PAUL THOMAS ANDERSON. Inherent Vice

El último largometraje de Anderson es un arcoíris formado en su conjunto por grandes actuaciones, un acompañamiento musical soberbio, una trama excelente y un abanico de personajes complejos y bien estudiados.
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Inherent-Vice-Paul-Thomas-Anderson-Poster-LVÚInherent Vice (2014) comienza con un fabuloso y no menos auténtico Joaquin Phoenix en el papel de Doc Sportello, el rocambolesco detective de Pynchon (que, para entendernos, se antoja como un híbrido entre Jeffrey Lebowski, también de Los Ángeles, y el flipado Hunter S. Thompson, de Miedo y Asco en las Vegas), teniendo una conversación con su ex sobre el amante de la misma, un ricachón magnate inmobiliario al que quieren meter en un lío para quedarse con su fortuna. La posterior desaparición del tipo y de su propia ex envolverá a Sportello, y al propio espectador, en un frenético torbellino de medias verdades, peligros y algún que otro delirio. Aunque la película parte de una premisa de lo más corriente (un caso de desapariciones y misterios de tinte pulp), contamos con cerca de dos horas y media por delante de metraje en los que la trama irá enrevesándose progresivamente.

El cine de Paul Thomas Anderson no se debe tomar a la ligera. Estamos ante un director que sabe reinventar el lenguaje cinematográfico trabajando con fórmulas tan aparentemente trilladas como la comedia romántica, en el caso de Punch-Drunk Love (2002), o el género noir, detectivesco o pulp (tal es el caso de Inherent Vice), y darle la vuelta al discurso para presentarnos atmósferas y situaciones que impactan por su extrañeza pero que están tratadas con sumo cuidado y una gran sensibilidad artística.

La sombra de Thomas Pynchon juega un papel importante. Dicho autor es conocido por sus tramas laberínticas impregnadas de paranoia. Si algo me llama la atención de la obra, más que las innumerables bifurcaciones y ramificaciones de lo que en un principio parece un caso de lo más normalito (la desaparición del magnate inmobiliario), es la construcción de personajes complejos, nada previsibles, pero sin llegar a atentar contra la lógica. Aunque Inherent Vice se alza en la superficie como una historia de detectives bizarra y absurda, en ningún momento pierde la credibilidad. Se trata, más bien, de un reto de inteligencia para el espectador más avezado. Si bien el ritmo puede parecer pausado, no faltan detalles y toques de humor que agilizan la narración para hacernos más llevadero el caótico viaje que nos propone el dúo Pynchon/Anderson.

En cuanto a contenido, nos encontramos con un estudio bien construido y fomentado en torno a la decadencia de los valores, propios y ajenos, de los personajes que protagonizan la cinta, un rebaño formado por la flor y nata de la sociedad californiana, incluyendo hippies, empresarios sin escrúpulos, políticos corruptos, yuppies, veteranos de guerra y hasta nazis. Ya en Miedo y Asco en las Vegas (1998) se intenta algo similar al visitar el lado más putrefacto y desalmado que se esconde tras la búsqueda del Sueño Americano (elemento muy presente y parodiado en la obra de Pynchon). En Inherent Vice, muchos de los personajes se encuentran en la fina línea que separa la caricatura de lo puramente patético.

Inherent Vice cuenta con un reparto de lo más variado. Partiendo del ya mencionado y cada vez más deslumbrante Joaquin Phoenix, y pasando por Benicio del Toro como efigie de la inevitable comparación con Miedo y Asco en las Vegas, también se encuentran Josh Brolin en el papel del paranoico agente de policía con aires de grandeza “Big Foot”, que constituye un eje central en cuanto a la visión satírica del Sueño Americano se refiere, Owen Wilson, Katherine Waterston, Martin Short (al que creía desaparecido)…

El trabajo de recopilación musical es más que notable. La película rompe con “Vitamin C”, de Can, justo en el momento en el que aparece el título de Inherent Vice a todo color. Esto, mezclado con una viva paleta de colores y con un inmejorable estudio de la puesta en escena (el telón de fondo de Los Ángeles en los setenta, los hippies y el mundo de las drogas de la época), hará las delicias de los más exigentes ya sólo en un nivel visual y sonoro.

En definitiva, Inherent Vice es un arcoíris formado en su conjunto por grandes actuaciones, un acompañamiento musical soberbio, una trama excelente y un abanico de personajes complejos y bien estudiados. Se trata, sin duda, de una cita obligatoria para los seguidores de Thomas Anderson.


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Un comentario

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  • Víctor L. Briones
    1 abril 2015 at 9:02 pm - Reply

    Pues si ya tenía ganas de “jincarle” el diente a esta película, después de leer tu opinión ya ni lo dudo.

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