Raimundo Amador: Ay qué gustito pa’ mis orejas

Contento, vacilón y entregado a su público, el guitarrista andaluz ejecutó con sobrada maestría un repertorio sólido, emocionante y trepidante pero con pocas sorpresas.

10/julio/2013. Jardines de Sabatini. Madrid.

Medio hombre medio guitarra (2010) es el título del último disco de Raimundo Amador y la verdad es que sí, podría ser la perfecta descripción de este ya mítico músico sevillano, la cual se podría ampliar de esta manera: medio flamenco, medio blues, medio rock, medio funk y medio jazz. Todo eso, y más, es Raimundo Amador. Contento, vacilón y entregado a su público, el guitarrista andaluz ejecutó con sobrada maestría un repertorio sólido, emocionante y trepidante pero con pocas sorpresas porque más o menos es lo que viene ofreciendo en directo desde un tiempo a la fecha. Pero con eso le bastó y le sobró para ganarse a los escuchas que presenciamos su actuación en el marco de los Veranos de la Villa, al aire libre (el cuasi vendaval desgreñó a Amador durante todo el concierto) y con el Palacio Real detrás (alguna ventana encendida delataba que alguien estaba disfrutando el concierto desde ahí); el conjunto resultante era un precioso cuadro, planazo para una tarde-noche de verano en la capital.

El madrileño Jorge Pardo, recientemente reconocido por la Académie du Jazz como el Mejor Músico Europeo (es la primera vez que el premio se lo dan a un español), estuvo presente en calidad de invitado especial. Alternó saxofón y flauta y se notaba que la comunicación y complicidad entre Raimundo y él era una que sólo puede labrar el tiempo, la convivencia y la telepatía artística. Estos dos músicos han coincido desde hace años aquí y allá. Estuvieron juntos en la grabación de La leyenda del tiempo (1979) de Camarón y han colaborado en discos de uno y otro. Tienen unas tablas tan asentadas que se les nota comodísimos en el escenario, como Pedro por su casa: Raimundo interactúa con todos los instrumentistas, juega con ellos, gasta talento en las seis cuerdas, deja encargada la guitarra un momento en que desaparece tras bambalinas…; Pardo se pasea por la tarima cual samurái, sintiendo las ondas del viento, buscando a Amador cuando la música les exige mirarse de frente.

Raimundo-Amador-Madrid-art

Raimundo recuperó muchos temas de Pata Negra, referencia pilar de la fusión entre el flamenco y las músicas anglosajonas urbanas y populares, dejando boquiabierto al respetable: “Blues de los niños” (celebrada melodía de 1981), “Pata Palo” (puro subidón), “Blues de la frontera” (una “bluslería” en toda regla), “Camarón” (acompañada por Carmen Amador), “Lunático” (que cantó Lin Cortés), entre otras. Amador estuvo superior, de sus dedos brotaba fuego y electricidad. Ni él ni sus músicos de acompañamiento (figuran, además de los ya citados, Jesús Garrido al bajo, Miguel Lamas a la batería y Mundi Amador a la percusión) ni sus invitados (Flaco Barral, Fernando Vacas, Vaky Losada y alguno más que se me escapa) se cansaron de realizar virguerías, una tras otra, y nosotros no nos cansamos de escucharlas tampoco.

No podían faltar, claro, temas de su andadura en solitario como “Candela”, “Hoy no estoy pa nadie”, “Ay qué gustito pa’ mis orejas”, “Gerundina”, entre otras. Música con potencia y echada para adelante. Extendían los temas como un chicle y volvían a su cauce como si no hubiera pasado nada. Versionó “Little Wing” de Jimi Hendrix (¡fue estratosférico!) y “En el lago” de Triana. Una niña pequeña delante de mí se contorsionaba a ritmo y fervor de la música, como así lo hacían los hippies años ha.

El directo llegó a su fin con “Bolleré”, probablemente el tema más conocido de su repertorio, aunque curiosamente no es de su autoría sino de la agitanada francesa Cathy Claret.

Para rematar la faena Carmen y Raimundo Amador zapatearon flamencamente a compás de palmas y oles. Estupenda velada: conciertaco.

Raimundo-Amador-Madrid-art-2


Fotos: Estrella Checa.

Para ver más fotos y con mejor calidad de imagen:

http://www.flickr.com/photos/estrellacheca/sets/72157634602992164/

Artículo publicado originalmente en Fac magazine.


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