La muerte de un poeta

A 39 años desde el oscuro asesinato de Pier Paolo Pasolini.
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Cuando me preguntan lo que es en mi opinión un intelectual, cómo lo definiría y quién podría ser el mejor representante de esta categoría, siempre contesto lo mismo: Pier Paolo Pasolini.

En el que quizás es su artículo más importante, “¿Qué es este golpe[1]?”, escrito un año antes de su muerte, el poeta explica así su labor como intelectual de su tiempo:

“[…] Yo sé [quiénes son los culpables de los atentados de los últimos años] porque soy un intelectual, un escritor, que intenta seguir todo lo que está pasando, conocer todo lo que se escribe al respecto, imaginar todo lo que no se sabe o se calla; que ata cabos a veces lejanos, que junta las piezas desordenadas y fragmentarias en un cuadro político coherente, que restablece la lógica donde aparentemente reinan la arbitrariedad, la locura y el misterio”.

Leyendo este pasaje podemos valorar el trabajo periodístico de Pasolini. Un aspecto de su producción normalmente olvidado, y que sin embargo ha tenido una importancia enorme en su vida, y probablemente en su muerte.

Hace 39 años, en la mañana del 2 de noviembre de 1975, una señora encontraba el cadáver del poeta en un puerto fluvial cerca de Roma. El estado del cuerpo, convertido por los golpes en un “grumo de sangre[2]”, no dejaba lugar a dudas: Pasolini fue asesinado.

Unas horas antes del descubrimiento de los restos del escritor, los carabinieri pararon un coche que, más tarde, resultó ser de propiedad de Pasolini. El coche lo conducía un jovencito de 17 años, que fue llevado a comisaría por robo. Una vez allí el joven confiesa a su compañero de celda y luego a los carabinieri que había matado a Pier Paolo Pasolini.

La historia podría terminar aquí teniendo en cuenta que Pasolini era un homosexual con una cierta predilección por los chicos jóvenes y barriobajeros, como los protagonistas de sus novelas y películas, que se movían en un ambiente de violencia y pequeña delincuencia, al estilo de los “quinquis” cantados por Los Chichos o Los Chunguitos.

Es normal que en este tipo de ambiente -prostitución, violencia, degradación…- pudiera haberse desarrollado el homicidio de Pasolini. Los biempensante de la época no tuvieron ninguna duda. Se trataba, según ellos, de una muerte anunciada e incluso merecida.

Sin embargo hay algunos elementos raros en esta historia. Hay algo que, desde un principio, y según periodistas e intelectuales, familiares y amigos, no cuadra. Hay detalles, no siempre pequeños, que hacen sospechar que la historia que cuenta ese joven no está completa, que hay algo más.

La única verdad demostrada en sede jurídica y aceptada como oficial es la que ve a Pino Pelosi como único culpable, tal y como él lo contaba.

Según la reconstrucción, Pasolini fue al lugar donde se juntaba la pandilla de Pino Pelosi, pidió al chico que fuera con él, cenaron, y seguidamente se dirigieron al puerto fluvial donde luego encontraron el cadáver del poeta.

Aquí Pelosi cuenta que mantuvieron sexo oral y que después Pasolini le pidió “algo”. Algo que Pelosi no quiso hacer. En ese momento el chico bajó corriendo del coche perseguido por Pasolini, y asustado por el comportamiento del escritor le dio una patada y después lo golpeó con una tabla de madera podrida que encontró allí cerca. El joven cogió el coche y huyendo por el terreno lleno de baches, según cuenta, “probablemente” atropelló al poeta…

Aquí concluye lo que se considera, todavía hoy en día, la única verdad.

Sin embargo casi todo el mundo acepta el hecho de que Pino Pelosi no habría podido, solo, causar tanto daño a Pasolini. Un chico de 1,71 que pesaba 60 kg, armado con unas tablas podridas, contra un hombre alto, fuerte y deportista, nunca habría podido dejarlo en ese estado.

Es el forense del primer juicio quien hace notar también otro detalle. Mientras que el cuerpo de Pasolini estaba cubierto de sangre –de hecho, al principio se pensó que había muerto desangrado–, Pelosi presentaba solamente una pequeña mancha en el puño de su camisa.

Estos hechos, por sí solos, deberían hacer sospechar a cualquiera de lo que realmente pasó. Sin embargo nos falta por considerar un pequeño detalle: ¿Por qué matar a Pasolini y por qué matarlo así?

Desde este momento nos adentramos en el terreno de las hipótesis, daré concretamente tres posibles explicaciones, las más plausibles y que se pueden basar en hechos y testimonios.

Las tres cuentan con uno o más testigos presenciales, que probarían, al menos, que Pelosi, esa noche, no estaba solo.

Hay dos testimonios recogidos por Furio Colombo[3], periodista, y Sergio Citti, un amigo y colaborador de Pasolini. El primero fue recogido la mañana siguiente al delito, cuando se encontró el cadáver. Y el segundo unos días después, cuando el amigo del poeta fue a grabar el lugar de la muerte y a recoger pruebas y testimonios de cuanto ocurrió.

En ambos casos el testigo (nunca sabremos si se trata de la misma persona) es descrito como un señor mayor que no quiere proporcionar su identidad y que vivía en una de las chabolas alrededor del pequeño descampado donde se produjo el asesinato.

