PAULINE EN LA PLAYA. El mundo se va acabar

Soft-pop redondo y sólido, sin mayor pretensión que el de gustar y hacer amena compañía.

Pauline-en-la-playa-el-mundo-se-va-a-acabar-LVÚEn realidad, (casi) nadie se creía que durante el 2012 se fuera a acabar el mundo como (erróneamente) se pensaba que los mayas habían predicho. Más razonablemente es concluir lo que las hermanas Alicia y Mar Álvarez, mentes creativas tras el grupo asturiano Pauline en la playa, cantan en el tema titular de su quinto larga duración: “el mundo se va acabar, hoy no pero acabará…”. Es un pensamiento agridulce, sí, pero es que la vida misma es así. Quizá nada de lo que hagamos vaya a tener sentido ya que llegará el día en que todo se reduzca a polvo, pero precisamente por eso, habitantes de este gran absurdo como somos, no deberíamos quedarnos simplemente de brazos cruzados, esperando la muerte, al contrario, paradójicamente ello debe de ser una motivación para intentar conseguir aquello que nos hace felices, ¡porque no hay nada que perder! El mensaje puede ser melancólico y triste pero también optimista…

Asimismo, en este corte principal participan en las voces de manera discreta Nacho Vegas y Nacho Umbert, dotando a la pieza de una tesitura grave que enriquece a la melodía. El gijonés también aparece en “Universo”, afortunada canción de compacto sonido y conexiones serenas con el cosmos y la naturaleza; en cambio el barcelonés se asoma en “Desalojen”, simpático y juguetón tema que bien podría formar parte del catálogo de Elefant. De hecho, en este disco encontramos ecos de gente como Vainica Doble, Carlos Berlanga, Single (no me cuesta nada imaginarme “Todo para ti” en la voz de Teresa Iturrioz)… músicos que han pasado por el sello madrileño. No obstante, las hermanas nunca han publicado ahí. Sí lo han hecho en Subterfuge durante una década (desde que estaban en Undershakers, banda de tendencia sesentera y garagera conformada por cinco mujeres) y desde el 2010, con el lanzamiento de Física del paisaje, lo hacen a través de Siesta Records, también casa de los donostiarras La Buena Vida, con quienes igualmente comparten hábitat estilístico.

Por otro lado, en “Todas las flores” detecto ciertas reminiscencias de los Mecano más melodramáticos, por su sentimentalismo femenino, giros vocales y por ese puntual teclado de tesitura ochentera. Sin embargo, el tema también se despliega por terrenos con moderada distorsión y arreglos de cuerda, ofreciendo pasajes de mayor intensidad sonora.

Me gusta “Elástica” por su trotante ritmo y sus arreglos, me transmite una sensación de galopante movimiento, casi a lo western; “Relevé” es otro acierto, provista de una encantadora y chispeante métrica digna de quienes han estado rodeadas de letras desde la cuna (su padre es librero; y por cierto, Alicia publicó el año pasado su primer poemario, La aguóloga, en la editorial Huerga & Fierro; además actualiza regularmente su blog, El tránsito de la ballenas).

«El tiempo” es la pieza que posee la tesitura más cruda y áspera del total (algo más lenta y podríamos considerarla hasta slowcore), en ella manifiestan angustia y cierto malestar existencial. Es solvente pero no tiene tanto gancho. “Aishiteru” sí, por su carismática cualidad arrabalera en la que el acordeón cumple papel protagonista. Es una canción desenfadada, ligera y enamoradiza: expresan “te quiero” en tres idiomas, castellano, francés y japonés.

La breve melodía de “Haiku para ir a Marte”, naif, dulce y cálida, podría contenerla uno de esos móviles de cuna que arrullan o entretienen a los bebés. Esta apreciación no es casual dado que las dos hermanas son madres desde hace no mucho e incluso Mar, desde el 2010, es parte de Petit Pop, un conjunto formado por elementos de Nosoträsh, Undershakers y Edwin Moses que, según sus propias palabras, tiene la intención de “acercar el pop a los niños en clara complicidad con sus familias”. Más o menos por ahí también, pero en otra sintonía, se encuentra “Los monstruos del mar” cerrando el álbum, una especie de inquietante nana entre tierna y tétrica.

El mundo se va a acabar es un álbum realizado con cuidado, buen gusto, delicadeza y conocimiento de causa. No descubre nada, su contenido no es novedoso, pero la joven madurez de estas dos féminas justifica el peso del material. Si bien las canciones pudieran parecer hasta cierto punto poco sorpresivas y lineales (y puede que lo sean), lo cierto es que son piezas de soft-pop redondas y sólidas, sin mayor pretensión que las de gustar y hacer amena compañía. Es un bonito disco, envuelto por el irresistible y sugerente arte jovial del onubense Jorge Hernández. Amable apocalipsis.


Artículo publicado originalmente en Fac magazine.


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