Semana do Novo Cinema Português, una reunión en 1967 a la que acudieron muchos directores muy jóvenes en esa época. Este es uno de esos hechos que en conjunto con varios otros hicieron surgir una nueva generación de directores que abordaron el lenguaje cinematográfico de una forma muy diferente. Son como la versión portuguesa de la Nouvelle Vague francesa ya que hay una influencia clara del cine francés de esa época casi diez años después. Esos directores son las grandes referencias del cine portugués, algunos ya han muerto, otros son muy mayores. A partir de este acontecimiento, una fundación muy conocida en Portugal, Calouste Gulbenkian, empezó a dar apoyos a algunos directores, si bien ya venían haciéndolo desde antes e incluso ya habían apoyado también al Cineclube. Esto tuvo repercusión asimismo en el Estado porque empezaron también a apoyar el cine nacional.

Una de las sesiones del Cineclube do Porto.

Una de las sesiones del Cineclube do Porto.

Por desgracia, al resto del mundo llegan muy pocos títulos provenientes de Portugal, ¿qué momento vive el cine portugués ahora mismo?

Vive un momento paradójico. El 95% del cine portugués –y estoy siendo simpático- está subvencionado por el estado. Algunas películas las hacen las televisiones y ahora con las nuevas tecnologías muchos cortometrajes son producidos en escuelas o por jóvenes que tienen una cámara DSLR y hacen una película, pero el gran número de films son producidas con subvención pública, prácticamente no existe financiamiento privado.

Una situación complicada si tenemos en cuenta que en el 2012 la subvención pública para el cine portugués fue 0,0 euros…

A pesar de todo sí que se nota una buena energía porque hay toda una nueva generación de directores que están apareciendo con películas bastante buenas que luego tienen repercusión positiva en festivales, incluso ganando premios. Por ejemplo, el cine de animación portugués es absolutamente ganador en los festivales internacionales. Vivimos cierta efervescencia.

En abril, mes en el que cumplís 70 años, habéis hecho una programación de películas de temática “cine dentro del cine”, idea que me parece acertadísima. ¿Qué películas habéis escogido y por qué?

Este mes hemos invertido bastante dinero porque son fechas importantes y también esperamos más tarde conseguir films un poco más económicos para poder compensar.

Al margen del tema del mes, proyectaremos Fausto (1926) de F.W. Murnau el 2 de abril porque fue el primer largometraje que el Cineclube exhibió, por lo que tiene sentido que volvamos a programarla ahora como gesto simbólico.

Ya entrando en el tema, el cine portugués ocupa un lugar importante dentro de la programación, es una de las cosas que nos distingue de muchos otros programadores en Portugal. Por ello este mes tenemos dos películas de dos directores portugueses que además invitaremos a las proyecciones. Una es un documental de Manuel Mozos sobre el gran presidente de la Cinemateca Portuguesa (equivalente a la Filmoteca Española), João Bénard da Costa, un hombre con mucho carisma que murió en el 2009. Eso será el 18 de abril. Un día antes proyectaremos Onde Jaz O Teu Sorriso? (2011) de Pedro Costa, acerca de la relación entre Danièle Huillet y Jean-Marie Straub, dos directores franceses en el momento en que se encuentran editando el film Sicília!

El resto son algunas películas clásicas que hace mucho no se ven en Porto, importantes para nosotros y que sabemos que hay gente que las quiere ver. Por ejemplo, yo no me acuerdo cuándo fue la última vez que se proyectó en Porto F for Fake (1973) de Orson Wells (programada para el 23 de abril).

Por otra parte, en abril se celebra también la conmemoración de la Revolución de los Claveles el día 25, por lo que vamos a proyectar Que farei eu com esta espada? (1975), una película de un enfant terrible del cine portugués, João César Monteiro, mostrando un discurso bastante crítico sobre estos hechos históricos.

Háblame de tus gustos personales. ¿Qué películas y directores te han marcado?

Una de ellas claramente es La Jetée (1962) de Chris Marker, una película absolutamente revolucionaria en mi vida. Fue como el descubrimiento de un objeto mágico, abrió puertas hacia mí mismo; tendría como 19 años cuando la vi, estaba en plena crisis, esa que después nunca termina. También Viagem ao Princípio do Mundo (1996) de Manoel de Oliveira. Por esa película estoy haciendo un doctorado. Es la historia de un hijo emigrante portugués en Francia que viaja a Portugal, a una zona interior absolutamente olvidada, a visitar a su tía, a quien no conocía. Una escena de esa película me ha marcado en la que el sobrino y la tía están intentando hablar pero el sobrino sólo sabe hablar francés y la vieja sólo portugués. Vemos a seis personas en torno a una mesa haciendo de intermediarios porque todos saben ambos idiomas excepto estos dos personajes que son incomunicantes, por lo que siempre vemos a alguien traduciendo para un lado y para otro. La tía se obstina, preguntando por qué su sobrino no habla su lengua. Y le explican que es porque el padre murió y la madre, que es francesa, lo crio. Entonces el sobrino se harta de la situación, se arremanga las mangas de la camisa y en francés le dice a su tía que la sangre que va en sus venas es la misma sangre que va en las suyas, y que por eso no importa que no hable su lengua. Sin entender nada de lo que ha dicho, por el gesto, la tía lo acepta como sobrino y la película cambia a partir de ese momento.

