FERNANDO ROYE. El caso de la mano perdida

Pudiera parecer una novela entretenida sin más, surgida del tirón mediático del género de la novela negra y policiaca, pero el planteamiento, la ubicación de la trama y los personajes ofrecen mucho más de lo esperado.
Carmelo-Dominguez-El-caso-de-la-mano-perdida-Fernando-Roye

El-caso-de-la-mano-perdida-Fernando-Roye-portada-artEn esta avalancha de novelas policíacas y negrísimas que continuamente se publican, es de agradecer la intención de variar un poco temas y ambientes ya que muchas veces se complica hallar algo original entre tanto investigador suelto. Fernando Roye busca esa originalidad en los personajes utilizados y en la ubicación de la acción. En El caso de la mano perdida (Sinerrata, 2014) nos lanza un anzuelo con carnaza para lectores curiosos: un personaje principal extraño pero fascinante y una visita guiada por Santa Honorata, pequeña localidad inventada (que el autor sitúa aislada en mitad de la Sierra Morena jienense), pero que perfectamente podría existir por cómo la describe y la hace creíble. El empeño que se pone en situarnos allí, en la descripción hábil de sus gentes y costumbres, en transmitirnos las tensiones que se gestan entre los vecinos, es uno de los aciertos de esta novela. El momento histórico elegido, la posguerra de la Guerra Civil española y, además, en plena visita del general Franco a la comarca para disfrutar de su afición a la caza, es otro aliciente más que contribuye a incrementar nuestro interés.

Una mano amputada aparece en las inmediaciones de Santa Honorata y el sargento Domínguez comienza a buscar el cuerpo del que fue separada esa extremidad. Pero no podrá realizar en paz su trabajo, tendrá que enfrentarse a la cerril oposición de los poderosos locales, a autoridades no muy responsables y a miembros conspiradores dentro de la unidad de la Guardia Civil que comanda. Esta doble trama se despliega en paralelo y es utilizada por el narrador para ofrecernos una muestra de lo que es capaz poniendo en un lado de la balanza una investigación en formato clásico, sin muchas complicaciones y que avanza al ritmo adecuado; pesquisas aderezadas por el estilo particular y las rarezas del Sargento Domínguez y por las ocurrencias de Benito Viedma (Benito, por el Duce, porque su madre era una fascista ejemplar) y del resto del pelotón que tiene a su cargo. En el otro lado, un retrato costumbrista de cómo podría haber sido la vida en un lugar como Santa Honorata: el hambre, la miseria y, sobre todo, el miedo y las lealtades soterradas de sus habitantes.

La primera línea argumental es sencilla, atractiva y efectiva, mientras que en la segunda hay un tono diluido de crítica hacia un sistema opresor, una especie de intención disimulada que recorre toda la novela de ensalzar al oprimido, al humilde, al que quiere ganarse la vida con honradez y, al mismo tiempo, poner en su lugar al terrateniente, al poderoso, al mal gobernante corrupto y lamesuelas. Este enfoque que podría parecer algo maniqueo es manejado por Roye con la habilidad suficiente como para no resultar burdo y simplista; es más, se acaba convirtiendo en uno de los mayores incentivos de la novela, en un pilar fundamental que ayuda al lector a ubicarse y a la estructura narrativa a sostenerse firme.

El caso se resuelve pronto, para cuando sabemos quién es el dueño de la mano cercenada y qué ha pasado, aún quedan sesenta páginas por delante que nos trasladan las peripecias necesarias para poner a buen recaudo a los culpables; en ellas el sargento Domínguez tirará de astucia e ingenio para esquivar el clima de impunidad que se respira en su entorno. En estos vaivenes finales el protagonista vuelve a exhibir sus extravagancias, pero también sale reforzado en su autoridad por cómo enfrenta con su característica mezcla de estupor, calma y decisión a los que quieren impedir que cumpla con su labor. El interés continúa porque en este último tramo, además de la intriga policial, se cierran otras líneas narrativas abiertas, las relacionadas con la vida en el pueblo, con las vicisitudes de algunos vecinos. Los hilos confluyen tejiendo un tapiz sombrío pero confortable, cálido pero incierto, satisfactorio pero agorero. Dejamos a este particular Guardia Civil complacido con la labor bien hecha, pero sabiendo que en un lugar como el que el habita y en una época en la que el miedo vale bastante más que las pesetas no pasará mucho tiempo hasta que tenga que ponerse de nuevo manos a la obra a pesar de su escaso entusiasmo por el trabajo.

