ALESSI’S ARK. The Still Life

Indie-pop femenino, íntimo, frágil, sensible, melodioso y naif. Cumple.

Alessis-Ark-The-Still-LIfe-LVÚLa londinense Alessi Laurent-Marke, quien actúa bajo el nombre de Alessi’s Ark, todavía tenía veintidós años cuando publicó The Still Life (Bella Union/Music As Usual, 2013), su, ojo, tercer larga duración, a los que se suman cuatro en formato EP (uno de ellos compartido con la banda de Nebraska Thunder Power), uno en directo y algunas colaboraciones para otros artistas (Young Colossus los últimos). Aquí da un paso adelante siguiendo más o menos la misma línea que se ha ido trazando desde el inicio: indie-pop femenino, íntimo, frágil, sensible, melodioso y naif. Le han comparado mucho con la evocadora Laura Marling (de hecho, han compartido gira), pero, al menos en este álbum, se le notan también afinidades con, entre otros, Cat Power, Feist, Regina Spektor, The Moldy Peaches y Bright Eyes (su debut lo produjo Mike Mogis -componente de esta banda- y este trabajo ha corrido a cargo de Andy LeMaster -colaborador habitual de los mismos- además de Nic Nell).

Contiene trece canciones y supera apenas la medio hora de duración (la mayoría de los temas no llegan ni a los tres minutos). El título es una referencia a una novela que le impactó hacia al final de su pubertad, Still Life with Woodpecker (Naturaleza muerta con pájaro carpintero, 1980) del escritor estadounidense Tom Robbins, un cuento de hadas post-moderno que se desarrolla en torno al romance entre una princesa ambientalista y un bandolero, en la que se reflexiona sobre la dificultad de la permanencia del amor en una relación.

Aunque tres piezas se centran en la guitarra acústica, “The Good Song” (enternecedor aperitivo melancólico), “Sans Balance” (dulce tema donde se atreve por primera vez a cantar en francés, la lengua materna de su madre) y “Hands in the sink” (con tintes de weird folk sobre un teclado lúgubre), es definitivamente en las que registra con banda completa donde más convence y arriesga, ofreciendo interpretaciones más dinámicas e intensas por mucho que aparezca la palabra “still” en el nombre del álbum.

Arranca de lleno con “Tin smithing”, inspirada en un viaje al sur de Irlanda donde se fascinó por la artesanía local; sigue por “Veins are blue”, una de las más logradas en la que encaja los tiempos con sentimiento y conocimiento de causa (¡me gustan esas guitarras eléctricas!); continua con “The Rain”, una que lo tiene todo para ser single: base de percusión resultona, arreglos experimentales que se adaptan de manera estupenda y coherente a un discurso más bien orgánico y, en resumen, una estructura y un revestimiento indie-comercial. Enganchará a las personas de mirada tierna y gentil corazón. También consigue dejar huella con “Big Dipper”, medio tiempo que versa sobre la idea de reunirse algún día con los seres queridos que ya no nos acompañan en esta vida mortal, temática piadosa encubierta contrapuestamente por un sonido un poco más crudo que el de las demás canciones.

En “Those waves” percibo levemente la sombra de Radiohead y aunque el resultado es interesante no es una de las más consumadas; “Whatever makes you happy”, aniñada, transmite el siempre necesario mensaje de que tú deberías estar luchado por conseguir aquello que te hace feliz; “Mountain”, aunque muy breve, logra expandirse por nuestro interior, y en ella emplea los gorgoritos a los que en discos anteriores recurría con más frecuencia.

“Money”, coqueta, juvenil y bonita, defiende que el amor es la riqueza más grande que podemos atesorar y con “Pinewoods” se despide mirando hacia la naturaleza, recreándose en el consuelo y la fuerza que ésta nos puede proporcionar en momentos de zozobra, el eje de más o menos todo el disco. También se incluye “Afraid of everyone”, una versión electro-pop de la banda ohionesa The National que no es que sólo aporte poco, sino que además desentona completamente con el resto y llega a resultar un tanto anodina porque, desde mi punto de vista, la original también lo es.

Aunque The Still Life mantiene el nivel tanto en la composición, ejecución y producción, este disco no revolucionará demasiado los oídos muy avezados. Así bien, su ligereza, gracia, dulzura y benevolencia (Alessi tiene la pinta de esas chicas que parecen incapaces de hacerle daño a nadie) entra apaciblemente en el organismo y eso se agradece. Sin duda tiene talento pero aún le hace falta crecer, todavía no termina por salir del cascarón.


Artículo publicado originalmente en Fac magazine.


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