Micky, beat sempiterno

"El hombre de goma" sigue demostrando que quien no se mantiene rocanroleando es porque o bien no ha querido, no ha sabido hacerlo, ha muerto o porque definitivamente no nació para esto.

Es común que las bandas y los artistas de rock y pop labren carreras más bien efímeras, géneros que las altas esferas culturales y académicas y la propia sociedad “adulta” no toman tan en serio porque, entre otras cosas, pocos desarrollan longevas trayectorias sobre los escenarios, tirando la toalla en el camino principalmente por la carencia de medios, pero también por el desinterés, descreimiento o poco rigor de los mismos músicos mientras se van haciendo mayores, aspecto propio de la falta de seriedad y ambición artística que, en general, los desacredita como profesionales, perjudicando la imagen de aquellos que realmente sí quieren vivir de la música y se esfuerzan día y noche para conseguirlo. Ciertamente, casos de músicos que siguen tocando con la piel arrugada hay varios y cada uno tiene su particular historia detrás, pero por estadística no dejan de ser éstos una minoría a comparación de todos los que abandonan su recorrido musical.

Miguel Ángel Carreño Schmelter (Madrid, 1943; hijo de una familia diplomática entre un asturiano y una alemana), más conocido simplemente como Micky (de apodo el hombre de goma por sus gestos espasmódicos y elásticos cuando canta), uno de los pioneros en España de la música beat, desde luego, por un lado, no es el mejor ejemplo para ilustrar esto que intento defender porque su carrera no es una que haya especialmente evolucionado mucho a nivel artístico y creativo, pero por otro lado, y por esto me parece importante, se puede afirmar que Micky nunca le ha dado la espalda a la música ni a sus principios como rocanrolero. Tanto es así que hace apenas un par de meses tuve la oportunidad de presenciar uno de sus directos en Madrid y les aseguro que este hombre de setenta años todavía mantiene el tipo y su interpretación contagia ferocidad e insumisión. Sin duda, el rock y el pop son géneros esencialmente juveniles pero no por ello exclusivamente de niñatos y adolescentes como así nos lo han querido vender los poderes económicos quienes pretenden reducir estas músicas a su carácter meramente mercantil, y me consta que hay una tendencia a sospechar de cualquiera que pinte canas en un escenario porque se da por hecho que probablemente se trate de algo rancio y pasado de moda.

Yo celebro la permanencia porque se aprende mucho de los supervivientes de un tiempo que nosotros ni de lejos hemos experimentado (hablo de mi generación, nací en el 87) y porque, sobre todo, creo que no hay mayor forma de rebeldía que la propia resistencia y constancia, algo que muy pocos son capaces de lograr. ¿Quieres joder al régimen impuesto? Pues entonces no te rindas y siempre sé tú mismo.

Y ahí estaba Micky, de carne y hueso, a tan sólo escaso metro y medio de mí, secundado por su banda de apoyo, Los Colosos del Ritmo, sacando pecho con las canciones que le han dado fama y vida: «I’m over», «Up & Down», «El problema de mis pelos», «Fuera de mis sentidos», «Sulfer soap», «Tú serás muy feliz», «¿Buribú?», «Sha la la», «No se puede ser vago», «Ya no estás», entre otras.

Se ha dicho que Micky y Los Tonys, conjunto con el que empezó sus andanzas, ya tocaban rock ‘n’ roll en España incluso antes de que Los Beatles grabaran su primer disco y técnicamente es verdad puesto que los cuatro de Liverpool, que, no obstante, desde finales de los 50 ya se presentaban en directo, publicaron Please please me en 1963 y los madrileños empezaron a actuar formalmente en 1960. También se cuenta que sus discos no hacían justicia a sus salvajes conciertos y una de sus grandes hazañas personales fue telonear a The Kinks, uno de sus indiscutibles referentes, cuando los ingleses giraron por España a mediados de los sesenta.

De esta su mejor época y plenitud como intérprete y showman, Micky participó en algunas películas beat, entre ellas, quizá la más famosa, Megatón Ye-Ye, dirigida por Jesús Yagüe en 1965. En 1970 se disolvieron Los Tonys y Micky continuó como solista apareciendo regularmente además en radio, televisión y teatro. En espacio de dos décadas editó cerca de doce álbumes de larga duración y más de veinticinco sencillos, una cifra bastante loable.

Curiosa pero naturalmente, sus dos grandes éxitos comerciales son canciones más suaves y digeribles, en suma más pop, que el grueso de su repertorio: «Bye, Bye Fraeulein» (1976), que publicó en español y en alemán, y «Enséñame a cantar», que le hizo merecedor del noveno lugar en el Festival de la Canción de Eurovisión en el año 1977. En los 90 colaboró con Desperados y Neverly Brothers y no editó una referencia como solista en poco más de dos décadas. Por ello se le creía retirado pero volvió con el recomendable La cuenta atrás (Munster, 2010) donde afirmaba, a sus 67 años de edad, estar «¡Harto!» ¿De qué?, pues aparentemente de todo menos de la música.

Y ahí está, presentándose en directo cuando lo requieren, demostrando que quien no sigue rocanroleando es porque o bien no ha querido, no ha sabido hacerlo, ha muerto o porque definitivamente no nació para esto.


Artículo publicado originalmente en Satélite Media.

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