Ramón Gómez de la Serna, twitstar del siglo pasado

Sus greguerías hubiesen causado sensación en la red social de los 140 caracteres.
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Las redes sociales sirven, básicamente, para dos cosas: como medio de información/comunicación y como medio de expresión. En Twitter existen algunos usuarios a los que se les denomina twitstar por la gran cantidad de seguidores que les leen. Son las estrellas de la web, gente que a base de formular su opinión o agudizar su ingenio se vuelve famosa en esos parajes. Si lo efímero y lo pasajero son señas de identidad de las redes sociales, todavía lo son más en Twitter, donde hay que ceñirse a los 140 caracteres como máximo en cada entrega. Los que lo han probado no podrán negar que ciertamente sorprende la maestría que tienen algunos para capturar en tan poco espacio imágenes tan complejas y sugerentes. Eso sí, todo hay que decirlo, la mayoría de estos twitstars escriben demasiado y no todo lo que publican mantiene el nivel. Tiran a portería una y otra vez pero la mayoría son balones fuera, alguno da en el travesaño, otros sí son goles, y unos pocos son golazos, ¡pero qué golazos! Algo así decía Enrique Vila-Matas en una entrevista para La Voz de Galicia sobre Ramón Gómez de la Serna (Madrid, 1888 – Buenos Aires, 1963), inventor de la greguería, uno de los maestros de la brevedad escrita.

Pero, ¿qué es la greguería? Su definición no es simple. El mismo Gómez de la Serna trató de explicarla más por lo que no es que por lo que es. Decía que una buena greguería tenía que brotar espontáneamente, evitando la gravedad, la sentencia aforística, la máxima inamovible. Y sí, en la mayoría de sus greguerías no encontramos estas cualidades más bien solemnes pero definitivamente algunas contienen imágenes que podrían empatarse con aquello de lo que quiere huir porque hay unas que son tristes, profundas, e incluso crudas y crueles. Pero son las menos. En general sus greguerías dan risa por su ingenio, por la manera en que ha torcido las imágenes o por cómo se embonan en una oración corta dos elementos dispares y distantes, aunque el escritor madrileño tampoco busca la comicidad fácil y gratuita. Concluyó por dar una fórmula concreta: humorismo + metáfora = greguería. Y sí es así pero no del todo.

“La greguería tiene mucho de flash, de instantánea, de fotografía sin truco, de objetivo manejado sin doblez, antes bien con ingenuidad e inocencia, con espontaneidad y gran necesidad de asombro, con limpieza y una gran honradez a la hora de mirar, de elegir, como si todo ello estuviera a la vez motivado, guiado, por una inevitable pasión, por una irremediable necesidad existencial”, escribe muy acertadamente Santiago Prieto Delgado en el prólogo de la segunda edición de Greguerías. Selección 1910 – 1960 (Espasa-Calpe, 1980), y Gómez de la Serna, entre otras tantas puntualizaciones, añade: “[La greguería] no deja de tener algo de tropo, porque en el tropo está permitido que las palabras se pronuncien en sentido distinto del natural […] y lleva de cuarto o quinto apellido el de Sinécdoque, porque se permite nombrar la parte por el todo o el todo por la parte, y por sexto o séptimo apellido Metonimia, porque puede nombrar a una cosa con el nombre de otra”.

Asimismo, la greguería tiene mucho de giro poético, y algo de adivinanza, refrán, juego de palabras, microcuento, paradoja, sensación, filosofía, surrealismo, absurdo… Yo agregaría que la greguería se trata simple y llanamente de una ocurrencia o una travesura literaria, pero al final me quedo con esta definición, por precisa y a la vez general, también de Prieto Delgado: “La greguería es una manera de acercarse a la realidad”. En fin, para comprenderlo del todo habría que aproximarse a sus greguerías y a lo que el autor y sus estudiosos dicen sobre ellas.

Estoy seguro de que Ramón Gómez de la Serna hubiese militado en Twitter al igual que, entre otros, Efraín Huerta (con sus geniales poemínimos) y Augusto Monterroso (insinuando miles de historias con pocas palabras). Probable y curiosamente muchos twitstars escriben greguerías sin realmente ser conscientes de ello (aunque ojo, las greguerías no tienen por objetivo plasmar temáticas ni situaciones de moda, como sí ocurre muchas veces en Twitter).

Para acabar, me he tomado la libertad de elegir veinte greguerías de entre las más de diez mil (¡!) que Ramón escribió. Es una elección completamente subjetiva, son veinte greguerías que me gustan, me identifican, me emocionan o que suscribo completamente:

20. El bañista sale de la ola como el payaso de la alfombra que se desenrolla en la pista.

19. Los negros tienen voz de túnel.

18. El lápiz sólo escribe sombras de palabras.

17. Aquel de los invitados que deja la copa de licor llena es el que más no ha estafado.

16. Gran descote: perfume sin tapón.

15. No dejéis caer violentamente la tapa del piano porque suena a féretro.

14. Los tramoyistas son los marineros del teatro.

13. Fruncimos las cejas porque queremos pillar con pinzas algún gran pensamiento que se nos escapa.

12. A uno que lleva desatado el zapato: —¡Que va usted arrastrando la rúbrica!

11. Cuando el pájaro no vuela al sentirnos llegar, nos ofende, porque nos ha tomado por unos infelices.

10. Una pastilla nueva de jabón es como la mano de una nueva novia.

9. Ningún pizzicato más incitante que el de la liga sobre la carne, cuando la mujer, para refrescar el cerco que hace en su muslo, la pizca con supremo arte musical.

8. El de los platillos espera, con uno en alto, la orden de la batuta para despertar a los que se han dormido.

7. Aburrirse es besar a la muerte.

6. En el desengaño hasta las luces de las estrellas hieren el corazón.

5. Los ojos de los gatos están mirando por el ojo iluminado de la cerradura de la alcoba del misterio.

4. Las criadas se exceden en el esmero de encerar los pisos para ver si así se resbalan y se matan sus señores.

3. Trueno: caída de un baúl por las escaleras del cielo.

2. Intenté suicidarme, y casi me mato.

1. Escribir es que le dejen a uno llorar y reír a solas.


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