El testigo cuenta la misma historia, la de que varias personas propinaron una brutal paliza a Pasolini, la manera en la que gritaba y la fuga de varios coches, uno de los cuales (se descubrirá con la autopsia) le atropelló, matándole.

La primera teoría sobre las causas del homicidio es una “ampliación” de la “verdad oficial”. En su día se habló del robo de las películas de Saló o los 120 días de Sodoma en Cinecittà por parte de unos “quinquis”, los ragazzi di vita retratados en la novela homónima de 1955. La noche entre el 1 y el 2 de noviembre Pasolini, a través de Pino Pelosi, habría quedado con esos chicos para que le devolviesen, a cambio de dinero, estas cintas.

Los testimonios en este sentido son contradictorios. Hay quien dice que el robo fue por dinero, otros afirman que los ladrones no sabían que las cintas eran de Pasolini y cuando se dieron cuenta de ello, quisieron devolvérselas sin pedir nada a cambio.

Por lo tanto, nunca sabremos si se trató de un simple robo o de un chantaje por dinero, como nunca sabremos si esta fue la razón real de la brutal paliza.

Esta explicación, sin embargo, completa la “verdad” y deja el ánimo de los biempensantes tranquilo. Una muerte anunciada, una muerte fea, que se produce en un ambiente sórdido, tan sórdido como las películas de Pasolini, cuya obra, por obscena, es mejor olvidar completamente…

¿Y si la razón de la muerte estuviese ligada precisamente a estas obras?

Parte del trabajo “olvidado” del escritor es precisamente su producción periodística, probablemente la más importante desde un punto de vista social y político.

La segunda y la tercera teoría sobre la muerte de Pasolini tienen en cuenta el contexto histórico italiano de la época, y la consideran un asunto político.

En la Italia de los años 60 y 70 las fuerzas conservadoras tanto “oficiales” como (y sobretodo) “no oficiales” llevaron a cabo lo que se definió como la estrategia de la tensión, una serie de actos, la mayoría violentos (como bombas en trenes y estaciones, entre otras cosas), que sirviesen para desplazar el voto de los electores hacia partidos políticos conservadores.

Parte de esta estrategia no tiene por qué ser planificada, sino que puede surgir en un momento en el que el enfrentamiento político y el ambiente social en general están tensos e incluso violentos.

Ejemplo de ello son las ocho muertes por enfrentamientos entre comunistas y neofascistas que se produjeron en 1975. Así como la violencia sexual de la que fue víctima Franca Rame, actriz de izquierda y mujer de Dario Fo.

En este ambiente habría podido surgir la idea de dar una “lección” a alguien que representaba todo lo que el mundo fascista y conservador, que teorizaba una sociedad a su imagen y semejanza, despreciaba: un intelectual, comunista y homosexual.

La tercera y última teoría va un poco más allá y podría rozar la conspiranoia si otros hechos de la historia moderna y contemporánea de Italia, que se han considerado en un principio fantasiosos, no hubiesen encontrado una explicación real, lógica y documentada.

Ya hemos leído al principio de este artículo que Pasolini afirmaba “Saber”.

¿Qué es lo que sabía? En primer lugar Pasolini había encontrado antes que otros la explicación de la estrategia de la tensión, acusando a miembros de partidos, organizaciones y empresas de planificar un proyecto golpista y totalitario.

Uno de sus “enemigos” era el patrón de la empresa petrolífera estatal italiana: Eugenio Cefis. Éste se hizo con el control del Ente cuando el anterior director, Enrico Mattei, murió[4].

Pasolini, como otro periodista desaparecido en 1970 y que según las reconstrucciones del juez Vincenzo Calia había descubierto “algo” sobre el delito Mattei, habría encontrado pruebas que demostrarían que Cefis fue el autor intelectual del delito, y que por eso el escritor fue asesinado.

A pesar de ser la menos sólida, esta teoría tiene el beneplácito de este juez que desde el año 1994 indaga en este sentido, relacionando las tres muertes[5].

Probablemente nunca sepamos la verdad, lo cierto es que ese día todos los intelectuales se quedaron huérfanos.

El sentido común apunta, sin ninguna duda, a una victoria del pensamiento conservador, que siempre ha luchado en contra de la proliferación del pensamiento libre.

Esta es, entre otras, la razón de este texto que ha querido ser un breve homenaje a la memoria de Pier Paolo Pasolini, poeta, director, escritor y periodista. El Intelectual comprometido y genial al que admiro.

Pretendo sobre todo que el intento de olvidar la obra artística y especialmente el trabajo periodístico de Pasolini sea inútil, y que todos tengamos una vez más la posibilidad de seguir aprendiendo de las palabras de un gran maestro.


Filippo Moreschi es Licenciado en Filología Italiana en la Universidad Complutense de Madrid, se encuentra estudiando la historia moderna y contemporánea de Italia, enfocándose especialmente en la “historia negra” de este país.


[1] En español en el texto original. En italiano se utiliza esta palabra para definir un golpe de estado.

[2] Definición del forense llamado a testificar en el primer juicio por la muerte de Pasolini.

[3] Autor de la última entrevista a Pier Paolo Pasolini.

[4] Enrico Mattei, director del ENI (Ente Nacional de Idrocarburos), murió cuando una bomba explotó en el avión en el que viajaba el 27 de octubre de 1962.

[5] Para más información se puede consultar: Lo bianco, G. y Rizza, S. Profondo nero. 2009, Ed. Chiarelettere.


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