CONCHA BUIKA. La noche más larga

La afro-mallorquina se atreve con piezas de repertorio grande y no sólo sale bien librada sino que las lleva a otro nivel.

Buika-la-noche-más-larga-LVÚGrabado entre Madrid, New York y Miami (donde ahora reside debido a comodidad laboral), con el acompañamiento de músicos de España, Cuba, Puerto Rico y los Estados Unidos (habría que destacar especialmente a dos: Iván “Melón” Lewis en los teclados, percusión, arreglos y dirección musical, y a Ramón Porrina en la percusión, coros y arreglos),  Concha Buika (Palma de Mallorca, 1972, de ascendencia ecuatoguineana) interpreta doce temas en español, inglés y francés, de los cuales cinco son composiciones propias y siete son versiones de clásicos, estándares o canciones relativamente más actuales. El estilo es una mezcla entre flamenco, jazz, soul, afro-latino y canción pop; su tradición es el género romántico.

La noche más larga (Warner Music Spain, 2013) se abre con «Sueño con ella», un tema propio que ya había registrado en su anterior disco, En mi piel (2011). Ciertamente, la artista mallorquina logra reinventarse totalmente en este trabajo porque si uno compara esta revisión con la anterior grabación, parecieran dos canciones completamente diferentes. La primera tiende hacia un flamenco sobrio y la de aquí sobresale por el regusto tropical y ritmo sabroso, acusando todavía más una característica que define el buen hacer de Buika: la pasión con la que se lanza a los abismos musicales. Hermosa melodía. Le sigue «Siboney», un clásico cubano compuesto por Ernesto Lecuona en 1929 que ha sido muchas veces grabado por diversos artistas, entre los que se encuentran Dizzy Gillespie, Connie Francis, Los Panchos, Omara Portuondo y más… La producción de La noche más larga es una maravilla y en esta pieza la poderosa voz de Buika, así como la marchosa cadencia, absorbe y atrapa, ¡nos recorre la piel! “Siboney, si no vienes me moriré de amor…”

Po supuesto, Concha Buika tiene talento de sobra para apropiarse de temas que catalogaríamos como de “repertorio grande”. Por ejemplo «Ne me quitte pas» de Jacques Brel, que hemos oído en voces tan icónicas como la de Edith Piaf, Frank Sinatra, Nina Simone, Juliette Gréco y otras de gran calibre. Ella la aflamenca y la latiniza, cantándola en su idioma original. Sólo se atreve con dos versos de la canción porque, según confiesa la propia artista, “no sé si sería capaz de cantarla sin romperme”. A ese nivel siente la música. Aunque a Buika le llegó «Yo vengo a ofrecer mi corazón» por parte de la versión de Mercedes Sosa, esta es una pieza de Fito Páez (de su álbum Giros, 1985). Cuando Buika canta, un torbellino emocional nos zarandea.

Otro argentino es Dino Ramos, firmante de «La nave del olvido», que los mexicanos conocemos especialmente a través del eterno José José. ¡En cuántas borracheras la habremos cantado ya! Aviso: no guarda excesiva semejanza con la de “El Príncipe de la Canción”, así que los oyentes cerrados y prejuiciosos que tengan una idea muy concebida de este tema pueden ahorrarse la molestia. La ejecución aquí es brutal; el bajo eléctrico, a cargo de Alain Pérez (quien ha trabajado al lado de peces gordos como Chucho Valdés, Paco de Lucía y Enrique Morente), se remueve ágil por nuestra caja torácica, proporcionándonos el placer de su vibración. En esta pieza se da buena cuenta del punto límite al que puede llegar Buika en su interpretación. «La noche más larga» (la canción) es composición original, entregada y sentimental. En directo (al menos cuando yo la vi) parece querer hacer honor al nombre de su disco porque literalmente alarga su presentación justo hasta el minuto en que tiene permitido estar en el escenario, improvisando y arriesgando. Lo da todo sin reservas, no cualquier artista hace eso.

Otra canción que ha sido versionada en varias ocasiones es «Don’t explain», escrita en 1946 por Billie Holiday y Arthur Herzog Jr. Buika la lleva a un terreno con guitarras, palmas, cajón y su particular scat mediterráneo. Su dicción con el inglés no me termina de convencer, pero la intención emocional está ahí y al final eso es lo que más importa: transmitir. Invitado de lujo en «No lo sé»: Pat Metheny, guitarrista de altos vuelos. No obstante, aquí el estadounidense se muestra más bien discreto en su instrumento, la pieza así lo requiere. El tema avanza de manera lenta, casi sin percusiones, siendo la más densa del conjunto y una que ronda cerca del precipicio de nuestro interior.

Sin duda conocemos «Santa Lucía» por Miguel Ríos (original del argentino Roque Narvaja), veterano músico granadino que coincidentemente hace unos días ha presentado su autobiografía Cosas que siempre quise contarte (editado por Planeta). Buika la dota de una pulsión vertiginosa y la despoja del típico aire de cantautor con el que solemos asociarla. Es una estupenda versión que, me atrevo a conjeturarlo, quedará para la posteridad. “Los que más aman son los que están más solos, y están tan solos como yo”, canta Buika en «Los solos», como si su corazón fuese un libro abierto. Viene a ser un respiro por su templada cualidad. Arropa y abraza.

«Cómo era» también ya había sido grabada en su anterior disco. Mantiene los pegajosos coros flamencos pero el resto se emparenta con las intenciones interpretativas osadas y salvajes y a la vez románticas e hiperestésicas que caracterizan a La noche más larga. Finalmente, «Throw it away» es una de las piezas más populares de la chicaguense Abbey Lincoln (una de las voces del jazz que han marcado estilo). Los músicos de Buika manipulan el tema con maestría, concediéndole más dinamismo que la original, por momentos tensándola pero sin llegar a romperla, desplegando un territorio donde la cantante puede moverse con libertad y confianza.

Sin hacer menos las composiciones de Buika, sus versiones son tremendas e impresionantes, las lleva a otro nivel. Corría el riesgo de que este intenso y emblemático repertorio pudiera salírsele de las manos, pero no. La noche más larga es un firme paso en su carrera y clave elemental para posicionarse ya como toda una estrella internacional. Que siga así.


Artículo publicado originalmente en Satélite Media.

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