Antonio González y Joan Morey, color y posibles performances

Avisos de futuros performances que quién sabe si se llevarán a cabo y una serie de cuadros alegres en su imperfección.
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En el escaparate “The Window” de la madrileña sede de la galería Louis 21, visible desde la calle Doctor Fourquet número 1, se puede observar hasta el 8 de noviembre una obra que nos transmite información distinta cada día (excepto el domingo y el lunes ya que no son laborales para la galería). Se trata de SPOILERS [for a performance] de Joan Morey (Mallorca, 1972), un conjunto de carteles confeccionados por letras negras de molde, unas más grandes que otras, sobre fondo blanco, que anuncian, de una manera codificada y críptica, futuras e hipotéticas intervenciones artísticas tipo performance que supuestamente montará el propio Morey. Los carteles se van sucediendo uno a uno al ser literalmente arrancados como si fueran hojas de calendario. El título de este inusual proyecto ya se explica a sí mismo muy atinadamente: avances de performances, más o menos en una traducción personal.

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Muestra de uno de los carteles de “SPOILERS [for a performance]” de Joan Morey.

El día que estuve en la galería el papel en turno rezaba lo siguiente: “Prelude & Fugue No 16 in G Minor BWV 885: Praeludium BACH un bloque de cemento, inmenso JÓVENES ERECTOS deambulantes, sonámbulos, cayendo”. No entendí nada pero me transmitió cierto misterio e incertidumbre. En otro se podía leer “ANDRÓGINOS obedientes y expectantes FASCINANTE HOMONIMIA SEMEN instantes obscenos, crueles DIVINA COMMEDIA”. En ninguno se especificaba fecha, hora o siquiera lugar donde podrían suceder estos extraños y desconcertantes eventos sugeridos por el mallorquín. ¿Realizará en verdad estos performances o nos estará tomando el pelo?, ¿quizá la intención y alcance del concepto consista, de hecho, en que sea el espectador quien imagine estas intervenciones con los elementos que se plasman en cada cartel?, ¿qué pensará la gente común y corriente que, pasando casualmente por ahí, se detenga a leer estos confusos y no concluidos mensajes sin saber que se trata de una obra de arte? Concluyo que también la gracia de esta propuesta reside precisamente en que se trata de una gran incógnita.

Ya dentro de la galería y en un religioso silencio de lo más adecuado, el puñado de obras de Antonio González (Alicante, 1974) parecieran como pintadas directamente en la propia pared porque, a excepción de una que ha sido enmarcada, las piezas, ejecutadas en papel no muy grueso, están colocadas al ras de la superficie, provocando tal efecto. “Bengalas” es el nombre de la exhibición en su conjunto aunque individualmente las obras no tienen título. Todas se caracterizan por un uso geométrico de trazos irregulares con cierta gestualidad. Cuadros, círculos, eles, etc. Colores primarios: negro, (blanco), azul, verde, amarillo y rojo (estos dos últimos los combina especialmente bien).

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Antonio González.

En algunos encuentro cierta musicalidad experimental, como si fueran segmentos de un free jazz de coloridos recursos. En otros el ojo disfruta siguiendo el movimiento un tanto surfero que ha plasmado el pincel de González; como si le gustara pillar algunas pequeñas olas de color. En otros se detectan sutiles texturas rugosas que se encuentran por ahí y allá, y uno se puede llegar a preguntar qué tan intencionado o espontáneo es el resultado. Algunos círculos de diferente color parecieran mezclarse entre ellos como dos células que se quisieran unir. “Hacen ruidos”, como ya bien dijera Abel H. Pozuelo. La que más dista del resto es una en la que sólo se ha aplicado el color negro. En ella vemos un gran círculo atascado entre dos trapecios rectángulos. Es la pieza más estática de todas y me hace pensar en alguna especie de alegoría sobre los bloqueos mentales.

Sus obras son abstractas y no figurativas, digeribles y livianas. En general creo que el alicantino no busca la confrontación ni romperte la cabeza, sus piezas son desenfadadas, juguetonas, inquietas, travesurientas, alegres en su imperfección e incluso creo adivinar una broma en alguna de ellas, sin que tampoco puedan considerarse infantiles ni simplonas (aunque eso sí, creo que no del todo maduras todavía). Si estuvieran animadas, las imagino como mecanismos dotados de luces intermitentes y de movimientos que dieran una sensación de aleatoriedad… será por eso que son algo así como bengalas, repentinos estallidos de achispada expresión que, entrando por la retina, alumbran y divierten nuestro interior.


Artículo publicado originalmente en Fac magazine.


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