JOSEP MARIA ESQUIROL. La resistencia íntima. Ensayo de una filosofía de la proximidad

Un catálogo al que acudir cuando la vida ácida intenta disolvernos, un mapa para recorrer el desierto de la existencia, un manual de instrucciones para atrofiar el ego. Aquí “resistir” significa fomentar la intimidad, el encuentro y la sinceridad.
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La-resistencia-íntima-portada-Josep-Maria-Esquirol-artículoNos encontrarnos ante una obra inspiradora, colmada de ideas y de puertas hacia otros lugares. Un ensayo con efectos benéficos para la irritada mente del hombre que busca, ese que no quiere enfrentarse con la realidad sino entenderla para construir su propia travesía hacia algún lugar en el que reposar y reponerse para después actuar. Un libro que sana y motiva.

Esta Resistencia Intima (Acantilado, 2015) casa muy bien con la filosofía de la editorial que la publica. Acantilado se erige como baluarte de muchos textos que se ubican en ese territorio móvil que es la cultura, en la intersección entre entretenimiento de calidad y placer por el conocimiento. Una editorial empeñada en ayudar a sus lectores a acceder a obras que los mejoren.

Se trata de un libro amable, concebido para consolar y ofrecer alternativas a las más cerriles incertidumbres; para sobrevivir a la actualidad, a la inmediatez y a las ideas prefijadas. Un auténtico aluvión de reflexiones muy tangibles, sublimes pero expuestas de forma asequible y atractiva, con sugerentes sabores que se nos presentan como novedosos pero que ya teníamos a medio desarrollar en nuestro almacén de reflexiones pendientes. Un catálogo al que acudir cuando la vida ácida intenta disolvernos.

Observamos una alternancia equilibrada entre exposición y reflexión; entre lenguaje abierto y buceo en los presupuestos filosóficos que, en todas las épocas, han aportado su grano de arena para dilucidar los temas tocados en el libro. La lectura requiere en momentos puntuales cierto empeño ya que, si bien Esquirol intenta hacernos llegar con claridad sus ideas, al acudir a las fuentes el discurso se hace más intrincado; a pesar de eso, el recorrido es motivador y sentimos cómo nuestra mente se alimenta y pide más, lo que hace que el esfuerzo se acometa con ganas.

De alguna manera este libro puede ser considerado como un mapa para recorrer el desierto de la existencia o como un manual de instrucciones para atrofiar el ego y apostar por la capacidad transformadora del “sí mismo”.

Qué es la resistencia íntima:

“Reconocemos que resistencia íntima es el nombre de una experiencia, propia de la comarca de la proximidad; comarca que no es visita de un día sino habitual estancia. Pero hoy cuesta quedarse en ella. La proximidad no se mide en metros ni en centímetros. Su opuesto no es la lejanía sino, más bien, la ubicua monocromía del mundo tecnificado”.

Esta resistencia es compleja, se da en varios frentes y carece de prejuicios negativos (no es inmovilismo ni pasividad). Resistencia como hogar en el que resguardarse y como punto de referencia para salir al mundo, no para ocultarse. Un refugio que es reacción al vacío nihilista; y frente a ese “acoso”, la luz de lo cercano, de lo nuclear, de lo cotidiano.

“La resistencia íntima se parece a la eléctrica en que, paradójicamente, al resistir el paso de la corriente, da luz y calor a los que están cerca; una luz que ilumina el propio camino y que sirve de candil para los demás guiando sin deslumbrar”.

Se nos presenta el nihilismo no tanto como la nada o el vacío absoluto sino como la pérdida de relación con lo que nos rodea, como el avance indiscriminado de la individualidad vacua que nos separa del mundo de la experiencia y nos convierte en fanáticos.

Josep Maria Esquirol, fomentando la proximidad.

Josep Maria Esquirol, fomentando la proximidad.

Debemos resistir la angustia que nos produce la exposición al mundo, la necesidad de enfrentarnos a nuestra propia nada sin caer en la tentación de huir, de acudir a acciones que calificamos de divertidas o entretenidas pero que carecen de contenido. Debemos resistir la incomprensión y no sucumbir a la confusión.

Como se ha dicho, para resistir, es necesario un refugio, un huerto que cultivar. El lugar cantado por los poetas pero que nada tiene que ver con la torre de marfil que nos aleja del mundo, un entorno próximo y propicio donde la acción prime sobre la especulación, donde cultivar la intimidad y la proximidad con los otros y soportar las exigencias desintegradoras de la realidad actual.

Una vez que reconocemos la necesidad de un hogar y lo construimos, ¿cómo salimos al mundo? Porque la existencia también está fuera. Defiende el autor que debemos exponernos con la intención de comunicar nuestra visión, nuestra versión de la resistencia, para construirnos y construir a nuestro alrededor a partir de la referencia del hogar. Vivir resistentes dentro y fuera es algo muy distinto al egoísmo y al individualismo, y tiene más que ver con fomentar la intimidad y el encuentro, la sinceridad.

“Así pues, resistencia íntima no alude a ninguna cerrazón. Son aberturas, no murallas, las que nos vinculan con la exterioridad. A casa se vuelve porque se sale”.

Esta proximidad con lo real y sus habitantes es beneficiosa en sí misma. Estar cerca de la gente con la que nos relacionamos, fomentar la cordialidad y la sinceridad, atenderlos y que sientan nuestro interés genera una cercanía que contribuye a fertilizar lo que tocamos y nos toca. Lo mismo ocurre con la filosofía, sana y cuida, si es cercana y afecta (moviliza), si no se basa en la retórica fría del maestro disperso.

Defiende también el autor la necesidad de fomentar una fortaleza alejada de la agresión y de la fuerza para imponer: la fortaleza de espíritu, la confianza en ese “sí mismo” que no aguarda victorias ni presume sino que usa su resistencia para conocer y estar en el mundo.

El uso del lenguaje también es objeto de atención de Esquirol. Puede ser un elemento disgregador, más si se usan palabras que no nombran: colmadas de cientifismo e información vacua. Un lenguaje agitado, que inventa y factura nuevos términos para realidades dudosas desertifica el mundo. Es preferible otro que sea incisivo y atento, sincero (este adjetivo es también clave a lo largo de todo el ensayo) que quiera llegar a conclusiones y aportar conocimiento sobre lo real, sin afán deformador e interesado. En definitiva, que contribuya a amparar y favorezca la cercanía necesaria entre hablantes y entre estos y el mundo que nombran. La retórica y la verborrea se alían con el poder para vaciar la realidad y perpetuarse. Es el lenguaje esencial el que debe primar en las relaciones humanas. Hay que hablar para acercarse al otro y al contexto no para poner más clavos en el decorado de nociones huecas.

Este Ensayo para la filosofía de la proximidad quiere hacernos partícipes de la importancia de luchar contra lo establecido:

“Es dogmático todo lo que domina y se asume porque sí, porque toca. Da pena el edulcorado escepticismo de intelectuales de feria, que menosprecian antiguos dioses y antiguas creencias y, no obstante, engordan los nuevos dogmas”.

En definitiva encontraremos en el ensayo de Josep María Esquirol un buen puñado de ideas bien hilvanadas para evitar dispersarse en una realidad caústica; para resistir firmes y ser capaces de estar cerca de lo que nos hace tangibles y nos ubica en una realidad basada en presupuestos pensados y adoptados como normas mutables pero útiles de desempeño personal.

Recomiendo la lectura pausada de esta obra que defiende la incredulidad, que pretende hacernos ver el inestable andamio sobre el que se sustenta nuestra cultura y conocimiento. Resistan e inviten a los que les rodean a resistir con usted.


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