Nochebuena con Germán Olvera

El barítono michoacano se encuentra realizando una estancia en el Centre de Perfeccionament Plácido Domingo.
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Madrid, vísperas de Navidad. Una ciclogénesis explosiva hacía de las suyas en la península ibérica, causando problemas sobre todo al norte del país, tirando árboles, descarrilando un tren, cortando la luz en algunos municipios. En Madrid no paraba de llover y el viento doblaba las varillas de los paraguas. Hasta ese día por la mañana no estaba seguro de si mi amigo Germán Olvera, entrañable y talentoso barítono michoacano que conocí cuando estudié en el Conservatorio de la Rosas, vendría de Valencia a pasar la Nochebuena conmigo y mi pareja, Estrella. Lo habíamos hablado por e-mail durante los días anteriores, y la situación se fue dando de tal manera que no fue hasta el mismo día 24 de diciembre por la mañana que Germán decidió probar suerte en la estación de autobuses. Contra mis pronósticos, encontró una plaza libre. Llegó a Madrid sobre las 9 de la noche. Cuando fui por él a la boca del metro que le había indicado, lo primero que le dije después de darnos un abrazo, ¡luego de casi seis años de habernos perdido la pista!, fue: “tú como siempre al límite, Germán”. Nos reímos, fueron las primeras de tantas risas.

En casa nos sentamos a la mesa del salón, con jamón serrano, queso semicurado, berenjenas de Almagro y otras viandas. Descorchamos la primera de varias botellas de vino. Inmediatamente nos vinieron tantos y tantos recuerdos de nuestra época en el conservatorio y de golpe recuperamos la complicidad. Germán se encontraba pletórico y eufórico. Hacía apenas pocos días (14, 16 y 19 de ese mismo mes) que había representado en Valencia con mucho éxito al personaje de Niceno en la ópera L’incoronazione di Dario de Antonio Vivaldi (estrenada originalmente en 1717), una de las obras menos conocidas del compositor italiano, con dirección musical a cargo de Federico Maria Sardelli, uno de los principales artífices en la recuperación de la obra de Vivaldi, y con la dirección escénica de Davide Livermore, quien, según me contó el propio Germán, profundizó en la psiquis de los personajes como quizá nadie había hecho nunca.

Esa no era la primera vez que Germán cantaba en España/Europa, ya había actuado en importantes montajes, como el de la La Traviata de Verdi dirigida por Zubin Mehta, o en ocasiones puntuales como el recital que ofreció como solista en la Biblioteca de Catalunya en Barcelona. También se encontraba feliz por los próximos proyectos que vendrían, entre los que se encontraban la representación de Manon Lescaut de Giacomo Puccini dirigida por el mismísimo Plácido Domingo. Y desafortunadamente tengo que emplear la conjugación encontraban porque para entonces no sabíamos lo que hoy ya es un triste hecho: las actuaciones se han cancelado debido a que el revestimiento cerámico de la cubierta del Palau de les Arts Reina Sofía de Valencia, donde se llevaría a cabo el evento, se ha venido desprendiendo a causa del negligente criterio con el que se construyó el edificio (otra chapuza más de Santiago Calatrava), pudiendo representar un peligro para trabajadores y espectadores. Terrible noticia que, como se imaginarán, ha sido una gran decepción para todos los involucrados.

Pero entonces, en Nochebuena, todavía no sabíamos lo que depararía el destino, y bebíamos vino alegremente y reíamos a carcajada limpia. De cuando en cuando, Germán se expresaba de manera muy natural en un solvente y del todo convincente italiano, ya que es el idioma dominante que se emplea en el Centre de Perfeccionament Plácido Domingo, del cual Germán actualmente forma parte, debido a que la mayoría de los integrantes del centro son italianos. Me resulta curioso cómo viviendo en Valencia, Germán se encuentra inmerso en una realidad completamente distinta.

De un momento a otro abrimos la botella de tequila que esa misma mañana Estrella y yo habíamos comprado en honor de la visita de Germán. Como a mí me encanta hacer de pinchadiscos, especialmente en mi piso donde soy el anfitrión, fui creando un hilo musical in crescendo y acorde a la ocasión, reproduciendo temas y melodías que ablandaban nuestros corazones y colmaban nuestro espíritu: canciones mexicanas (de Agustín Lara a Juan Gabriel, pasando por Rigo Tovar y Lucha Villa, entre muchos otros), flamenco, rock-pop de aquí y allá, piezas clásicas para canto y fragmentos de óperas de Mozart que yo sabía que Germán había interpretado una o varias veces a lo largo de su trayectoria. Cantamos, dimos palmas, bailamos, nos reímos. En un momento insté a Germán para que abriera de lleno el grifo de su voz y casi estoy seguro de que le pudieron escuchar a varias manzanas a la redonda. Me resulta gracioso hoy pensar que Estrella y yo teníamos planeado, en dado caso de que Germán no se presentara en Madrid, no hacer absolutamente nada especial en Nochebuena debido principalmente a que no somos religiosos y también porque se nos da muy bien ir a contracorriente. Pero terminó resultando que fuimos los más escandalosos del edificio, aprovechando que esa noche los vecinos consienten más que otros días el desmadre ajeno.

Germán se quedó en Madrid un par de días más en los que paseamos por la ciudad y charlamos por los bares recordando las fechorías que hicimos en el conservatorio. También me fue contando varias vivencias que le habían ocurrido todos estos años sin vernos. Definitivamente la vida de Germán es una montaña rusa, a veces arriba, a veces abajo, siempre al límite. Sin ir más lejos, su arribo a España no fue nada fácil, se vino a hacer una audición arriesgándolo todo, invirtiendo lo que había ganado en concursos y rechazando proyectos muy importantes en México tanto en el Palacio de Bellas Artes como en otras prestigiosas actuaciones amparadas por el INBA.

Agobiado por sus próximas obligaciones, se fue de Madrid como llegó: de manera repentina y precipitada. La cancelación del Manon Lescaut fue un duro golpe para él, quién lo duda, pero Germán está hecho de una masa especial, no es de los que se rinden fácilmente. Además aún queda la posibilidad próxima de representar la ópera L’italiana in Algeri de Gioachino Rossini en febrero y marzo también en el Palau de Valencia (igualmente en peligro de cancelarse pero con optimistas probabilidades de que sí se lleve a cabo), y para marzo y abril estará viajando a Brasil donde participará en el montaje de Carmen de Bizet.

Desde aquí le deseo buenaventura.


Foto: Estrella Checa.

Artículo publicado originalmente en Satélite Media.

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