La dama de Shanghái (Orson Welles, 1947) es también una película que llega cuando yo estaba comenzando mi doctorado y ha sido un vehículo de discusión muy fuerte en torno al análisis fílmico. La nuit américaine (François Truffaut, 1973) es otra película que me marcó, intenté todo lo posible por tenerla en esta programación…

También me marcó O Fio do Horizonte (Fernando Lopes, 1993). Es una adaptación de un libro de Antonio Tabucchi. Trata sobre un patólogo investigando la muerte de una persona no identificada, que resulta ser él mismo. Tiene cierta proximidad con La Jetée, a pesar de ser muy diferentes, ya que la lógica es muy parecida en términos circulares, tirando de la cuestión del retorno del tiempo, que en La Jetée es más clara pero en O Fio do Horizonte también funciona.

También me han marcado Hiroshima mon amour (Alain Resnais, 1959), Il deserto rosso (Michelangelo Antonioni, 1964)…

Las ciudades se están quedando sin cines debido a varios factores, entre los que se encuentran el cambio de consumo de las sociedades en que vivimos, internet y por supuesto el salvaje capitalismo que somete, margina y finalmente hace desaparecer cualquier agente que no resulte rentable independientemente de su importancia o calidad. ¿Cómo imaginas un mundo sin cines (que no sin películas)?

Creo que esa dinámica se está volviendo hacia atrás. Yo ya no digo con tanta seguridad como decía hace cuatro años que el cine en sala es una experiencia que está desapareciendo. Sí que lo percibo pero al mismo tiempo lo dudo en la medida en que veo que en mi entorno, y no hablo exclusivamente de Porto, aparecen proyectos que exhiben películas en sala. A veces son proyectos insignificantes e inconsecuentes pero hay una intención que se multiplica. Una sala con 800 plazas difícilmente podrá mantenerse pero salas con 150 ó 200 plazas funcionarán. De hecho, estos días estuve en Ginebra en una sala que se llama Spoutnik, un modelo absolutamente contemporáneo que podría servir de ejemplo.

La posibilidad que se está abriendo es la posibilidad del cine en cuanto a experiencia otra vez, la experiencia social que puede ofrecer la sala que no existe en casa. Y mientras tengamos claro que lo que estamos haciendo es más importante que el sólo hecho de presentar una película, te sepas posicionar cerca del público y se generen debates, pienso que por ahí se estará haciendo camino. Y si todos en conjunto le damos lucidez a este respecto, esa consecuencia del desaparecimiento de las salas no será tan determinante.

También se añade el factor de que -y esto es una experiencia más portuguesa, no sé si pase en otras ciudades europeas- el centro de las ciudades está reconquistando su vitalidad.

¿Hay algún o algunos directores o actores estrella en el Cineclube do Porto, que siempre que los programéis se vendan más entradas?

Nosotros creíamos que sí pero luego cuando lo intentamos demasiadas veces siempre falla alguna película. Pero sí que hay algunos. Godard es uno. El 30 de abril vamos a proyectar Le Mépris (1963), casi seguro que será una sesión con buena asistencia. Abbas Kiarostami es otro, no todas sus películas pero sí que logra atraer.

También hay una influencia local, te puedo hablar de una persona muy especial, un joven, conocido y reconocido, director y gran productor, vive cerca de Porto y consigue congregar gente de dos o tres ciudades alrededor. Es Rodrigo Areias. Tú sabes que tendrás una buena sala si lo programas. En general los directores de la zona de Porto llevan a su gente y se nota mucho más que si programamos un director de Lisboa.

Otro factor que influencia la asistencia es que se hable de la programación en la prensa. Si tú exhibes una película que justo se ha estrenado con la participación de un nombre reconocido, los periódicos hablan sobre el Cineclube.

José António, ¿por qué el cine nos emociona tanto?

El cine en sala tiene una escala, las personas son mayores que nosotros. En la experiencia cinematográfica hay una influencia incluso física, a lo que se añade la música y los efectos sonoros. Todo el dispositivo cinematográfico te involucra en una experiencia, tú mismo estás preparado para tener una experiencia. Eso determina. Por otro lado, el realismo aproxima el cine a la vida, hay una carga de realidad. Es un espejo del autor, y como el autor es uno más, su reflejo es parecido al nuestro. También el cine tiene una síntesis que hace que sea accesible.

Finalmente, ¿cuáles son los retos del Cineclube do Porto y qué actividades estáis planeando para el futuro?

En el contexto portugués, el reto para un proyecto de esta naturaleza es sobrevivir. Estamos en una etapa buena en que podemos hacer este tipo de programación, hay movimiento en el entorno que nos da una expectativa de continuidad, porque hay gente interesada en esta comunidad. Tenemos que articularnos con entidades y encontrar financiamiento porque no tenemos garantía de futuro. Por otro lado tenemos que actualizarnos. Y percibir la dimensión en que podemos y tenemos que estar, que sí películas mostrar y cuáles no. Tenemos que estar en el circuito y mantener contacto con puntos neurálgicos internacionales. Tratar de comprender un territorio más amplio. En suma, controlar este universo.

Sobre las actividades, continuarán los ciclos normales. En verano queremos montar un ciclo sobre artistas y museos.

También haremos el ciclo de cine al aire libre con cortos.

En octubre y noviembre vamos a hacer un ciclo sobre el cine del futuro, a propósito de algo tan popular como Regreso al futuro (Robert Zemeckis, 1985) ya que Marty McFly (Michael J. Fox) llega al futuro un 21 de octubre de 2015. El tema de ese ciclo es sobre cómo el cine ha mirado al futuro que hoy es nuestro presente. A la par habrá conferencias y otras actividades que van a tomar el pulso a esta distancia, van a desmontar la ciencia ficción que es nuestra realidad y van a plantear cómo podemos hoy abordar esta ficción que se suponía sería el futuro y que aún no es.


Se puede seguir la actividad del Cineclube do Porto a través de su Facebook y su página web.


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