MIQUEL SERRA. Roses místiques

Un álbum complejo y ambicioso, por ello disperso y serpenteante. No obstante, mantiene un nivel por encima de la media.
Miquel-Serra-edit

ROSES-MISTIQUES-ARTICULO-FAC-MAGAZINEEl recopilatorio (2009-2010) (Foehn Records, 2012) -el cual agrupa lo más destacado de los dos primeros discos de Miquel Serra, los autoeditados Opilions (2009) y Música útil (2010)- nos advertía que en Mallorca habita un novel músico de finas capacidades muy a tener en cuenta. No tardó mucho en grabar lo que ha venido a ser su primer disco de larga duración “oficial” amparado por una disquera, Roses místiques (Foehn Records, 2013), sugerente título con el que continua prácticamente por la misma senda que ha venido cultivando hasta ahora: folk intimista y a la vez barroco entre mediterráneo y anglosajón, brotes psicodélicos, giros rock-pop noventeros, y alguna que otra partícula electrónica en segundo plano, con fuertes y no ocultas influencias de Animal Collective y Radiohead, entre otros.

Se siguen notando enseguida las raíces de las que se nutre pero al filtrarlas por su propia experiencia no resultan impostadas, sino naturales, además de que se combinan con una cada vez más depurada voz interior aún no del todo definida pero con un pozo profundo que conmueve y convence.

Roses místiques”, la canción que da nombre al álbum, ciertamente desprende un aroma espiritualmente misterioso. “Senten els tambors”, canta sobre la mitad, mientras que por el fondo unas percusiones sirven de expresiva base a la frase. Miquel vive con intensidad sus canciones, se entrega a ellas, a veces como un poseído, dotándolas así de significado y una extraña suspensión en el tiempo. La cuasi instrumental “Pregària I” posee pulso, soltura y se mete en el cuerpo. De pronto surge una trompeta, casi como un ente errante. Como así ocurre entre otras canciones, ésta y la Sydbarretiana “Ca l’habitant”, una extraña canción atmosférica-folk, se enlazan sin pausa alguna.

Aunque lejos del podio, “Guerra somniada” conserva un placentero compás constante que nos hace pisar tierra. “Hem perdut” es una de las joyas a atesorar, recuerda a los tiempos de The Bends (1995) de Radiohead. Progresivamente va cogiendo fuerza hasta que termina por llevarte en volandas. Acaba demasiado pronto y la echas de menos conforme llega “Sort de matar”, en claro contraste con la anterior siendo más bien experimental, obsesiva y oscura, al grado de saturar al oyente. Es un bajonazo que bien puede comprenderse como un umbrío punto de fuga o como un tropiezo en el fluido discurso que el disco llevaba hasta entonces. Cada quien.

Otra que llega, crece, te hace vibrar y se va de pronto es “L’ordre dels anys”, también con elementos densos y atmosféricos pero estos sí conjugados de una forma armoniosa y pulcra, con los que Serra construye una pieza que va de menos a más al punto de que los bajos hacen temblar los cristales. Enseguida el oyente arriba a dos cortes que se llaman igual, “Dos llamps”, pero que sonoramente se diferencian notablemente entre sí. La primera, correcta aunque no deslumbrante, presenta un claro barniz animalcollectivesco con contrapunto final; la segunda, a guitarra solo, es un repetitivo ejercicio a modo de loop acústico que pareciera imitar un recurso más bien electrónico.

El balbuceo tomyorkeiano final de “Dersu Uzala” mola un montón y la pieza gana cuanto más pisan el acelerador. El sonido y esencia de “Pregària II” se ubica en un lugar entre el single “Street Spirit (Fade Out)”, Amnesiac (2001) y Hail to the thief (2003), radioheadniana a tope. Transcurre sin muchas sorpresas pero se disfruta (ese teclado es todo un acierto) y hace buena compañía. Por otro lado, no sé si sea aposta, pero bajo la enternecedora “Dit fent de punt” se escucha constantemente un zumbido como el que produce una sartén friendo unos huevos, más propia de las grabaciones antiguas o de bajo presupuesto que de las producidas actualmente, ¿quizá sea una canción de cuando Serra grababa caseramente?

“Les amigues de ma mare” bien podría etiquetarse como rock-pop de cámara a piano, guitarra y voces por su compacto formato. De “Les teves coves” emerge una cierta monumentalidad pasajera, como una gran luz ruidosa. Al final sólo queda el vacío. “Pètals de coses” está divida en dos partes, primero nos viene a la mente los primerizos Radiohead de Pablo Honey (1993) y luego hay un cambio radical que podría ser un cruce entre The Smiths de Queen is dead (1986) y algunos cortes de Kid A (2000) como “In Limbo”. Es una de esas que da gusto repetirlas.

En la recta final nos esperan tres bellas piezas en las que distinguimos una voz interior más propiamente de Miquel Serra como tal: “Taiga”, quizá las menos ambiciosa del set, sencilla y melancólica (qué bonitos versos, tan transparentes: “Los nuevos amigos, son viejos amigos”), es como un atardecer mediterráneo. “Hereus” es casi un secreto, soplos de aire que se escapan de los cajones de su corazón. Su voz es como una flecha que te atraviesa. Y “Família”, tema marca de la casa -podría ser de cualquier disco anterior- y quizá la más personal de entre todas las que aquí se encuentran. Casi podemos ver a Miquel componiéndola en su casa, con tenues rayos de sol cruzando su rostro, en una habitación llena de recuerdos, sentimientos encontrados y fantasmas. Interpretativamente, Serra gana cuanto más se alimenta de su interior, eso está claro. La letra es bellísima, un poema: “Cuántas veces me han dicho lo mucho que me parezco a mi padre… / pero nadie me cuenta nada de mamá / de su nueva casa veía gente hacia el funeral / los niños como yo todavía no iban / no me he quitado la sal / nos pasa a todos”, más o menos en una traducción personal (sin dominar el mallorquín ni el catalán).

Mezclado y producido con la ayuda de Pep Toni Ferrer (Oliva Trencada), con el acompañamiento de una banda de base integrada por Miquel Perelló (batería), Simó Femenies (bajo), Jorra Santiago (guitarras), de nueva cuenta utilizando una pintura de su desaparecido hermano Joan Serra como portada, con ilustraciones interiores en el arte del disco de un tal Gabriel Serra -que supongo será otro de sus parientes-, Roses místiques es el trabajo más complejo y ambicioso de Miquel Serra a la fecha, por ello disperso y serpenteante, un tanto irregular y hasta puede que no sea un enorme paso hacia adelante en su carrera pero definitivamente logra mantener un nivel por encima de la media y se confirma como un autor con gran potencial todavía en vías de desarrollo. Hay que ver hasta dónde llega.


Artículo publicado originalmente en Fac magazine.


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