El propio género policíaco es homenajeado en el libro por mediación de la figura de Benito Viedma que elige la profesión de Guardia Civil para recopilar historias que utilizar para la realización de su sueño: escribir novelas de suspense y crímenes. Este personaje, aporta una luz especial al entorno, ilumina con su presencia e inocencia un ambiente sórdido y opresivo. El papel de Viedma es crucial en la novela, sirve de contrapunto al protagonista, es su aprendiz pero también lo complementa. Aporta entusiasmo e inquietud, una visión oficialista pero timorata. Es el que esgrime el conocimiento, la razón y la sensatez; de forma intermitente e insegura, es verdad, pero con la resolución firme de perseverar por mucho que las cosas puedan torcerse. Este personaje parece tener un margen de evolución y crecimiento enorme para próximas entregas de la serie.

Fernando Roye, buscando la mano perdida.

Fernando Roye, buscando la mano perdida.

Pero el principal actor, el que zarandea la acción, como ya se ha apuntado, es el particularísimo Carmelo Domínguez, un pragmático estrafalario con una acusada incapacidad para lo mundano, que desconoce muchos datos que para otras personas mejor educadas son asunto sabido, pero que es capaz de compensarlo con una calma a prueba de terremotos y, sobre todo, con una intuición sobrehumana, una habilidad especial para hurgar en las almas de las personas y descubrir sus secretos con sólo mirarlos a los ojos. Su afición por el uso del refranero popular para ilustrar momentos puntuales de las investigaciones aporta una peculiar tensión jocosa a la trama porque provoca extrañeza y dudas en los que lo escuchan; se podría decir que esta es la marca personal de este sargento conocido como “el hechizado”. Un hombre que hace de la superchería popular su herramienta de trabajo, técnica que, para el asombro de propios y extraños, parece demostrase como casi infalible (por ejemplo, anticipa visitas incómodas tras observar un gato que se acicala en la puerta del cuartel). Estas rarezas del protagonista van en la línea de lo dicho sobre la defensa que se hace en la obra de los que no tienen voz, de los desprotegidos en un país dominado por una mentira oficial que todos debían acatar pero que no tenían por qué compartir. Domínguez hace suyas las inquietudes y usos del pueblo llano y las vuelve contra los opresores de una forma tan desconcertante que ni ellos mismos se dan cuenta de qué está pasando, de por qué ese hombre va siempre un paso por delante.

El lenguaje sencillo, conciso y efectivo que predomina en la obra sirve para, primero, esbozar y humanizar y, después, para dibujar con precisión a sus personajes. El autor traza sus psicologías apoyándose en su forma de comunicarse, sus frustraciones a través de sus silencios, sus miedos y motivaciones mediante las conversaciones que los residentes del cuartel de Santa Honorata mantienen con sus mujeres sobre sus sueños y sus aspiraciones futuras, las carencias materiales que sufren o las crónicas de las rencillas con sus vecinas. La sencillez trabajada, tan complicada de alcanzar, está presente en esta obra que puede parecer empaquetada como uno más de los productos de entretenimiento lector que se apuntan a la moda y el tirón mediáticos del género. Pero se comprueba desde su inicio que esta novela ofrece mucho más que un sencillo suspense, más que un rato agradable en compañía de personajes interesantes, bien construidos y muy cercanos; más de lo esperado: muestra un negro matizado, que se va aclarando y convirtiéndose en otros colores, temas y tonalidades a medida que avanzamos en nuestra lectura.

La segunda entrega de la saga del sargento Domínguez, también editada por Sinerrata, con el título El alcornoque de los muertos, se lanzará al mercado este 27 de noviembre. Así podrán, si les gusta esta primera novela, lanzarse de inmediato a la lectura de la siguiente.


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