Nacho Vegas y el fin del mundo

La grandilocuencia existencial hace del autor asturiano un músico casi de culto.
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Parece difícil de creer, pero el mundo no se va a acabar como lo vienen advirtiendo cientos de películas, libros, canciones, pláticas, pensadores o situaciones reales que nos llegan todos los días. Parece difícil porque en realidad el mundo ya se acabó.

Por si alguien no se ha dado cuenta, el capitalismo ha muerto y también sus contrarios: comunismo, socialismo, populismo… y parece que nuestra especie está en la fase de inventariar lo que valdrá la pena para llevarlo a la siguiente modalidad de la vida humana sólo como un vestigio, esta es la etapa de retirada, toque de fuga, sálvese quien pueda, toma el dinero y corre.

He ahí la razón para anular la fe ante cualquier modelo, sistema o ideología política, toda esa basura nos ha demostrado que cual sea el punto donde uno se pose, habrá una operación de manipulación, control y conductividad de la energía vital de un grupo de personas, sean jóvenes o no, sean adinerados o no. Es el poder al que Foucault hacía referencia en gran parte de su obra.

Sin embargo, ante la desmantelación de la etapa tardía de la Ilustración, la etapa frenética de la Modernidad y la etapa críptica del espíritu humano convertido en un mero y vulgar lingote de oro, nos queda la imaginación, el placer por degustar el pasado y el goce del sentir el refrito.

Es ahí donde un personaje como Nacho Vegas incursiona en la historia de la humanidad, es cuando el de Gijón se convierte en un copista, haciendo notas al margen de la sensibilidad plasmada del joven siglo XXI. Esa grandilocuencia existencial hace de Vegas un músico casi de culto. Si en el siglo XIX existieron los poetas malditos, en el siglo XX se crearon los roqueros malditos, los músicos balseros, Carontes del ruido: Nick Cave, Lou Reed, Leonard Cohen, Johnny Cash… etc., y entre ellos Vegas.

Pero la presencia distintiva de Ignacio no sólo es la de un músico sino la de un poeta, uno que ha aparecido como los cometas, cada determinado tiempo y antecedido por otros grandes cometas: L.A. Spinetta, Manuel Alejandro, José Alfredo Jiménez, Arturo Meza, Javier Corcobado, entre otros. Ni siquiera Cerati o Saúl Hernández escriben canciones como las de Nacho Vegas, quien posee la vena poética y literaria digna y perfecta para amalgamarla con los sonidos de la cultura musical de la segunda mitad del siglo XX.

Nacho-Vegas_-Promo--art-lvúLa obra de Nacho Vegas está constantemente referenciada al mundo que él aun vivió y que al verlo desaparecer, le canta: “Es hora de recapitular las hostias que me ha dado el mundo. Hoy vendrán a oír mi último adiós.” El hombre del desencanto canta desde lo más profundo de su dolor y en verdad hiere, desgarra por la posibilidad del mundo que recién acabó: “Y no me habléis de eternidad. No me habléis de cielos ni de infiernos. ¿No veis que yo le rezo a un dios que me prometió que cuando esto acabe no habrá nada más? Fue bastante ya… “.

Su más reciente producción parece desautomatizar a ese poeta que conmueve masas, aquella hibridación entre Orfeo y la lírica del tiempo se ha descompuesto y desencantado: “Y aunque ahora escupo una oración helado de terror ningún dios responde aún. ¿Soy yo el que no ve o es que todavía no se hizo la luz? Seré muy breve: te extraño, y esto duele”. Tanto es el desencanto que no sólo en España hay rechazo a su panfleto politizado, tampoco está mal, pero si hay algo en estos años de desconsuelo y duelo social que otorgue esperanza es el arte, entonces ¿por qué someterla a un modelo operante del poder?

Su aparición resuena más cruda en América Latina debido a que de este lado del mundo la política siempre ha sido una mierda, los pueblos de América hace muchas décadas dejamos de creer en los mandatarios o los modelos sociopolíticos debido a que su permanencia ha sido siempre instaurada por una derecha que sobreexplota nuestra sangre o una izquierda que utiliza la vaciedad de los estómagos para atiborrarse de “justicia social”, he ahí que el discurso de un verdadero artista no cala más como un golpe al hueso que como una bandada de emociones al corazón.

Así que, ¿por qué hacer un disco panfletario? La verdad molesta un poco acuñar ideologías políticas a la mercadotecnia musical, ni la izquierda ni la derecha son ya de fiar, pero sí creo que por sí misma, la música es alterna a cualquier sistema a pesar de que el último siglo se potencializó gracias a la tecnología y a los modelos de distribución, signos propios del capitalismo, modelos expansionistas, estrategias de consumo, creación de cultura unánime… Sí, pero la música, sigo la teoría de Jacques Atalli, el músico no está dentro del sistema social debido a su lenguaje, el cual siempre exalta y expone una posibilidad añadida a cualquier realidad, aunque esta refiera a la otra…

Por lo tanto, una manera de evitar ese modelo capital (respeto cualquier postura hacia esta) es revalorar al músico como una figura propia de la cultura sonora de la humanidad, y creo que eso supera y anula la evidencia de una tendencia política. Si Nacho Vegas es o no de izquierda me parece perfecto, si lo expone en sus canciones… entonces me lo tomo más en serio aunque me saque ronchas, precisamente porque su obra va más allá de eso, yo identifico, insisto, a un poeta y este no se parece a Alberti ni a Panero, ni mucho menos a Revueltas; se parece más bien a un poeta lastimero, a un Sabines, a un Machado, a una Pizarnik, a un Juarroz, pues al igual que ellos, escribe a la existencia y no a un sistema político, aunque fuera de su arte sean parte de uno…

Otra posible verdad es que la idea de estar siempre bajo un tema sistémico o politizado desgasta y obstruye la energía de una persona para tener plenitud, la vida no tiene que ser así, los seres humanos no sólo somos política ni hemos nacido para eso: “todos venimos a este mundo a ser felices”, dijo el ex presidente de Uruguay José Mujica en una cumbre frente a líderes de todo el planeta (la mayoría con intereses neoliberales sobre el resto del mundo) y es que en perspectiva ¿por qué nos preocupa tanto el dinero si tanto lo detestamos?… Pues al parecer esto va más allá del dinero, el tema es el de la justicia y la igualdad, pero esta se logra precisamente con la democratización de imaginar, quizá la única y verdadera herencia del modelo helénico reinstaurado en diferentes latitudes del globo en las últimas décadas.

De lo contrario, someter a la imaginación a un dictamen político suena a querer hacer filosofía siempre en torno a Dios, es como si sólo hubiera una relación unilateral en todo esto, cuando en realidad si queremos que el mundo cambie, debemos pensarlo de formas diferentes y no las mismas de antes, ya corroboradas como fracaso.


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Un comentario

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  • Víctor L. Briones
    15 marzo 2015 at 11:28 am - Reply

    Me quedo, siempre, con la versión más poética de este músico y con la capacidad que tiene que reírse de él mismo.

    Buen artículo

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