CHARLIE BOYER AND THE VOYEURS. Clarietta

Pastiche aquí, refrito allá.

Charlie-Boyer-and-The-Voyeurs---Clarietta-LVÚCharlie Boyer and The Voyeurs es un joven quinteto de Londres que debuta con Clarietta (Heavenly Recordings/Music As Usual, 2013), once temas de rock muy british (lo ha producido Edwynd Collins) en los que encontramos poca autenticidad y muchas influencias, entre ellas Television, The Velvet Underground, The Buzzcooks, T. Rex, The Modern Lovers, entre otros. Suenan a éstos pero también un tanto a otros compatriotas suyos no tan alejados en el tiempo como The Horrors y Brakes, e igualmente, aunque menos, a bandas estadounidenses como Queens of the Stone Age y Stone Temple Pilots. No es una versión, pero la pieza que da título al álbum se debe a un tema de Kevin Ayers. Pastiche aquí, refrito allá.

Por lo que se ve, la prensa británica en particular y la prensa mundial que adolece de histérica anglofilia adolescente en general se han rendido sin discusión a esta primera obra; a mí no me han encandilado. Hay canciones con gancho, no lo niego, algunas podrían ser buenos dardos para los pinchadiscos que buscan movimiento y sudores en la pista a base de rock garagero medio proto-punk, sucio, desenfadado y perturbado (“You haven’t got a chance”, “Go blow a Gale”, “I watch you”, “Things we be” y “Be a complete dream”); además, para lo que son, reconozco que los temas están bien ejecutados y grabados, pero aún así no me terminan de convencer, el total y el fondo de su propuesta me parece muy básico, sin genuina personalidad y hasta vacío. Su producto no es más que un mero ejercicio de estilo y, aunque lo hacen bien, no se salen del guion ni por asomo, resultando predecibles e incluso monótonos, por no decir escuchadísimos. Seguro que en el Reino Unido se están haciendo hoy maravillas pero no creo que se encuentren en este disco (aquellas probablemente ni siquiera reciban la atención que merecen por no ser de un carácter tan vendible).

“The simpler the better”, declararon en una entrevista y con ello me hicieron bostezar. Defienden que quieren llevar al rock ‘n’ roll a lo básico y eso está bien, pero tras escuchar varias veces algunas canciones del disco sospecho que, ahora mismo, en realidad tampoco dan para más y buscan abanderarse bajo la excusa de reivindicar lo “primitivo” (si a ese concepto nos vamos, los vascos Lisabö, por dar un ejemplo, les dan un trillón de vueltas).

Algunos aspectos en su contra: sus limitaciones, las cuales no sólo son evidentes aquí y allá sino que en ocasiones incluso pasmosas, como en la canción que cierra el álbum, “The Central Tonne”, donde uno de los guitarristas expone sus escasas habilidades (no miento: he escuchado niños o pubertos en el Conservatorio que en su primer año de estudio saben ejecutar suertes muchísimo más complejas y enriquecedoras que estas); la actitud con la que se venden es un tanto chocante y antipática, son frívolos (escúchese “Be glamorous” y véase su vídeo), tienen pinta de mimados y problemáticos (en mi audición he pensado también en gente como Babyshambles), van de acomplejados y de que nadie les entiende y si le bajan revoluciones a su desmadre, pierden capacidad de atracción (“A lion’s way”, la más lenta del álbum, es de las que menos aporta); son simples, resultones y pasajeros; y ni siquiera se puede decir que la voz del líder sea ya lo suficientemente personal, trabajada y característica como para ser recordada de manera especial y para describirle hay que recurrir de nuevo a las referencias: se encuentra en un punto entre, se me ocurren, Tom Verlaine, Alec Ounsworth (Clap your hands say yeah), Mick Jagger, Miguel Ángel Blanca (Manos de topo) y una pizca del Roger Waters de The Wall. CB&TV le echan ganas y seguro que en directo entretienen pero, por ahora, no les deparo demasiada trascendencia.

Tampoco quiero ser tan duro. En su favor diré que hacen buen uso del teclado, las proporciones guitarreras están balanceadas, los redobles de la batería cumplen, cabalgan con firmeza algunas cadencias, sus enérgicos ademanes pueden ser hasta contagiosos… y poco más.


Artículo publicado originalmente en Fac magazine.


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