VÍCTOR L. BRIONES ANTÓN. Insectos

Grillos, arañas, piojos, libélulas, santateresas, termitas, y demás bichos, pueblan las hojas de este primer poemario individual.

Insectos-portada-Víctor-L-Briones-Antón-LVÚHasta ahora Víctor L. Briones Antón (Sevilla, 1979) sólo había dejado esporádicamente trozos de sí mismo en antologías poéticas y recopilatorios de breves relatos editados (físicamente) por ahí y por allá, independientemente de sus blogs personales, donde cuelga una media de 35 poemas y/o reflexiones al año. Con esa regularidad en la web, era tan sólo cuestión de tiempo para que se publicara su primer poemario individual que, desde este abril del presente 2013, es ya una realidad. Insectos, editado por Espiral Literària, reúne 20 pequeños poemas, la mayoría de los cuales podrían pasar perfectamente por greguerías o incluso aforismos. Por esto, las páginas de este libro van pasando por nuestros ojos de manera fluida y grata. La vista descansa de cuando en cuando en las sencillas y directas ilustraciones de Laura del Valle Comas, que acompañan armónicamente las sorpresivas metáforas y los minuciosos versos del poeta andaluz. Los giros inesperados, los reveses del lenguaje y de los conceptos, son la tónica dominante de esta peculiar entomología que, alegóricamente, bien podría considerarse también una morfología.

Grillos, arañas, piojos, libélulas, santateresas, termitas, y demás bichos, pueblan las hojas de este debut que conceptualmente se puede dividir en dos partes, al margen del aporte visual ya comentado: cada insecto que aparece en este libro es abordado de dos formas distintas que trazan o no un paralelismo que las empata; una, la más engañosa, se hace como si de una descripción técnica, científica y enciclopédica se tratara, o al menos eso parece sólo en principio porque Briones Antón no tarda en meter alguna pulla que vuelca todo el sentido y la “formalidad” de la oración; la segunda manera es más pretendidamente poética o literaria, y a veces funciona como una definición y otras como una analogía, críptica o explícita, donde el poeta puede tanto exhibir cierta ternura por el tema tratado (como es en el caso de los saltamontes) como guiñarle un ojo a Kafka (evidentemente en la parte de las cucarachas), pasando por, entre otras cosas, un fino sentido de la ironía y el sarcasmo (léase el apartado dedicado a la viuda negra, uno de los mejores), el humor autoindulgente (esa escondida envidia por el ritmo cadencioso que consigue el ciempiés al andar sin trastabillar), el abandono y el descreimiento (como esa mosca que espera pacientemente su muerte) y la crueldad propia de la naturaleza (como esa polilla que es devorada por una salamanquesa, o esas libélulas que son crucificadas por niños inconscientes, fruto de padres distraídos), demostrando también una sensibilidad para, como dicen en el mundo del cine, colocar diestramente la cámara, logrando ópticas diferentes que no esperaríamos (como así ocurre con el insecto conocido como zapatero o tejedor).

Un fugaz pero cuidado trabajo inicial que deja con ganas de más. Mientras cualquier otra cosa sucede con la poética de Víctor, ya nos queda para nuestro disfrute momentos como el dedicado a la hedonista cigarra (donde, previamente en la primera descripción, el autor confiesa verse reflejado en ella):

Es tiempo para el canto de las cigarras.
Han de callar los torrentes de palabras.
Es tiempo para el mundo ralentizado.
Han de parar los que solo saben correr.
Es el tiempo para dejar de doler.
Han de despertar los amodorrados.

Para hacerse de una copia de Insectos hay, por el momento, tres opciones:


Artículo publicado originalmente en Fac magazine.


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