OMAR ARRIAGA GARCÉS. La muerte de Sócrates

El autor mexicano muestra en este ensayo un interesante rango de perspectivas y diversas lecturas en torno a la naturaleza de los mitos, Sócrates y la civilización griega, el período romántico, la poesía, la modernidad, la literatura, el arte y la filosofía.
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La-muerte-de-sócrates-omar-arriaga-garcés-portadaMerecido ganador del Premio de Ensayo “María Zambrano” en el 2013, La muerte de Sócrates (editado por la Secretaría de Cultura de Michoacán), firmado por el escritor, poeta y periodista moreliano Omar Arriaga Garcés (1984), es un título de menos de 120 páginas que, en su concisión, muestra un interesante rango de perspectivas y diversas lecturas en torno a la naturaleza de los mitos (con el de Prometeo a la cabeza), Sócrates y la civilización griega, el período romántico, la poesía, la modernidad, la literatura, el arte y la filosofía, yendo de Platón a Nietzsche.

Siempre con éste último como gran referente (ya el título del libro es un guiño al autor de Así habló Zaratustra), al igual que el mitólogo Roberto Calasso, Arriaga Garcés se lanza a una búsqueda tan imposible como fascinante, reflexionando sobre las bases culturales sobre las que se asienta Occidente y en especial sobre la ausencia “de un mito que llene el inmenso hueco dejado por la muerte de Dios o la desarticulación entre las distintas esferas de la actividad humana”.

La erudición del autor no es poca y maneja con soltura la pluma. Aparecen citas de, entre otros, Salvador Elizondo, Mircea Eliade, Juan García Ponce, Goethe, Horacio, Jorge Juanes, Gérard de Nerval, Novalis, Edmundo O’ Gorman, María Zambrano y Stefan Zweig.

“…el irrenunciable destino humano lleva impresa la marca Prometeo: clásico y romántico, pagano y cristiano, matador del monstruo y engendrador de la peste, divino y demoníaco”, escribe en un momento Omar Arriaga Garcés, y también: “Pecar hacia la mitología es entonces errar sobre la naturaleza de la posesión y del delirio, fuentes del simulacro, materia del arte y de la literatura, cuyos emisarios, escuchando a los mitos griegos, son las ninfas”.

Mirando hacia el XIX, explica a través de Renato di Benedetto qué significa Sehnsucht: “real bandera del romanticismo, este término no encuentra su correspondiente en las otras lenguas europeas, especialmente en las latinas; lo cual es una nueva prueba del alma germánica de este movimiento espiritual. Sehnsucht es —como lo explica de manera ejemplar Mittner, quien sugiere traducir su sentido bien como «tormento» o como «nostalgia»— literalmente «mal de deseo»: deseo que se nutre de sí mismo, que se repliega sobre sí mismo y se satisface en la imposibilidad misma de satisfacción”.

Omar Arriaga Garcés, matando a Sócrates.

Omar Arriaga Garcés, matando a Sócrates.

Y deja que Paz describa aquello de común en los románticos: “su predilección por lo grotesco, lo horrible, lo extraño, lo sublime irregular, la estética de los contrastes, la alianza entre risa y llanto, prosa y poesía, incredulidad y fideísmo, los cambios súbitos, las cabriolas, todo, en fin, lo que convierte a cada poeta romántico en un Ícaro, un Satanás y un payaso, [y que] no es sino respuesta al absurdo: angustia e ironía”.

Pero luego Ricardo Olmos defenderá: “el mito no es una mera historia fantástica y bella —como creyeron los románticos—, sino algo muy directamente implicado con la vida misma”.

En su exploración, el director de la extinta publicación El Ornitorrinco Literario sugiere que Occidente se basa en una bufonada, que Sócrates no fue más que un payaso “que se hizo tomar en serio”, una especie de provocador; yo diría, medio en broma y medio en serio, que quizá fue algo así como un borracho de barra.

A lo largo de las páginas se percibe cierto pesimismo aquí y allá, de quien sabe que, por mucho que indague y especule, jamás tendrá respuesta a todas sus preguntas y que lo que al final encontraremos siempre será lo mismo para todos, vacío, abismo: “…quizá ninguna mitología termine nunca de narrarnos ese camino sinuoso de la naturaleza hacia la cultura”.

La muerte de Sócrates, primer libro de Omar Arriaga Garcés, es una recomendada lectura que da buena cuenta de las sobresalientes habilidades como ensayista de este autor mexicano. Que vengan más títulos, claro que sí.


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