ALBERT SANZ TRIO. O que será

Un disco de juventud que enamora.

albert-sanz-trio-LVÚAlbert Sanz nació en una familia de músicos. Por esto se entiende entonces que su manera de tocar resulta a nuestros oídos como una muy natural, como quien habla un idioma materno a través de sus dedos, de forma fluida, educada y sin dislalia. Es de esos músicos que hacen parecer fácil lo difícil y su musicalidad es un don todavía, para nuestra suerte, en vías de expansión y desarrollo.

No es su primera publicación como solista, en el 2004 ya le habíamos escuchado con el disco El fabulador (donde convocó a grandes como Perico Sambeat, Javier Vercher, entre otros), casi todos temas propios, y en Metamorfosis (2007) como líder de un trío secundado por Masa Kamaguchi (contrabajo) y R.J. Miller (batería), alternando alguna obra original pero sobre todo sustentándose en un repertorio post bop de temas de tres autores estadounidenses: Ornette Coleman, Duke Ellington y Thelonious Monk.

En esta ocasión, de nuevo en formato trío, se publica O que será (Nuba Records/Produccions ContraBaix, distribuido por Karonte, 2012). Casi todas son primeras tomas, grabado en New York por James Farber (ingeniero de sonido que ha trabajado con gente como Al Jarreau, Pat Metheny, Rebecca Martin, entre una larga lista) y ha sido apoyado por el afroamericano Al Foster a la batería (autor de varios discos como solista pero sobre todo conocido por ser acompañante de Miles Davis alrededor de quince años, entre otras colaboraciones con monstruos como Sonny Rollins y McCoy Tyner) y el contrabajista navarro Javier Colina, un artista monumental que ha grabado un buen número de álbumes dentro y fuera de España, del cual Albert Sanz escribió en las notas interiores del disco: “Javier ha sido, y sigue siendo, una escuela para mí. En lo musical y en lo humano”. Elogios que no son para menos.

En el set del álbum no hay una sola composición propia y, quizá, es lo único achacable a O que será. Aunque no tanto porque las interpretaciones están ejecutadas con tanto cariño e interiorización, que definitivamente se puede decir que Albert Sanz las ha hecho suyas. Se nota que son melodías que ha vivido y soñado. A excepción de una (del ya citado Duke Ellington), todas son de tres autores brasileños: Ivan Lins, Chico Buarque y Antonio Carlos Jobim.

Así, con alma carioca, el disco se abre con “Soberana rosa”, un tema que Sting adaptó bajo el nombre de “She walks this earth” para el recopilatorio Love Affair: Music of Ivan Lins (2000). Esta de aquí es una interpretación excepcional, brillante y acogedora, que conquista desde un principio. “O que será”, famosa composición de Buarque, es poética, romántica y melodiosa. Dice Albert Sanz en el booklet que “Ivan Lins siempre invita a vivir”, y así lo demuestra en “Antes que seja tarde” y, de hecho, en todo el álbum. Efectivamente, la cualidad cálida del país latinoamericano se percibe notoriamente en todos los temas pero su textura resultante es, obviamente, distinta porque ha pasado a través de un filtro, digamos, europeo.

De “Outros sonhos” me encanta el diálogo entre la batería y el piano, un momentazo de pura gloria. De “Mil perdões” destaco el sutil manejo de las intensidades y el sobrado dominio del pulso. “Mar e lua” es la más sentimental del conjunto, un dúo entre Sanz y Colina; los intérpretes prácticamente le arrancan latidos suspirantes a sus respectivos instrumentos. Inspirado tema un poco melancólico pero también con chispazos de esperanza. “Desesperar jamais” es una de las favoritas de este firmante; voy por la calle pensando en este tema. Originalmente es una samba pero aquí el ritmo lo trabajan a modo de calipso. El trío hace gala de un dinamismo superior y la melodía es puro gozo.

“Daquilo que eu sei” es otra que atrapa y emociona particularmente. La manera en que los músicos pasan de un motivo a otro, de una célula temática a otra, es de una factura eminente, y consiguen que la canción parezca viva, como un ente orgánico. “Aula de matemática” es a piano solo, muy lírica y sentida. Finalmente “Sophisticated lady”, casi a modo de bonus track, es una amable despedida donde Foster se marca un grácil solo de batería que encaja a la perfección con la estructura melodiosa del tema.

La portada nos muestra sólo el contorno de Albert Sanz, resultado de un contraste de luces. Más que exhibirse físicamente, prefiere evocar una sensación: la de un bohemio consagrado al arte que observa apaciguadamente las aguas que surcan por debajo del puente de Brooklyn. Sanz parece cantar con el piano y, aunque los aportes de sus acompañantes son de primera categoría, la frontalidad y protagonismo de este instrumento es evidente. O que será es un disco de juventud que enamora, una música que nos deja una resonancia interna de embeleso. El pianista valenciano transmite ganas de vivir y sentir. Y lo logra; al menos a mí me ha rescatado de algunos días de profunda congoja y completa desolación. En otras palabras: Sanz ha postergado mi suicidio cotidiano. Y por esto le estoy muy agradecido.


Artículo publicado originalmente en Fac magazine.


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