CHESTER BROWN. Pagando por ello

El historietista canadiense aborda en su hasta ahora última novela gráfica un análisis en torno a su experiencia como consumidor de prostitución. Estamos ante lo que podría ser una fusión perfecta de novela, cómic y documental.
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Chester Brown Pagando por ello portadaDespués de que un desengaño de tipo amoroso y de que la responsable, su ex, hospede bajo su mismo techo al amante por el que lo ha abandonado, Chester Brown decide que no quiere volver a tener nada parecido a una relación de corte romántico. Pese a su fuerte determinación y su personalidad reservada y retraída, al cabo del tiempo experimenta en su cuerpo un poderoso y natural deseo sexual que lo empujará a contratar el servicio de prostitutas.

Así comienza Pagando por ello (2011, Ediciones La Cúpula), la última novela gráfica (no ficticia) de Brown en la que casi a modo de documental se sumerge en el ámbito de la prostitución canadiense para retratarlo, para desmontar la realidad que tenía construida acerca de las relaciones sentimentales y también para analizarse a sí mismo.

La temática que aquí aborda el autor norteamericano sigue siendo igual de polémica ahora que como siempre; léanse por ejemplo las recientes declaraciones de Albert Rivera, presidente del partido Ciudadanos.

Pagando por ello ocupa trescientas páginas y se divide en treinta y tres capítulos (la mayoría de ellos con nombre de chica), más un apéndice en el que expone a modo de pequeño estudio las conclusiones extraídas tras cinco años de experiencias en el campo de la prostitución. Es curioso cómo una trama que parte de una situación tan personal termina convirtiéndose para Chester Brown en algo más cercano a una tesis doctoral que a una narración de aventuras de tinte sexual. El apéndice nos habla, punto por punto, de la normalización de la prostitución, de derechos sexuales, de las relaciones de poder que se establecen entre el contratante y la parte contratada, de la influencia del dinero… con viñetas y diálogos de lo más elocuentes a modo de ejemplo.

Chester Brown Pagando por ello páginaBrown, no contento con posicionarse como defensor de la libre prostitución, sitúa las relaciones románticas o matrimoniales al mismo nivel. Si alguien argumenta, como detractor de la prostitución, que “el dinero puede influenciar a una mujer a tener sexo cuando de otra manera no querría”, Chester nos presenta tres viñetas, con tres parejas diferentes como protagonistas independientes de cada una, en las que el hombre aborda a la mujer. En la primera viñeta, la chica piensa: “no quiero tener sexo con este tío, pero necesito dinero, así que lo haré”; en la segunda viñeta, la chica piensa: “no quiero tener sexo ahora mismo, pero él es mi novio, y lo quiero, así que lo haré”; en la tercera viñeta, una señora piensa: “ya no siento deseo por mi marido, pero por el bien de nuestro matrimonio tendré sexo con él”. “No hay una diferencia moral entre las tres circunstancias”, objeta Brown.

Con respecto al estilo, Pagando por ello se articula de manera limpia y regular, tanto en el trazo del dibujo como en la disposición de las viñetas, que se ordenan en perfecta simetría. Chester Brown no pretende romper el ritmo de la narrativa en ningún momento, sino que apuesta por una linealidad propia de la novela escrita convencional. Una particularidad es que en ningún momento nos muestra las caras de las prostitutas, y aclara que no usa sus nombres reales. Siempre las sitúa de espaldas o con el rostro ‘accidentalmente’ oculto, así como siempre se dibuja a sí mismo como un ser inexpresivo, incapaz de mostrar emoción alguna, como un espectador extraterrestre que se dedica a analizarlo todo más allá de la moral y de los sentimientos. Estamos ante lo que podría ser una fusión perfecta de novela, cómic y documental. Pagando por ello no juega con el chiste fácil u ofensivo, sino que en contra de lo que cualquiera pudiera pensar en un principio, nos muestra cada relación sexual pagada como una historia de amor independiente.

Ya en otra novela gráfica de carácter autobiográfico, I never liked you (2002, editada en España en el 2007 por Astiberri Ediciones con el título de Nunca me has gustado), Chester Brown se retrata como un adolescente abrumado por el pronto fallecimiento de su madre, acontecimiento que marca el carácter del joven y su incapacidad para relacionarse con el sexo opuesto. Su lectura puede ayudar a familiarizarse con la manera tan personal que tiene Brown de percibir el mundo. Ya lo dice Robert Crumb en el prólogo introductorio de Pagando por ello: “Chester no es de este planeta”.


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