ALONSO RUIZPALACIOS. Güeros

Situada en un punto intermedio entre el cine de autor y la oferta comercial, "Güeros" narra el viaje de dos hermanos en busca de un ídolo de su infancia, disolviendo mitos juveniles y perfilando una sociedad clasista como es la mexicana.
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GÜEROS-Ruizpalacios-lvú-cartelDesde hace tiempo que el cine mexicano parece enfrentarse a un público que lo percibe como una propuesta casi incomprensible. Estoy hablando meramente del cine de arte, el cine de festivales, en el que algunos autores quedan inmersos en sus caprichos y la conexión con el espectador no está dentro de sus principales intereses; y por otro lado está el cine comercial que busca acercarse a un estilo hollywoodense con historias ordinarias y repartos populares. Sin embargo, por fortuna, no todo el panorama está tan estrictamente dividido.

Güeros, dirigida por Alonso Ruizpalacios y co-escrita por Gibrán Portela, logra situarse en un punto intermedio, porque aunque apunta hacia un cine más artístico por muchas razones, también se abre hacia otros tipos de público. Su esencia estilizada y experimental que se asemeja a las nuevas olas de cine europeo, sobre todo francés, no representan un obstáculo entre el espectador y la pantalla, al contrario, esto genera un encanto que funciona como una estimulación sensorial constante.

Güeros es una película llena de guiños que se dirigen a distintos puntos. En primer lugar están aquellos que construyen su carácter de cine de arte, como la fotografía en blanco y negro que de inmediato altera la realidad como la percibimos diariamente y la estiliza. La cámara está viva, podría nombrarse como un personaje más en la travesía, está muy presente y colocada en momentos y lugares que de otra forma quizá no llamarían la atención, ella cuenta una historia por sí misma. Otro personaje intangible es el sonido, que por momentos se vuelve todo un protagonista, desde los ruidos desmesurados hasta el silencio mismo, formando parte crucial de la narrativa.

También podemos encontrar ciertos rompimientos que nos sacan de esa sumersión en la historia y la identificación con los personajes, que nos recuerdan que estamos viendo una película, apostando por una especie de complicidad entre el realizador y el espectador.

En cuanto al tema, se podría decir que Güeros es una película dedicada a la disolución de mitos porque se presenta en el contexto de una huelga universitaria de la que nunca se especifica el tiempo y además se mira a través de los ojos de los protagonistas, quienes mantienen una postura neutral ante la situación: no la condenan pero tampoco participan activamente dentro de ella, y sin embargo viven sus consecuencias.

Por supuesto el film también habla de clasismo, de ahí su título, refiriéndose como una acusación, en ocasiones agresiva, a los que socialmente se ubican en la cima de la estratificación social, sobre todo en una sociedad de castas como desafortunadamente ocurre en México, dando como resultado una especie de racismo invertido.

Todo esto y otras tantas cosas bastante paladeables ocurren dentro de esta cinta que podría pensarse como una road movie donde dos hermanos se reúnen para emprender un viaje en busca de Epigmenio Cruz, un músico del cual se desconoce su paradero y que ambos escuchaban durante su infancia. Este viaje representa el escape de una vida monótona y soporífera, una huida recorriendo los contrastes sociales, económicos y geográficos que alberga el último pero no menos importante de sus personajes: la Ciudad de México.


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Un comentario

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  • Víctor L. Briones
    9 mayo 2015 at 7:29 pm - Reply

    Muy interesante propuesta. Es punto intermedio, si está bien conseguido, es una delicia: porque se consigue contarnos una historia apostando por recursos narrativos poco usuales que embellecen y enriquecen la historia.

    Además, me suena a historia, muy clásica. Clásica porque de las huidas siempre han nacido verdades o descubrimientos.

    Gracias por la recomendación. A buscar un hueco.

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