ABEL FERRARA. Pasolini

Es la historia del último día del director, y tiene como objetivo la narración y el homenaje al artista.

Cartel_PASOLINI-Abel-Ferrara-LVÚQuien espere un nuevo teniente corrupto o una nueva crítica por parte de Abel Ferrara a la sociedad actual, pasada o futura, que no vaya a ver esta película. Quien después de haberla visto diga que Ferrara “ha perdido el mojo” porque se esperaba la nueva historia de culto del siglo XXI del que creía su enfant terrible del cine, no debería haber ido a verla con esta idea. Sin embargo a quien quiera ver un acertado homenaje de un director a otro director y artista multifacético, pagaré yo mismo la entrada (es un metáfora…).

La figura de Pasolini es muy compleja, cierto, un artista tan polifacético es difícil de representar. Sin embargo la pasión es un sentimiento que cualquiera que tenga interés por algo puede describir o simplemente entender. Y es con pasión que Abel Ferrara ha recreado el último día de un artista, alguien que estaba trabajando en múltiples proyectos, un intelectual. Así describiría este largometraje: el último día de un intelectual narrado por alguien que le admira.

Abel Ferrara cuenta “su” Pasolini, que es principalmente el Pasolini director. Porque no solamente empieza su historia con la proyección de dos escenas de Saló o los 120 días de Sodoma durante la última entrevista grabada por una televisión francesa. Sino que Ferrara se atreve a “imaginar”, a “interpretar” el filme que Pasolini estaba a punto de grabar: Porno-Teo-Kolossal, donde Ninetto Davoli hace un cameo interpretando el papel que debería haber sido, según Pasolini, de Eduardo De Filippo.

Sin embargo éste no es el único Pasolini retratado en la película. Porque además podemos ver al director en una escena maravillosa, delante de una máquina de escribir (no, no era una Olivetti) dando forma a tres de las partes más importantes de su última, inacabada novela.

Abel Ferrara interpreta otra de las meta-historias que separan los momentos salientes del último día de Pier Paolo Pasolini, escenificando estos tres momentos de “Petróleo” donde habla de sexo como metamorfosis, política y de lo que significa contar historias. Este último argumento sale también a relucir con fuerza en la recreación de la última entrevista que el director concedió a Furio Colombo, y que se publicó con el título de “Todos estamos en peligro”.

Finalmente quien quiera ver desvelados los entresijos de su muerte, quedará si no desilusionado, sorprendido: “No soy un detective”, dijo Abel Ferrara.

Me gustaría destacar el acierto total del protagonista. Si me preguntasen si me lo creo, contestaría que sí. En la pantalla no estaba viendo a Willem Dafoe interpretando a Pasolini, estaba viendo a Pasolini, sus gestos, su intensa manera de mirar y contar las cosas. Hay un gran trabajo de mímesis y, evidentemente, el enorme parecido del actor con el artista le ayuda. Como ejemplo, la primera imagen de Pasolini, Dafoe con una mano sosteniendo la frente, en el típico e icónico gesto del director, reproducido en numerosas fotos y portadas de libros.

Resulta curioso el multilingüismo de esta película, donde podemos escuchar a Pasolini hablando en francés, italiano e inglés con personajes de diferentes nacionalidades. Aunque a veces resulta extraño ver a dos personajes italianos hablar entre ellos en un segundo idioma, se agradece que una película no se conforme con “traducir” a todos los actores, sino que refleje un matiz tan importante como las lenguas, algo fundamental en un contexto multicultural e internacional, propio de un artista como Pier Paolo Pasolini.

Pasolini quiere ser un filme sobre Pasolini. Es la historia del último día del director, y tiene como objetivo la narración y el homenaje al artista. Ferrara interpreta en algunos casos, pero no especula y logra lo que él define como “una película sobre la pérdida de un genio”.


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Un comentario

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  • Víctor L. Briones
    27 marzo 2015 at 12:23 pm - Reply

    Me cuesta no dejarme llevar por el fanatismo mitómano con las obras en las que interviene Dafoe… Lo intentaré; una cosa me ha llamado poderosamente a atención en lo que se comenta: el elogio de la pasión, esas ganas y afán por presentar al espectador un hombre apasionado. Solo con esa intención y con la habilidad narrativa que se le presupone a Ferrara, puede haberse logrado una gran historia. Me la apunto.

    Y es que no hay nada que respete más en este mundo de seres planos que un ser humano apasionado.

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