Hansel y Gretel, menos para niños de lo que parece

El director de escena Laurent Pelly hechiza al público del Teatro Real con una extraordinaria puesta en escena de la ópera de Humperdinck tan original como respetuosa con la esencia de la obra.

27/01/2015. Teatro Real, Madrid.

El cuento de Hansel y Gretel de los hermanos Grimm (publicado en 1812) no me termina de parecer excesivamente dirigida a los niños como popularmente se ha querido asociar. Es verdad que los protagonistas son dos críos, que en el relato hay bastantes elementos fantasiosos (algo común, de hecho, en la literatura romántica alemana), que el final es feliz y moralizante (Dios aprieta pero no ahoga) y que hay adaptaciones más infantiles, es decir, más ligeras, que otras.

Sin embargo, el trasfondo del cuento y por tanto el de la ópera que Engelbert Humperdinck estrenó en 1893, refleja un entorno marginal en el que se sugieren entrelíneas realidades como la violencia intrafamiliar, el alcoholismo y las desigualdades sociales. Hoy en día, en los tiempos de ultra corrección política en los que vivimos, no entrarían fácilmente estos tópicos en los discursos que se dirigen y en las historias que se cuentan a los niños a través de la televisión, el cine, la música, la literatura, etc. Hoy se opta, en términos generales, por no hacer pensar a los niños sobre el mundo en el que viven, ni que por asomo tengan contacto, aunque sea ficticio, con los aspectos más sombríos y crudos de la vida. No vaya a ser que los niños se preocupen…

El mismo Joan Matabosch, director artístico del Real, lo afirma: “Hansel y Gretel es mucho menos para niños de lo que se piensa. Los textos recogidos por los Grimm son muy crueles, y la ópera no se queda atrás”. Por cierto, cuando Matabosch era director del Liceu de Barcelona se estrenó ahí en el 2004 una preciosa y recomendable versión de esta misma ópera con texto en castellano, reducida a cuatro instrumentos (piano, cello, clarinete y flauta), de menor duración, correctamente infantilizada y que combinaba la presencia de cantantes con títeres. Y si nos vamos mucho más atrás en el tiempo descubrimos que también en el Liceu, el 27 de enero de 1901, fue el estreno de esta ópera en España, once meses antes de que se estrenara por primera vez en el Teatro Real el 4 de diciembre de ese mismo año. Luego se repuso en la temporada 1912/1913 y desde entonces no se había vuelto a ver en Madrid.

Decíamos pues que Hansel y Gretel ofrece lecturas mucho menos simples de lo que parece, y eso lo ha venido a reafirmar Laurent Pelly, director de escena y figurinista de este extraordinario montaje que ya se pudo ver en el 2008 en el Festival de Glyndebourne. Pelly está cosechando muchos entusiastas entre el público del coliseo madrileño ya que hace poco el montaje de La Fille du Régiment de Donizetti, que también estuvo a su cargo, encantó por su originalidad sin ir en contra de la obra, y ahora el francés ha vuelto a dejarnos hechizados. Sin ninguna duda se trata de uno de los mejores directores de escena en activo a nivel mundial.

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Pelly traslada el cuento de los Grimm a nuestros días sin traicionar su esencia y más bien incide en aspectos de la obra que nos dejan reflexionando. Si los Grimm describieron un entorno rural, pobre y cruel, Pelly plasma un entorno marginal que no se encuentra muy alejado de nuestra realidad. En vez de la cabaña original, Pelly planta una casa de cartón, una chabola en toda regla. Hansel y Gretel podrían ser dos menesterosos críos en los márgenes de cualquier ciudad; la madre presenta un aspecto desarrapado y degradado, pisoteado, como el de una mujer explotada laboralmente; y el padre llega borracho a casa y por un momento casi le pega a su esposa cuando descubre que ésta, enfurecida por la vida miserable que llevan, ha mandado a los niños al bosque a mitad de la noche en busca de frutas para tener algo que cenar, luego de reprenderlos porque no trabajaron lo suficiente realizando las labores domésticas.

En la ópera –con libreto de Adelheid Wette, hermana del compositor, de hecho fue ella quien instó a Humperdinck para que escribiese la partitura- se altera considerablemente la manera en que se sucede la historia porque en el cuento original la madre no es tal sino una madrasta y es ella quien desea deliberadamente, en parte con consentimiento del padre, perder a los niños en el bosque, de ahí que sea famosa la escena en la que Hansel va haciendo un camino primero de piedras y luego de pan para poder regresar a casa. Todo esto se adapta o directamente se omite en la ópera, más edulcorada y simplificada.

HanselGretel-4400-Artículo-LVÚEl bosque encantado en el montaje de Laurent Pelly es un bosque deforestado, decadente, lleno de basura, casi puedo imaginar que hay condones abandonados por ahí. La casita de jengibre de la bruja se transforma aquí en una casa-supermercado, con todo tipo de tentaciones para un par de críos hambrientos y lombricientos, comida basura, chucherías. La bruja es una especie de drag queen grotesca y obesa al estilo de Divine. Tanto ella como su casa-supermercado es un símbolo del consumismo, del capitalismo, de la desigualdad social.

Por supuesto, no estoy diciendo que Hänsel und Gretel no sea apta para los niños pero apuesto que a más de un padre sobreprotector y escrupuloso no le haría tanta gracia que su hijo viese un montaje como el que se podrá ver en las tablas del Teatro Real hasta el 7 de febrero.

El reparto es totalmente creíble en sus papeles y en general todos mantienen una calidad vocal suficiente, de entre los que habría que destacar irremediablemente a la pareja titular, la mezzo inglesa Alice Coote (Hänsel) y la soprano española Sylvia Schwartz (Gretel), quienes han interiorizado el rol de una manera sorprendente.

Por su parte, Diego García Rodríguez suplantó a Paul Daniel sólo en la función del 27 de enero que fue la que este cronista presenció, y si de Daniel se ha escrito muy favorablemente, García Rodríguez al frente de la orquesta dirigió con bastante solvencia y emoción la hermosa partitura de Humperdinck, de la que se notan claros tintes wagnerianos.

Lo único que eché de menos en este montaje fue alguna referencia a la bruja cocinada en galleta una vez los niños la han arrojado al horno; hubiera estado bien verla convertida en comida chatarra o en algo así. Es un elemento que se pasa por alto y que se le pudo haber sacado partido. Aparte de eso, esta producción es espectacular y del todo convincente, para ponerse de pie.


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