Quatrotango: despliegue magistral

El cuarteto triunfa en el Festival de Música de Morelia, humedeciendo de nostalgia los ojos de los residentes argentinos de la ciudad.
CONCIERTO-QUATROTANGO-LVÚ

16/11/2014. Palacio Municipal, Morelia.

El pasado domingo 16 de septiembre, el cuarteto argentino (de qué otro país podría ser) Quatrotango se presentó en el Palacio Municipal de Morelia, en el marco de la vigésimo sexta edición del Festival de Música de Morelia “Miguel Bernal Jiménez”. El concierto estaba programado para iniciar a la una de la tarde; sin embargo y como es común en festivales, inició con un elegante retraso de 20 minutos.

El silencio se adueñó del recinto tan pronto los cuatro músicos, ninguno muy alto, hicieron acto de presencia en el diminuto templete que dominaba el pie de las escaleras. Y tras una breve introducción del violinista Marcelo Rebuffi, atacaron “Contrabajísimo”, del padre del llamado “tango nuevo”, Astor Piazzolla. Desde su programación, el concierto se auguraba como un recorrido interesante por la obra de Piazzolla, y el programa anunciaba piezas icónicas como “Le Grand Tango” y “Oblivion”. Sin embargo, por motivos que no quedaron del todo claros, el programa fue modificado, y algunas de las obras previstas no fueron interpretadas, lo que, no obstante, no molestó al público, pues desde que sonaron las primeras notas quedó claro que las dos horas que seguirían serían un derroche de talento, carisma y pasión. Lo anterior quedó de manifiesto con la actuación de Gerardo Scaglione, contrabajista del grupo, que se lució con la pieza que Piazzolla escribió para este instrumento, que el también integrante de la Orquesta Sinfónica Nacional de Argentina manejó como un miembro más de su cuerpo.

“Es la primera vez que veo a un contrabajista chaparro y delgado”, dijo en voz baja una señora cuando se hizo silencio. Y tras este comentario, el cuarteto emprendió una magistral interpretación de “Invierno y Primavera”, parte de una obra más extensa que lleva por nombre Las cuatro estaciones porteñas y que, además de ser un enorme y claro homenaje a Vivaldi, mezcla con exactitud y precisión las características del viejo tango (léase Gardel o Julio Sosa) con el jazz y los ritmos latinos, aspectos clave del trabajo de Piazzolla, que no deja de lado –ni en sus Estaciones ni en ninguna otra pieza– melodías que bien podrían identificarse con la llamada música clásica. Previo a la interpretación de las piezas, Rebuffi, que actuó como vocero del cuarteto, señaló que la presentación “extraña” de las piezas –por lo general se interpretan de la “Primavera” al “Invierno”– respondía a una intención de “crear una especie de paseo, generar un viaje en el espectador que es como la vida misma, pues la vida no siempre es lineal, sino más bien circular”.

Y es que para Quatrotango no es suficiente ofrecer interpretaciones perfectas de obras que rozan lo sublime, pues integran a las composiciones el alma del jazz: la improvisación. Así, nunca se escucha la misma canción, así se presencie cien veces la actuación del grupo. “Se trata de eso; Piazzolla escribió tango con jazz, y nosotros hacemos honor (al argentino) poniendo de nuestra parte en sus obras”, dijo Rebuffi. Y aunque en un inicio sí resultó extraño que las notas de “Invierno” sonaran como apertura, la manera en que el cuarteto ligó la pieza de cierre con la de inicio no dejó lugar a dudas: esa modificación fue un acierto enorme.

A Las estaciones porteñas le siguió un solemne Ave maría que consiguió incluso que varios de los asistentes al concierto –muchos profesores argentinos del Conservatorio de las Rosas, muchos de la tercera edad– derramaran lágrimas de encanto y nostalgia.

Foto: Marco López Valenzuela.

Foto: Marco López Valenzuela.

Después, el grupo atacó una composición propia, “La mugre”, del bandoneonista Luis Caruana, que destacó por la manera en que la voz dulce del violín y la agresiva del contrabajo se abrazaban a la melodía hipnotizante que las manos de Gabriel Clenar arrancaban al piano para acompañar al bandoneón, que sonó con esplendor bajo el manejo experto de Caruana. El instrumento merece mención aparte: madera negra rematada con dorado, un diseño jaspeado en el fuelle y, también en este, remates dorados. Durante la primera parte del concierto, “La mugre”, en momentos alegre y en momentos de una profunda melancolía, fue la pieza que más cerca estuvo de poner a bailar a la audiencia que, respetuosa de los músicos, permaneció en sus asientos.

Tras un intermedio brevísimo, Quatrotango impuso silencio para presentar el “estreno absoluto” de La invención de Meister Eckart, parte II, del mismo Rebuffi, quien dijo sobre su pieza que sigue la misma línea del trabajo anterior, la improvisación y la ciclicidad. “No se trata de interpretar sólo lo que se lee en la partitura –insistió– sino de dejar una parte de cada uno de nosotros en la música”. Asimismo, señaló que uno de los ejes rectores de esa obra “es el desapego” que el mismo Eckhart predicaba. “Es llegar a ser todo dejando de ser nada”. Igual que con Las estaciones, en La invención se repite una melodía que no llega a cansar. Fue casi media hora de pura magnificencia, y de nuevo las lágrimas se apersonaron en el rostro de algunos asistentes, aunque ya toda la audiencia seguía el ritmo de la música con la cabeza y el cuerpo entero.

De La invención de Meister Eckart destaca la mezcla de ritmos: en ocasiones tango viejo que se convierte en música country y, sin previo aviso, se transmuta en jazz digno de Charles Mingus con un cierre poderosísimo, con notas nostálgicas escupidas por el bandoneón, el violín y el contrabajo en una coordinación perfecta; despliegue magistral de novísimo tango.

Después de dar a conocer su obra al mundo, los integrantes de Quatrotango se despidieron con un agradecimiento al festival y, sobre todo, a la ciudad. Sin embargo, diez minutos después la intensidad de los aplausos que recibieron no había disminuido, por lo que regresaron al templete para deleitar con “Adiós Nonino”, para reforzar su condición de dignos herederos de Astor Piazzolla. Y ante el crescendo de los aplausos del público, regresaron al escenario por segunda vez para cerrar el concierto, a petición popular, con “Libertango”, pieza que da nombre al que tal vez sea el disco más conocido de Piazzolla, y que interpretaron dando brincos, cada andanada de notas acompañada a la perfección con el cuerpo; música, instrumentos y espacio conviviendo en perfecta armonía.

Foto: Cortesía FMM.

Foto: Cortesía FMM.


Foto cabecera: Cortesía FMM.


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