DAVID CORDERO & CARLES GUAJARDO. Emma

Una banda sonora cristalina y preciosista.

DAVID-CORDERO-&-CARLES-GUAJARDO-lvúEmma es Verónica Echegui, la guapa, invidente e impredecible protagonista de la película Seis puntos sobre Emma (2011), primer largometraje del lanzaroteño Roberto Pérez Toledo. Y Emma (Foehn Records, 2012) es su banda sonora, compuesta prácticamente a partes iguales por David Cordero (Úrsula, Jacob) y Carles Guajardo (bRUNA), grabado a lo largo de cuatro días en los estudios La Mina (Sevilla) por Raúl Pérez. El álbum, el cual puede catalogarse como contemporánea electroacústica, dura algo menos de media hora distribuido en nueve piezas instrumentales, todas ellas compartiendo un espacio sonoro común, tanto por su instrumentación como por sus fines estéticos. Cordero aporta guitarra eléctrica, laptop y sintetizador y Guajardo piano, laptop y arreglos de cuerda. Además cuentan con dos músicos invitados, Cristina Gámez en el violín (habitual colaboradora de Úrsula) y Marco Serrato en el contrabajo (miembro de Orthodox, banda de rock duro, y la otra mitad de Jacob, dúo de música experimental).

El sonido cristalino y preciosista que desprende Emma es uno muy parecido al que Cordero ya había empezado a practicar en los últimos discos de Úrsula, un paso lógico y natural si uno atiende la discografía de este proyecto que, aunque no siempre ha sido de carácter netamente instrumental, desde un inicio más o menos se ha distinguido por una tesitura entre ambient, paisajística, electrónica, vanguardista y slow-core.

Aquí parecieran querer reducir y estilizar la música casi hasta su mínimo impacto, expandiéndola y contrayéndola. Es minimalista en cuanto a su depuración basada en recursos acotados (que no simples, sino inteligentemente utilizados). Y también es música impresionista y contemplativa por el tratamiento emocional contenido e interiorizado; y es reflexiva, cerebral e introspectiva por la manera en que se ensanchan las ideas sin pausa pero sin prisa.

La música avanza y cambia sutilmente, se percibe notoriamente que ha sido concebida para acompañar o reforzar imágenes (en la película, entendiblemente, casi siempre está en segundo plano; por otro lado, cuando he ido por la calle escuchando este disco con los auriculares, de alguna manera logra fundirse con el panorama que veo, lo cual es una sensación placentera), no obstante por sí sola atrapa y cautiva. Los autores de esta banda sonora han sabido captar y potenciar la esencia del film: un relato contemporáneo sobre la fragilidad emocional, donde pareciera ser más importante lo que no se dice que lo que se dice. Un drama ligero de tendencia indie que, según mi criterio, no termina de convencer (aún así se agradece el intento, no abundan este tipo de películas en la cartelera nacional). La música, en cambio, sí consigue dejar resonancia, aunque echo de menos más minutos.

Algunos motivos son gélidos. Otros cálidos y emotivos. Unos transmiten abatimiento y duelo. Así bien, en general son evocadores, intimistas y estimulantes para mente y alma. La última pieza, “No poder mirar atrás”, la más larga del conjunto, evoluciona sosegadamente hasta abrirse como una flor de esperanza, como así ocurre en la historia del film.

Emma es un acertado y provechoso ejercicio de estilo; su carátula es sugerente, bella y triste: el álbum es un (pequeño) todo.


Artículo publicado originalmente en Fac magazine.


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