GERARDO CRUZ-GRUNERTH. El fuego camina conmigo

“El fuego camina conmigo” se divide en once cuentos, en los que pueden encontrarse ciertos procesos narrativos de la tradición chejoviana y otros ecos de la tradición kafkiana. Del fuego de lo cotidiano, las cenizas.
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Every single move’s uncertain,
don’t tell God your plans,
it’s all deranged…

“No control”, David Bowie

El-fuego-camina-conmigo-Gerardo-Cruz-Grunerth-nota-lvú-portadaConocida por ser una frase iniciática para recorrer los íntimos laberintos de Twin Peaks, “el fuego camina conmigo”, una aseveración ahora resignificada por el autor Gerardo Cruz-Grunerth, es sobre todo un violento acto de entrega. Ya hace años la experiencia de Plinio el Viejo enseñó que lo anterior es posible: adentrándose hacia la erupción del Vesubio, Plinio el Viejo desaparecía lentamente en esos fuegos profundos para adherirse a la naturaleza.

Así ocurre en El fuego camina conmigo (Nitro/Press, 2014), libro que guarda una colección de relatos con historias en donde los personajes buscan adherirse el envés de lo cotidiano, esa realidad trémula y mutante que se fundamenta en lo volátil y azaroso.

Es habitual que lo cotidiano y lo extraño convivan y se beban mutuamente para provocar alteraciones en una lógica que se cree habitual y normal. Sin embargo, la escritura de Cruz-Grunerth preserva un carácter específico en donde el espacio y los personajes logran edificarse a partir de la alteración y el trastorno, mostrando esas otras posibilidades para ser, estar y decidir a partir de ese caos, de esa interrelación de espacios y lógicas adyacentes que pertenecen al reino de lo hiperreal, de lo onírico y de otros mundos posibles.

“Confundo tus ojos con la noche; no sé si pertenezco a ese abismo o si simplemente te deleitas cuando los encajas, entierras y logras herir más mi mente”. En estas historias los colores se densifican y la presencia de claroscuros es ley natural para crear espacios ambiguos, que no son más que un ovillo hecho con hilos de sueños, desencuentros, apariciones y desapariciones, soledades y muertes. Es justo esa realidad que nace de no saber distinguir entre unos ojos y la noche, entre lo que se vive y se sueña, entre lo que se busca y se deja. Ya no alcanza la lógica habitual para resolver tales encrucijadas. El envés de lo cotidiano que se traza en El fuego camina conmigo enseña a dibujar el mapa de nuestros actos a partir de otras lógicas posibles que desbordan, sabotean y fragmentan todo a su paso.

Gerardo Cruz-Grunerth, el fuego que camina con él.

Gerardo Cruz-Grunerth, el fuego que camina con él.

“Soy sólo un sonido guardado que no alcanza a alterar nada. Ahora, lo he dicho, ella está muerta. Lo digo con un dolor que se articula en mí, que nací en el comienzo de esta madeja de tinta, nací sin manos, sin ojos, sólo una voz que con esta palabra aquí acabará”. La anterior cita es una de las riquezas particulares de este libro que se divide en once cuentos, en los que pueden encontrarse ciertos procesos narrativos de la tradición chejoviana ─aquel del hilo subterráneo que irrumpe al final de la historia─ y otros ecos de la tradición kafkiana.

Algunos relatos de El fuego camina conmigo participan de la intertextualidad y de la metaficción, como en el cuento “Bowie camina conmigo”, donde la personificación del músico, la presencia de una sortija de piedra en forma de ojo con un iris rojizo, los dobles distorsionados entre Laura Palmer y otros personajes, y el hecho de soñar y de desaparecer, no son más que la apertura a mundos posibles y a sus realidades ya saboteadas, trituradas de ficción. El cuento anterior, junto con “Una mañana”, “El muro de las lamentaciones”, “Rogelio y Luz”, “Adriana” y “El cyborg de los Balcanes”, son relatos que muestran con potencia lo comentado.

El fuego camina conmigo es una invitación a entregarse, al menos por un momento, a la delicia de lo que David Bowie canta en “No control”. Aceptemos esa invitación, celebremos el fuego que ilumina los sueños, el trastorno, lo incierto y las últimas cenizas que queden. Let’s rock


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2 Número de comentarios

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  • Víctor L. Briones
    27 octubre 2015 at 10:12 am - Reply

    Entregarse es peligroso, pero necesario para avanzar. Darse de verdad a una causa que esté imbricada con sinceridad con los deseos personales es algo que hoy se considera casi tabú en este mundo estandarizado. Por eso hay que celebrar las historias que transcurren en los volcanes y en los márgenes. Buena reseña.

  • Gaby R.
    29 octubre 2015 at 4:58 am - Reply

    Es complicado que la mayoría de las personas acepten está lógica y más que esto incluso podría tratarse de una realidad para algunos cuantos; no la aceptarían al no comprenderla porque es compleja de entender, o es demasiado anormal, tal vez no son sensibles ante este sentimiento. Suena tentadora la idea de leer a Gerardo Cruz, ya que nos abre las puertas, a lo que al parecer es, basto universo lleno de nuevas posibilidades, quizá también un mundo de comprensión. (Felicidades, de verdad me dieron ganas de leerlo, excelente reseña.)

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