El falso documental que despistó a los españoles

Jordi Évole y su equipo teorizaron sobre el 23-F y pusieron sobre la mesa la reflexión, el debate y la autocrítica que tanta falta hace al país y a la televisión.
tejero_congreso-23-f-LVÚ

operacion_palace-LVÚDesde 1981, la fecha del 23 de febrero (23-F) ha quedado marcada en la historia de la España reciente porque fue el día en que un grupo de militares al mando del teniente coronel Antonio Tejero, interrumpieron una sesión en el Congreso de los Diputados al grito de “¡Quieto todo el mundo!” y “¡Se sienten, coño!”. Se proponían, ni más ni menos, que dar un golpe de Estado, emulando al que se dio en 1936 y el cual derivaría en la Guerra Civil y consiguientemente en la dictadura de Francisco Franco hasta 1975. El objetivo de todos los implicados en el golpe de 1981 era volver al pasado, a la dictadura, en suma, que retornaran o se mantuvieran los añejos privilegios militares, religiosos y sociopolíticos que, en teoría, la llegada de la democracia estaba desmontando.

El golpe no funcionó entre otras cosas porque el país ya no era el mismo que había en 1936, por la pésima estrategia de los autores y por la intervención del rey Juan Carlos I quien, en vez de darle la razón a los “sublevados”, pidió que abortaran la intentona en pro de la democracia. Así acabó aquello, no se derramó ni una gota de sangre. Las imágenes se pueden encontrar con facilidad en la web porque las cámaras del Congreso registraron los momentos más emblemáticos del suceso.

Desde entonces se ha hablado y especulado mucho sobre el tema, y no son pocos quienes creen que el golpe fue un “acto teatral” que se efectuó para consagrar la figura del rey –quien había sido elegido a dedo por Franco como su sucesor de Jefe de Estado- en aquella primeriza monarquía parlamentaria (sistema de gobierno en la que el rey reina pero no gobierna) que no contaba con el apoyo y confianza de todos, particularmente de la izquierda. Así, montando aquel espectáculo, el rey quedaba como salvador de la democracia, hecho que le permitiría mantener su puesto hasta la actualidad, porque ahí sigue, cada vez más viejo y cada vez, si cabe, más inútil.

Aprovechando esta “leyenda urbana” que cree que el golpe de Estado fue ficticio, el periodista Jordi Évole (quien se está revelando como uno de periodistas más inteligentes y propositivos del panorama actual español) y su equipo, realizaron un falso documental llamado Operación Palace que fue emitido por televisión este pasado 23 de febrero del presente año, el cual no desveló su carácter ficticio hasta que finalizó el film. En él participaron figuras muy importantes del entorno político y periodístico (varios de ellos testigos presenciales de aquel 23-F), y el trato profesional y serio que se le dio al documental le confería autenticidad al producto por lo que varios espectadores creían que realmente se estaba desvelando la verdad tantos años oculta de lo que ocurrió tras aquel episodio tan impactante en la vida contemporánea del país. Operación Palace juega con la idea de que, para evitar un verdadero golpe y para realzar la figura del rey como máximo representante del Estado, se orquestó desde el gobierno todo el plan, desde engañar al teniente coronel Tejero para que diese el golpe sin saber que no era verdadero (ya que Tejero era y es un declarado franquista), hasta encargar el trabajo de filmar lo ocurrido al cineasta madrileño-asturiano José Luis Garci (a quien, por otro lado, recomiendo exhaustivamente), entre otros acertados y logrados detalles.

Operación Palace fue la emisión no deportiva más vista en la historia de la cadena que lo transmitió, laSexta. Varias personas, incluyendo periodistas, políticos y por supuesto civiles comunes y corrientes, se tragaron por completo la “patraña” de Évole y se precipitaron a escribir su opinión en las redes sociales. Luego debieron de haberse sentido imbéciles cuando al final se revelaba la verdad, ¿o la mentira?

La intención de los realizadores de este falso documental es el que tienen todos los autores de falsos documentales: hacer dudar, despistar, que no demos por hecho todo lo que nos dicen, que nos cuestionemos, que nos demos cuenta de lo fácil que resulta manipular la opinión pública, que cavilemos sobre la delgada línea que separa la verdad de la ficción.

Muchos se lo tomaron a mal, por supuesto, a nadie le gusta que le tomen el pelo, pero otros tantos, la mayoría a mi entender, lo aplaudieron porque Operación Palace puso sobre la mesa la reflexión, el debate y la autocrítica que tanta falta hace al país y a la televisión.

Aunque Operación Palace es un falso documental, yo me pregunto, ¿qué tan de falso hay en él si se basa en una “leyenda urbana” que no parece en absoluto descabellada y qué tan verdadero ha resultado el documental siendo falso?

Me gustaría muchísimo que trabajos así se realizaran en México, ¿se imaginan un falso documental sobre la muerte de Colosio, el chupacabras o el fraude electoral del 2006? Yo sí, y los creo realmente necesarios en un país tan adormecido como México.

Operación Palace:


Artículo publicado originalmente en Satélite Media.

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