WOODY ALLEN. Magic in the moonlight

El director neoyorquino vuelve a deleitarnos con sus trucos de magia, despistándonos con su ágil manejo de los giros argumentales. Suma 45 largometrajes y contando.
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Magic-in-the-moon-light-poster-Woody-Allen-LVÚA Woody Allen le atraen los magos, prestidigitadores y explotadores del esoterismo. No es que crea en ellos (Allen es un hombre de filosofía y razón), en sus películas estos personajes suelen ser charlatanes sin escrúpulos, pobres diablos que se ganan la vida malamente o hombres infelices. Más bien estas figuras parecen divertir al cineasta neoyorquino y quizá hasta simpatiza con ellos porque qué es un director de cine sino una especie de mago.

En la comedia de enredos The Curse of the Jade Scorpion (2001), un mago hipnotiza a la pareja titular del film (Helen Hunt y el propio Allen), investigadores de una compañía de seguros, para actuar a través de ellos y perpetrar una serie de robos. En Scoop (2006) Allen interpreta a un mago bastante torpe y miedoso que se ve envuelto contra su voluntad en una investigación que se encuentra realizando una estudiante de periodismo (Scarlett Johansson) para descubrir la identidad de un homicida en serie en Londres conocido como “El asesino del tarot”, ya que deja una carta en el cuerpo de cada una de sus víctimas. En You Will Meet a Tall Dark Stranger (2010) una adivina manipula a una mujer mayor que acaba de ser abandonada por su marido “leyendo su futuro” con las cartas y sacando provecho de ella y sus finanzas, al final la mujer termina por conocer a un viudo dueño de una librería de temática esotérica.

En Magic in the moonlight (2014) nuevamente un prestidigitador inglés con mucha fama (Colin Firth) de nombre artístico Wei Ling Soo, y una médium (Emma Stone), Sophie, que está despertando la atención del mundo por sus supuestas conexiones con el más allá, protagonizan su ya clásica entrega anual (¡ya son 45 largometrajes los que lleva firmados!), ambientada en los años 20, en parte en Alemania pero sobre todo en Francia.

La trama se centra en los intentos de este mago inglés, cuyo nombre real es Stanley, por dejar en evidencia las falsas artes de Sophie, convencido de que se trata de una embustera. El mago Stanley es un hombre nihilista, cínico, astuto, consciente de que su oficio y el de quienes practican las artes esotéricas se basa en el mero engaño. Sin embargo, mientras más conoce a Sophie más inseguro se siente respecto a su preclaro juicio. Por primera vez duda que lo que ve sea todo lo que hay y por primera vez se siente momentáneamente feliz, experimenta lo que es la esperanza e incluso la fe, ¡reza!

Por un momento el espectador podría pensar que Woody Allen (quien por cierto no aparece en el film) increíblemente está haciendo las paces con Dios porque se siente cercano a la muerte (tiene 79 años), algo así como un testamento de redención que abre la puerta a la posibilidad de que después de todo haya algo más y que la vida del ser humano realmente pueda tener un sentido y por qué no, quién sabe, quizá hasta haya alguien allá arriba dirigiendo el destino del mundo.

Pero Woody Allen, viejo mago como es, tan sólo nos está engañando, nos hace creer una cosa, gira el argumento de forma magistral y ya nos hace creer en otra, juega con nuestra percepción, nos toma el pelo de forma cariñosa, nos entretiene, nos emboba, para que finalmente se imponga, cómo no, la Razón sobre la creencia, la realidad sobre lo imaginario, si bien el amor y la espontaneidad también triunfan sobre la soledad y la monotonía, como suele ser habitual en sus encantadoras historias.

El apartado musical, como no podía ser menos, es una delicia, mucho jazz de la época (Cole Porter, Bix Beiderbecke, Sidney De Paris, The Firehouse Five Plus Two, Al Bowlly…) y música clásica (sólo Woody Allen se atreve a musicalizar una secuencia con fragmentos de, ojo, La consagración de la primavera de Stravinski, el Bolero de Ravel y el segundo movimiento de la novena de Beethoven, todo seguido).

Cada vez que llega una nueva película del neoyorquino se abre el recurrente debate de si se trata de un trabajo menor o mayor en su filmografía. Yo creo que Magia a la luz de la luna se encuentra en un punto intermedio tirando más hacia arriba que hacia abajo, y que con eso le basta para ser de las ofertas más atractivas de cartelera e inyectarnos una franca sonrisa durante y horas después de la proyección.

Yo también soy bastante nihilista, pero considero que Woody Allen es todo un milagro.


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